Enlaces accesibilidad

Cuelgamuros, el lugar donde miles de nombres siguen enterrados

  • RTVE entra por primera vez en las criptas para documentar el trabajo de los forenses
  • El documental ‘Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible’ se presenta en San Sebastián
Tráiler: 'Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible'
Javier Villuendas
Javier Villuendas

Hay que cogerlo con pinzas. Literalmente. Y con lentitud. Entre los restos aparece un pedazo de papel casi descompuesto. Apenas una referencia: "Hospital militar...". El fragmento estaba pegado a la sábana que cubría un cuerpo. Es una pista nimia, casi insignificante, pero en las criptas de Cuelgamuros puede ser la diferencia entre un muerto anónimo y una persona con nombre y apellido.

Ese es el trabajo de orfebrería democrática que, desde 2023, desarrolla un equipo forense comandado por Paco Etxeberria en el interior del antiguo Valle de los Caídos. Antropólogos, arqueólogos, historiadores, genetistas y especialistas intentan identificar a 214 personas entre las más de 33.800 víctimas enterradas allí, unas 12.000 de ellas todavía innominadas que fueron trasladas a este lugar sin que su familia lo supiera, en una fosa común que fue legal, porque fue estatal.

Tráiler: 'Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible'

Y ahora una cámara de RTVE ha podido entrar en esas criptas para rodar Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, un documental dirigido por Belén Alonso y Manuel Diéguez, que se estrena este 22 de septiembre en el Festival de Cine de San Sebastián y próximamente en RTVE. "No hay ningún sitio en el mundo en el que se concentren tantas víctimas", escucharemos durante su metraje.

Porque durante seis décadas, las criptas permanecieron cerradas. El equipo de RTVE pasó allí alrededor de diez jornadas. "Llegamos a pensar que no entrábamos", recuerdan sus autores. Esa frase sirve también para entender su cierta complejidad: durante años se consideró que recuperar e identificar esos restos era prácticamente imposible. Científica y políticamente hablando. Ya no.

Un laboratorio detrás de los muros de la basílica

En Cuelgamuros conviven dos realidades simultáneas. En la basílica hay turistas y misas. Y detrás de una pared, en la capilla del Santo Sepulcro, se ha instalado un laboratorio forense. "Es como vivir en el mismo espacio dos mundos diferentes", dice Manuel Diéguez. Para Belén Alonso, lo más impactante fue lo que no encontró al entrar: "Aquí hay 33.800 víctimas y que no haya ni una placa, ni una referencia... No ves nada. Es que están emparedados, ocultos", resume Alonso.

Laboratorio forense dentro de Cuelgamuros RTVE

Las decenas de miles de personas enterradas allí proceden en buena parte de cementerios y fosas. La mayoría son combatientes de la Guerra Civil, de ambos bandos, trasladados a partir de 1959. Y hasta ahora hay 214 solicitudes para recuperar a personas enterradas en Cuelgamuros. Quizá con este documental, haya más.

Desmontando ideas erróneas

Los autores del documental quieren desmontar una idea errónea: que la búsqueda de restos sea exclusivamente una reclamación de familias republicanas. "De las 33.800 víctimas que hay, la mayoría son franquistas", explica Alonso. "Y de estas más 214 solicitudes que hay para sacar a una persona, más de la mitad son gente del bando franquista".

Por eso el documental incorpora otras voces, como el presidente de la Defensa del Valle de los Caídos, una de las personas contrarias al proceso de exhumaciones. "Como tele pública creemos que tenemos que ofrecer toda la pluralidad de testimonios que rodean a esa situación", defiende Alonso.

Vista general del valle de Cuelgamuros EFE/ Sol Carreras

El primer objetivo de los forenses es averiguar de qué municipio de España procede cada caja. Un rótulo, una inscripción o un número puede resultar decisivo. Y estos ‘recipientes’ pueden contener hasta quince cuerpos. "Lo más difícil es la extracción de las cajas colectivas", cuentan los autores.

Y los problemas crecen, porque muchas identidades fueron borradas. En el caso de algunas víctimas republicanas: "Se arrancaron las páginas para que no se supiera nada de ellos", escucharemos en el filme. Para identificarlas hay que cruzar documentación, procedencias, antropología y genética. Y el tiempo juega en contra porque los posibles familiares directos para hacer pruebas de ADN han fallecido.

