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Tomorrowland deja atrás el incendio del pasado año con más seguridad y una edición enfocada a las emociones primarias

  • La sequía en Bélgica ha obligado a limitar el uso de fuegos artificiales
  • David Guetta, Martin Garrix y Calvin Harris han encabezado el cartel
Tomorrowland: más seguridad y una edición enfocada a las emociones
Asistentes al festival de música electrónica Tomorrowland EMILE WINDAL / Belga / AFP
DAVID VIDUEIRO (CORRESPONSAL DE RNE EN BRUSELAS)

Tomorrowland, el festival de música electrónica más grande de Europa, ha regresado este año con más medidas de seguridad para impedir que se repitiera el desastre de la pasada edición: un incendio arrasó el escenario principal dos días antes del inicio, lo que obligó a improvisar uno mucho más pequeño.

Esta vez no se ha producido ningún incidente y el festival pasa página con la lección aprendida. Sin embargo, ahora la protagonista ha sido la sequía. La provincia de Amberes está en alerta naranja por la falta de lluvias y esto obligó a suspender los fuegos artificiales durante el primer fin de semana. En el segundo, la pirotecnia ha sido limitada, pero no ha deslucido el espectáculo de cierre de cada jornada a cargo de Hardwell, Calvin Harris y hoy con Martin Garrix al frente.

El festival mantiene su vigor y este año acoge a unas 400.000 personas a lo largo de seis días. Tomorrowland es un parque temático de la música electrónica y los asistentes pueden ir visitando sus dieciséis escenarios por donde desfilan uno tras otro los artistas. Sin embargo, el único que varía todos los años es el escenario principal, inspirado cada vez en una temática distinta. En esta vigésima edición de Tomorrowland, los organizadores han escogido como lema ‘Consciencia’ y por ello, el escenario transporta a un mundo que podría haber sido creado por Dalí, con diferentes caras que representan seis emociones primarias y universales. Este escenario es el estandarte del festival y, en esta edición, cuenta con 43 metros de alto y 140 metros de ancho, 2.400 paneles LED, 232 altavoces, 1.500 luminarias, 56 láseres y 38 fuentes. Decenas de miles de personas se reúnen en torno a él para poner fin a cada jornada.

Asistentes al festival Tomorrowland (Emile Windal/Belga/dpa) DPA vía Europa Press 68

La pelea por conseguir una entrada

Entre los asistentes que se acercan a ver este escenario principal aparecen Luís y Carlota. Él portugués. Ella española. Ambos viven en Bruselas: “Esto es tremendo, es una fiesta con mucha gente de todas partes del mundo y, como se dice aquí en los carteles: mucho amor, mucha unidad y eso se ve en la gente”, dice Luís. A su lado, Carlota confirma: “Es la primera vez y es increíble. Queremos volver el año que viene”.

Un rápido paseo confirma que a este festival acuden entusiastas de la marca Tomorrowland. Algunos son capaces de coger un avión, recorrer miles de kilómetros y desembolsar los más de mil euros que cuesta un paquete VIP. Solo en la cercana Bruselas calculan 60.000 habitaciones de hotel ocupadas para el festival. A los estímulos de la música se unen los variopintos vestuarios y la constante presencia de banderas de todas las nacionalidades. No falta la del propio festival, en las ventanas de las viviendas más próximas al parque de Boom donde se desarrolla Tomorrowland. La localidad no llega a los 20.000 habitantes y algunos aprovechan esta peregrinación para montar improvisados puestos para dar de comer y beber a la gente a la entrada y salida del festival.

El flujo de autobuses es constante y de uno de ellos se baja Miguel. Él es otro de los muchos españoles que viven en Bruselas. Lleva en una de sus muñecas las pulseras de los años anteriores que ha visitado Tomorrowland. Su caso no es el único. La primera vez que consiguió una entrada fue en 2022: “Me gusta describirlo como Disneylandia para adultos, con DJs en lugar de princesas Disney”, explica Miguel, convertido ahora en un aficionado a la música electrónica que intenta volver todos los años. No es sencillo: “Tengo varias cuentas de correo electrónico que solamente utilizo para intentar comprar entradas. El día de la venta, mi salón está lleno de pantallas: ordenador, portátil, tablet y dos teléfonos, cada uno asociado a una cuenta y me paso veinte minutos mirando a la pantalla y rezando a los dioses de la electrónica”. No le ha ido mal. Lo ha logrado cuatro de los últimos cinco años y en éste tenía en mente ver a John Newman y Bebe Rexha.

Asistentes al festival Tomorrowland (Emile Windal/Belga/dpa) DPA vía Europa Press 68

Un cartel con más de 500 artistas

Entre los artistas seleccionados para el segundo fin de semana sobresale una DJ española. Indira Paganotto ha pinchado para su público en el escenario principal antes de irse a inaugurar el Monegros Desert Festival, el mismo evento que ya clausuró el año pasado: “Para mí era impensable porque sentía que el psytrance no estaba arraigado en España”. La artista canaria recuerda cómo, tras recibir muchas negativas, decidió “crear el sello en el que mi música tuviera espacio”. Su hombre ARTCORE, con espacio propio en Tomorrowland. En una charla para RTVE, Indira Paganotto, nos da más detalles de su siguiente paso en el festival: una colaboración con Harald Barrett, guitarrista del grupo Imminence, para fusionar el psytrance con su otra pasión, el metal. Otra DJ española protagonista ha sido B Jones, que ha pinchado de nuevo en el escenario principal de Tomorrowland, visiblemente emocionada, tras siete meses hospitalizada para superar un cáncer linfático.

El espacio para los medios que pone a disposición el festival es un ir y venir de artistas, que conceden entrevistas cortas en estudios de radio o en pequeñas mesas altas. Antes de la charla con Indiara Paganotto, atiende a RTVE otro artista del festival: el belga Max Colombie. Él es la imagen de Oscar and the Wolf y cuenta cómo su música se mueve deliberadamente entre la luz y la oscuridad y él trata de situarse “en medio de esta dualidad”. Por ello confiesa que para él “la imagen más hermosa es cuando entre la multitud alguien baila y llora al mismo tiempo”. Max confía en su instinto para componer y con los años dice sentirse más libre y honesto. Él reivindica la capacidad de Tomorrowland para poner a Bélgica en el mapa y poner en valor el talento local.

También es belga Elfigo, un DJ de apenas quince años que ahora reside en Ibiza con su familia. Exponente del tech House cuenta cómo evoluciona hacia un sonido cada vez más duro y su sueño sería sacudir la industria de la música y para ello se está preparando como productor.

Tomorrowland se ha abierto a la música electrónica latina y Martin Trevy representa esta tendencia. De origen autodidacta, él subraya cómo trata de ofrecer algo nuevo al público combinando elementos menos habituales en su profesión: canta, usa láseres y efectos visuales, que recuerdan a la magia que le gustaba practicar de pequeño. Con unas letras que animan a superar las dificultades, a transitar “de la oscuridad a la luz”, Martin Trevy apuesta por la electrónica en castellano frente al predominio del inglés y cree que la gente “lo está entendiendo”.

Asistentes al festival Tomorrowland (Emile Windal/Belga/dpa)