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De la catedral al pasillo del súper: así están cambiando las prioridades de los turistas

  • El 77% de los turistas visitan el supermercado en sus viajes, según el informe de tendencias de Hilton en 2026
  • La búsqueda de lo cotidiano, abastecer el piso turístico o sentirse más integrado, entre los motivos
El supermercado visita turística imprescindible
El supermercado visita turística imprescindible RTVE
Carmen Morales Puisegur

Ni una sola botella de aceite de oliva con etiqueta española recuerda Eugenia M. García que se ofreciese en aquella estantería abarrotada con la oferta de otros países en un remoto supermercado de la isla de Skye (Escocia). "Había de Italia, Grecia, Arabia Saudí, Palestina... un montón, menos el nuestro", narra. Una década después, esta cordobesa de 41 años aún recuerda la indignación compartida a medias con su padre, gran aficionado a los olivos, y uno de sus compañeros en aquel viaje.

Eugenia no lo sabe, pero pertenece al 77% de los turistas que visitan un supermercado o una plaza de abastos cuando se encuentra en un país diferente al suyo. O eso asegura el informe de tendencias elaborado por la cadena hotelera Hilton en 2026 que analiza las motivaciones que nos animan a meter un par de mudas en la mochila y marchar a un destino desconocido a perseguir experiencias.

La búsqueda de lo cotidiano en un lugar extraño

Asegura el documento que ese 77% de los encuestados -14.009 viajeros de 14 países- disfrutan cuando recorren los pasillos de uno de estos establecimientos en el extranjero porque les permite asistir a "los rituales cotidianos" del lugar "con un sabor fresco y local".

Una actitud que, sin duda, puede desencadenar todo tipo de descubrimientos. Por ejemplo, toparse con la cabeza de un camello expuesta en un mercado de Marruecos a temperatura ambiente o presenciar cómo se mata un pollo tras observar al cliente elegirlo a la carta minutos antes. Le ocurrió a Miquel en Marruecos y, sorpresas da la vida, aquello le ayudó a reparar -y valorar- las medidas de higiene y los sistemas de refrigeración para conservar alimentos a los que obliga la legislación española a la industria alimentaria.

Descubrir el día a día de los lugareños

Aquellas escenas no le quitaron a Miquel las ganas de asomarse a colmados y todo tipo de tiendas de comestibles en otros lugares y, de hecho, repite el ritual cada vez que visita un nuevo lugar. Asegura que le gusta porque le permite "ver cómo es el día a día de las personas que viven allí". En China, su último destino, no ha faltado a su cita con la cesta del súper, de donde regresa sorprendido con la "gran cantidad de snacks que tienen" como, por ejemplo, "muslitos de pollos medio deshidratados". Es más, confiesa que antes de trasladarse al sitio hace los deberes y se informa de los productos en "teoría más consumidos por la gente del lugar" y se los lleva como "souvenir". Con bastante probabilidad, "serán el acompañamiento de la quedada con amigos o familia para explicarles el viaje".

Pollo deshidratado en un supermercado chino

Pollo deshidratado en un supermercado chino CARMEN MORALES PUISEGUR

Condé Nast Traveler, cabecera referente para viajeros, publicó un artículo en su edición británica en enero de 2026 donde destacaba el turismo de supermercados como un imprescindible si se quiere ser un "viajero molón". Ese listado incluía moverse en tren de lujo, desplazarse al punto de partida de nuestros ancestros o el turismo sin probar ni gota de alcohol.

Comprar en el súper: capricho asequible

Asegura la revista que adentrarse entre los lineales de un súper o una tienda de barrio es una "ventana" a las costumbres culinarias del lugar que permite descubrir sabores de patatas fritas diferentes, frutas exóticas, refrescos o dulces. Algo que es bueno para la curiosidad, echar el rato y, también, para darle alivio a la cartera. Por eso, cataloga estas compras de "caprichos asequibles" para llevarse al hotel o al piso en alquiler turístico que cobije al visitante durante la estancia.

Tampoco faltan los choques culturales. A Eugenia, por ejemplo, siempre le ha extrañado la escasa presencia de pescado fresco en los supermercados del Véneto, en el noreste de Italia, "cuando tienen tan cerca el mar Adriático". Residió en esa zona durante unos años y vuelve con cierta frecuencia. Siempre aprovecha para hacer la compra "porque allí encuentro más variedad de productos biológicos o artículos que no hay en España" como "alcohol puro" para elaborar "limoncello casero".

Oferta cárnica en mercado escocés

Oferta cárnica en mercado escocés GETTY

Esa misma escasez de pescado fresco también le extrañó a Cristina en Edimburgo (Escocia) al "ser una isla". "Solemos visitar supermercados porque normalmente nos alojamos en apartamentos con cocina", explica. Si el pescado se pone exquisito -pero por difícil de encontrar-, la oferta de carne equilibra la balanza. "Es de mucha calidad y puede que incluso un poco más barata que en España". Además, estas expediciones ayudan a Cristina a calibrar el coste de la vida. Le ocurrió cuando empezó a comparar precios de productos en Zúrich (Suiza) hace ya unos cinco años. "Nos quedamos impactados", rememora, aunque cuando regresó "hace año y medio, nos pareció menor la diferencia porque todo ha subido mucho en España".

Sentirse menos turista y más viajero auténtico

"En el fondo, la base es la curiosidad", explica Alberto Vinyals, profesor de neuromarketing. Algo tan cotidiano como cruzar el umbral de un colmado en el extranjero enciende el "sistema de recompensa" en el cerebro. Esas "pequeñas diferencias" respecto "a nuestra vida diaria" disparan sensaciones como el placer, la motivación o el aprendizaje. Mirar precios, dejarse sorprender con los olores o comprobar las diferencias entre envases generan un chute de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor clave para la motivación, el placer y el movimiento.

Dedicar unos segundos a observar una lata de un refresco de cola o un bote de kétchup en una gran superficie de Nueva York hace que "te sientas menos turista y parte del territorio; un viajero auténtico", subraya Vinyals. El cerebro reconoce algo familiar que le aporta seguridad y lo corona con una pequeña dosis de novedad.

También existe un componente práctico y económico. Los aumentos de las estancias en apartamentos turísticos obligan a entrar en estos establecimientos para hacer acopio de un mínimo de víveres. Le pasa a Rosa, que ya ha recorrido varios supermercados en el tramo final de su viaje por México. "Sí que suelo visitarlos porque hemos cogido algunos apartamentos en este viaje", confiesa. En su caso, se trata de levantarse y tener algo a mano para desayunar antes de zambullirse en las aguas de las playas de la Península de Yucatán.

"Mi mayor sorpresa es la dificultad para encontrar productos frescos", cuenta, "y eso que la fruta aquí es espectacularmente buena". También admite, en su caso, ciertas dificultades para encontrar pan porque ella, al menos, se está topando con "más bollos dulces". "El otro día, de refilón, vi algo parecido al pan de viena", cuenta esta gaditana de Jerez de la Frontera que, por supuesto, compró. "Se trata de lo que yo conozco, pero con ese punto de diferencia", explica el experto en neuromarketing Alberto Vinyals. Y es que México será lo más, pero el recuerdo de un desayuno en Cádiz siempre será un contrincante de primer nivel.