Sergio Ramírez, escritor: "Daniel Ortega tiene un deterioro serio y el problema ahora de Nicaragua es su sucesión"
- "El aparato de poder difícilmente aceptaría la continuidad de un régimen familiar", dice el escritor nicaragüense
- "Es un caudillo tradicional que utiliza el discurso revolucionario para mantener unidas unas bases"
El escritor nicaragüense y premio Cervantes Sergio Ramírez considera que el régimen de Daniel Ortega afronta una fase decisiva marcada por el deterioro del mandatario y por las incógnitas sobre una eventual sucesión dentro de su propia familia. En una entrevista en Hora América, de Radio Exterior de España, Ramírez ha señalado que el principal interrogante ya no es únicamente cuánto tiempo puede mantenerse Ortega en el poder, sino si Rosario Murillo y sus hijos serán capaces de heredar el sistema construido en Nicaragua durante las últimas dos décadas.
"Me parece que tiene un deterioro serio de salud mental; basta ver los discursos", afirma Ramírez, que fue vicepresidente de Nicaragua durante el primer Gobierno sandinista y que actualmente vive exiliado en España tras ser despojado de su nacionalidad por el régimen. "Aquí el problema es la sucesión de Ortega; si Ortega va a ser capaz de traspasar el poder a su esposa, a los innumerables hijos que tiene, y por qué se trata de un régimen familiar, pero lo importante será saber si la familia será capaz de asumir el poder que necesariamente Ortega tiene que dejar por su propio deterioro. ¿Y quién podría gobernar Nicaragua el día después? Es muy complicado meterse a hacer vaticinios de este tipo, pero me parece que hay un aparato de poder en el país, en manos del ejército, de la fuerza de la policía, de la burocracia, de Ortega, que difícilmente aceptaría la continuidad de un régimen familiar. Hay muchos intereses que están ocultos dentro de las propias filas del orteguismo", ha declarado el escritor.
“Me parece que aceptaría la continuidad de un régimen familiar. Hay muchos intereses que están ocultos dentro de las propias filas del orteguismo“
"El de Ortega es un régimen que no corresponde con los tiempos presentes. Es una dictadura tradicional, pero además es una dictadura que tiene en la cabeza a alguien que está ya fuera de tiempo para encabezar un régimen político", explica en los micrófonos de Hora América. Ramírez cree, además, que la continuidad dinástica no está garantizada. Frente a la apariencia de cohesión que proyecta el poder, sostiene que dentro del propio orteguismo existen intereses que podrían aflorar cuando desaparezca la figura que hoy mantiene unido el aparato.
"En Nicaragua no habrá más elecciones"
La entrevista de Hora América se produce después de que Ortega anunciara que en Nicaragua no volverán a celebrarse elecciones que permitan a la oposición conquistar el poder y en vísperas de una nueva reforma constitucional destinada a impedir la participación política de opositores considerados por el régimen "traidores a la patria".
Para Ramírez, aquellas palabras tuvieron el valor de una confesión. "El anuncio que hizo Daniel Ortega de que en Nicaragua no habría más elecciones llamó mucho la atención de manera internacional", indica Fue, a su juicio, "una especie de campanada que hizo que la gente volviera a ver otra vez hacia Nicaragua". El escritor considera que el anuncio no representa una ruptura, sino la culminación de un proceso previo de desmantelamiento de derechos. "Vino a confirmar todo un proceso de despojo de derechos a los nicaragüenses", ha explicado, desde la retirada de la nacionalidad a centenares de críticos hasta el encarcelamiento de candidatos presidenciales, la confiscación de medios independientes y la persecución de la Iglesia católica.
Según Ramírez, Nicaragua ha evolucionado hasta "un esquema totalitario tipo Corea del Norte", caracterizado no sólo por "la supresión de los derechos políticos" sino por un "control social barrio por barrio que hace que la gente no pueda expresarse de ninguna manera". El régimen, sostiene, ha convertido ahora esa arbitrariedad en norma constitucional. "Lo que se confirma no es más que un esquema ya legal de la arbitrariedad constante en la que el país vive", resume.
Del sueño sandinista a un "caudillo tradicional"
Durante la conversación en Hora América, Ramírez sitúa el punto de ruptura definitivo entre la revolución sandinista y el actual régimen en el regreso de Ortega al poder en 2006. Aquel retorno, recuerda, fue posible gracias al pacto alcanzado previamente con el expresidente liberal Arnoldo Alemán y al acercamiento de Ortega al cardenal Miguel Obando y Bravo, durante décadas uno de los principales adversarios de los sandinistas.
"Ortega regresa al poder en manos de la derecha. Este es un dato que me parece muy importante, porque lo que son las fuerzas de la revolución ya no tenían ninguna influencia", sostiene. Para Ramírez, la revolución sandinista terminó realmente con la derrota electoral de 1990. "Lo que encontramos ahora en el poder de Nicaragua es un caudillo tradicional que utiliza el discurso revolucionario, la retórica antiimperialista ya desfasada, para mantener unidas unas bases que están en la Policía, en el Ejército, en las fuerzas de seguridad y en los comités de barrios", afirma. Entre esas estructuras de apoyo menciona también a las fuerzas paramilitares "listas siempre a reprimir a los disidentes en las calles".
