La Universidad de Sevilla convierte las cáscaras de cangrejo rojo en bioplásticos para medicina y cosmética
- La investigación abre nuevas vías para aprovechar toneladas de residuos del cangrejo rojo del Bajo Guadalquivir
- Lo que hasta ahora era un problema ambiental podría convertirse en una oportunidad para la industria
El proyecto, desarrollado por expertos en Ingeniería Química, permite extraer de los caparazones la quitina, un polímero natural presente en los exoesqueletos de crustáceos e insectos. A partir de ella, los investigadores obtienen quitosano, un material biodegradable y biocompatible considerado uno de los compuestos más prometedores de la bioeconomía.
“Nuestro proyecto consiste en aprovechar ese residuo y, mediante procesos químicos en un reactor, transformarlo en quitina, que es la base de este biopolímero denominado quitosano”, explica la profesora de Ingeniería Química de la Universidad de Sevilla, Nuria Calero.
Un “vehículo inteligente” para liberar principios activos
Una de las propiedades más destacadas del quitosano es su capacidad para actuar como un sistema de liberación controlada de compuestos activos. En otras palabras, funciona como un “vehículo inteligente” capaz de transportar y liberar determinadas sustancias de manera estable y gradual.
Esta característica abre la puerta a múltiples aplicaciones. Los investigadores trabajan en su incorporación a productos comestibles, bebidas funcionales, cremas cosméticas e incluso apósitos y materiales biomédicos.
Entre las líneas de investigación destacan también formulaciones destinadas a aliviar síntomas asociados a la menopausia o al periodo premenstrual. Los principios activos empleados presentan propiedades antioxidantes y podrían contribuir al equilibrio hormonal y al bienestar de las mujeres.
Una oportunidad para la economía circular en el entorno de Doñana
La industria del cangrejo rojo tiene una larga tradición en el Bajo Guadalquivir desde su implantación en la década de 1980. Actualmente, la producción anual ronda las 5.000 toneladas, una actividad económica especialmente importante en municipios próximos al entorno de Doñana.
Sin embargo, alrededor del 70 % de cada ejemplar termina convertido en residuo, principalmente en forma de caparazones. Su gestión representa un importante desafío ambiental, ya que estos restos orgánicos requieren tratamientos específicos para evitar problemas de acumulación y contaminación.
La investigación de la Universidad de Sevilla plantea una solución basada en la economía circular: convertir un desecho de difícil gestión en una materia prima de alto valor añadido para sectores tan diversos como el farmacéutico, el alimentario o el cosmético.
Además, el quitosano despierta un creciente interés internacional por otras propiedades, entre ellas su capacidad antimicrobiana, su biodegradabilidad y su potencial para fabricar envases sostenibles y materiales destinados a la regeneración de tejidos.
El reto: pasar del laboratorio a la industria
Aunque los resultados obtenidos son prometedores, el siguiente paso será escalar el proceso para hacerlo viable a nivel industrial.
“La Ingeniería Química tiene un reto importante, que es el cambio de escala. De momento, estas investigaciones se encuentran en una fase de prototipo y esperamos que puedan dar el salto del laboratorio a la industria”, destaca Nuria Calero.
Si el proyecto logra consolidarse, Andalucía podría situarse a la vanguardia de la valorización de residuos pesqueros y agroalimentarios, demostrando que la innovación y la sostenibilidad pueden ir de la mano. Un ejemplo de cómo la ciencia es capaz de encontrar en un simple caparazón de cangrejo una auténtica mina biológica para el futuro de la medicina y del sector primario.