"Tu padre, tu abuelo, lo más sagrado"

Detrás de los números hay personas que llevan décadas esperando. "Las víctimas están agotadas", cuenta Alonso. "Las que no han encontrado a sus familiares de momento, porque los ritmos están siendo más lentos de los esperados", añade.

Además, algunas de estas personas también han recibido críticas. Otras cuentan que han sido señaladas públicamente. Incluso hay familiares que han sido denunciados por intentar hacer las exhumaciones. Y todo en medio de retrasos administrativos, judiciales y científicos.

Los creadores relatan casos de familias que llevan años esperando resultados de ADN. "Son lentos, pero aquí ha habido casos muchísimo más lentos de lo habitual", revela Alonso. "Tres años, por ejemplo, porque ha habido una mala planificación de los laboratorios". Para las familias, esos años tienen un significado muy distinto. "Aquí lo que hay son sentimientos. Son tu padre, tu abuelo, lo más sagrado", analiza la periodista.

Una olla a presión

El rodaje fue una batalla contra la burocracia. "Se nota que es un sitio controvertido. Si hay un lugar donde se sabe que todo el mundo está mirando a la mínima es este", opina Diéguez. Durante los primeros días trabajaban casi con la sensación de que cada jornada podría ser la última: "Tenemos estas horas. Aprovechemos hasta que no nos dejen grabar. Y mañana ya veremos", rememora.

El forense que lidera las exhumaciones en el Valle de Cuelgamuros, Francisco Etxeberria EFE/ JJ Guillén

El equipo llegaba por la mañana cada uno de las diez jornadas, se colocaba los equipos de protección y descendía a un espacio oscuro, húmedo y estrecho. La ventilación obligaba incluso a interrumpir el trabajo durante las misas. "Estás en una zona oscura, muy, muy húmeda, muy angosta", cuenta Diéguez. "Y salíamos bastante desorientados, porque perdíamos la noción del tiempo", describe el realizador.

Hay familias que reclaman recuperar a sus muertos y otras que se oponen a determinadas intervenciones. Y también existe oposición al proyecto de exhumaciones y se han producido recursos que han paralizado los trabajos, como el que realizó Manos Limpias con éxito en 2024.

"Hay que contar las cosas y que cada uno saque sus conclusiones", dice Diéguez. "Nuestro trabajo ha sido documentar el trabajo forense y ya está". Sin olvidar a los benedictinos, que sí facilitaron el acceso a determinados espacios y permitieron grabar una misa y la vida cotidiana de la Escolanía, pero no quisieron ofrecer declaraciones sobre el proyecto de exhumaciones. Intuían que por un lado o por el otro saldrían mal parados.

"Un entierro como Dios manda"

Entre cajas, huesos y análisis genéticos aparecen también objetos íntimos: un reloj, una medalla, un rosario y un ramo de rosas en bastante buen estado. Y en el documental se recoge la historia de Hipólito, que cuando el sacerdote de su pueblo se enteró de que por fin había recuperado los restos de su padre, dijo: "Le vamos a hacer un entierro como Dios manda". Fueron la familia y tres amigos. Y en el pueblo prácticamente nadie se enteró.

"Yo creo que es importante quitar esos prejuicios", dice Alonso. "Esto es un tema humano. Son personas", insiste. "Y lo que hay ahí son sentimientos". Durante años se dijo que no se podía entrar. Después, que no se podía identificar a nadie. El documental se llama Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible por esa dificultad casi metafísica.

¿Creen que habrá más solicitudes con el estreno del documental? "Yo creo que sí. Tuvo su momento de noticia y la gente no sabe que es posible solicitarlo, ofrecer a tus familiares esa posibilidad. Puede existir un pequeño repunte, aunque no sé el volumen", responde Diéguez. "Sí, no es la primera vez que les pasa. Cuando había alguna noticia y tal, siempre han notado las solicitudes", apunta Alonso.

Cuelgamuros es un lugar imponente donde el pasado permanece físicamente aún presente. Una basílica. Una misa. Turistas. Niños cantando.

Y, detrás de los muros, miles de personas cuyos nombres todavía no se han descubierto ni olvidado.