Daniel Ortega saluda junto a su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, durante un acto para conmemorar el 47 aniversario de la Revolución Nicaragüense en Managua El 19 DIGITAL / CESAR PEREZ
Rosario Murillo y el núcleo familiar del poder
Ramírez atribuye a Rosario Murillo una responsabilidad central en la transformación del régimen. "El Ortega de hoy no se puede explicar sin la presencia precisamente de su mujer", asegura. El escritor recuerda que Murillo tenía un papel secundario durante la revolución de los años 80 y que su influencia política comenzó a crecer posteriormente hasta convertirse primero en vicepresidenta y después en copresidenta.
"Ella pasa a tener una enorme cuota de poder que llega a ser hoy en día copresidenta del país, y mucha de la represión se debe a ella", sostiene. Esa progresiva concentración del poder en el matrimonio Ortega-Murillo alimenta, precisamente, una de las grandes incógnitas sobre el futuro inmediato de Nicaragua: si el régimen podrá sobrevivir a Ortega manteniendo intacta su naturaleza familiar.
Una oposición "invisible"
Ramírez se muestra tajante cuando le preguntan por lo que queda actualmente de oposición: "Nada. En Nicaragua no queda nada". Pero inmediatamente matiza esa afirmación. Cree que bajo la superficie persiste una resistencia que resulta imposible medir debido a los niveles de vigilancia y represión.
“Como en todo régimen totalitario, siempre hay una resistencia interna que no se deja ver“
"Tiene que haber una resistencia interna invisible. Como en todo régimen totalitario, siempre hay una resistencia interna que no se deja ver", señala. El escritor confía más en esa oposición interior que en las estructuras formadas por el exilio.
"Cuando se den las oportunidades de un cambio y de que esas fuerzas salgan a la luz, estoy seguro de que van a aparecer muy patentes esas fuerzas que están dentro de Nicaragua", afirma. "A mí me preocupa menos lo que pueda tener la oposición como expresión afuera. Una oposición afuera nunca va a representar a lo que está dentro", añade.
Sergio Ramírez durante la entrevista en Hora América
Críticas a Lula y al doble rasero de la izquierda
Ramírez también aborda en el programa la posición de una parte de la izquierda latinoamericana ante Nicaragua, pocos días después de dirigir una carta abierta al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva por el voto de Brasil contra una iniciativa en la OEA que cuestionaba la situación democrática nicaragüense.
"Hay un síndrome muy pernicioso de la izquierda de sólo condenar los derechos humanos cuando las violaciones vienen de regímenes de derecha y tratar de ocultar los pecados de los regímenes de izquierda por una especie de solidaridad ideológica", afirma.
Ramírez considera que Gabriel Boric fue uno de los pocos dirigentes latinoamericanos capaces de romper con ese comportamiento al denunciar abusos cometidos indistintamente por gobiernos de derecha o izquierda. También critica que Brasil o México condicionen su posición sobre Nicaragua al hecho de coincidir o no con Washington.
"Si el Gobierno de Trump propone una declaración en contra de un régimen que está violentando los derechos humanos, me parece que no debería, por el hecho de que se trate de la Administración Trump, alejarse de una resolución como esa", señala.
Cuba resiste
Sobre la posibilidad de un final próximo del régimen cubano, Ramírez se muestra ahora más prudente que hace unos meses. "Yo hace algún tiempo pensaba que ese final estaba muy próximo. Hoy lo veo un poco de otra manera, porque el régimen de Cuba sigue resistiendo", asegura.
Pese a la extrema precariedad económica, "sin electricidad, sin medicinas, sin suministro de alimentos", Ramírez afirma que no percibe actualmente el derrumbe anunciado desde Washington. "Yo no veo que se esté desmoronando ese régimen tal como la Administración Trump ha anunciado", sostiene.
El regreso pendiente
La conversación concluye con la literatura y La maldición de Ramfis, su última novela publicada por Alfaguara, en la que el inspector Dolores Morales vive también en el exilio en Costa Rica. Preguntado por las semejanzas entre creador y personaje, Ramírez reconoce que ambos comparten una misma aspiración. "Los dos, mi personaje y yo, estamos en el exilio y los dos tenemos la misión de regresar a Nicaragua".
"¿Cuándo va a darse esta circunstancia? Eso yo no lo puedo saber, pero sí, la esperanza en mí persiste", concluye. La entrevista completa con Sergio Ramírez puede escucharse en Hora América, de Radio Exterior de España, el espacio de RTVE dedicado a la actualidad política, social y cultural de América Latina que este lunes ha estrenado temporada ampliando hasta una hora su emisión, de lunes a viernes a las 15 horas.
HORA AMÉRICA