¿Cuándo bajarse del caballo muerto? A aprender del fracaso también se aprende
El profesor Juan Pedro Martín, doctor en ciencias de la Empresa, opina que el fracaso te puede enseñar mucho, pero hay que saber cómo aprender de él
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¿Conoces la enseñanza del caballo muerto? Se suele atribuir a los indios Dakota (originarios de EEUU), Para quienes "si cabalgas a lomos de un caballo muerto, la mejor estrategia es bajarte". En otras palabras: reconocer el fracaso de una iniciativa y dejarla. El saber popular recoge así uno de los muchos aprendizajes que podemos extraer del error, aunque tampoco hay que dar este conocimiento por sentado.
Según el doctor en Ciencias de la Empresa y Sociología y profesor de la universidad de Murcia, Pedro Juan Martín, no basta con equivocarse para aprender algo. Junto a Rafael Rabadán y Rosa Vigueras, Martín es autor de Gestión del fracaso: guía práctica para personas emprendedoras, obra sobre la que conversa en este episodio de Economía de Bolsillo con Lourdes Castro.
A su juicio, el refrán de que "a veces se gana y otras, se aprende" no tiene por qué cumplirse siempre. Para que así sea, "hemos de prestar atención consciente", defiende, analizar lo sucedido y hablar de ello. "Si intentas ocultarlo, olvidarlo y nunca lo abordas porque te genera mucho malestar", es probable que no saques ningún aprendizaje y que termines por repetir el mismo error, sostiene Martín.
Propone reflexionar y estudiar qué ha ocurrido, a fin de distinguir entre aquellas causas que dependen de las propias decisiones y las que son fruto del mercado o de la coyuntura económica. En su experiencia, existen unos seis errores muy frecuentes que cometen la mayoría de emprendedores. Uno de ellos consiste en no vigilar el mercado. Cuando se pone en marcha un negocio, sí suele haber un análisis previo, explica, pero esta vigilancia no continúa en el tiempo. Muchas veces, las empresas siguen haciendo lo mismo sin darse cuenta de que "el mercado ha virado", y ya nada les funciona. Esto es. Cabalgan sobre un caballo muerto y no se dan cuenta.
Busca consejo
En este sentido, Juan Pedro Martín recomienda a los emprendedores "una red de apoyos" con los que hablar y de los que recibir consejos. En los países nórdicos y Alemania, por ejemplo, se exige cierta formación antes de meterse en algunos proyectos de emprendimiento, pero en España, no. Como en la mayoría del mundo, añade. Por eso conviene tener una red de consejeros y, en su opinión, los mejores son aquellos que "han fracasado y siguen intentándolo". "Cuando las personas ya han alcanzado el éxito", aunque también hayan sufrido batacazos, cambian su perspectiva. La mayor empatía y el mejor apoyo viene de quienes están en tu misma situación, pero llevan más camino recorrido, asevera.
¿Cuándo dejarlo?
Pero, ¿Cómo saber que nuestro caballo falleció? El libro de Martín aborda la sutil diferencia entre insistencia y tozudez. "En los negocios es más fácil", y recomienda "hacer caso a los números". Es posible que el primer año no tengas que ganar dinero, admite, pero siempre hay "resultados económicos en los que fijarse". Más complicado resulta aplicar este razonamiento a las relaciones afectivas. Así, Martín opina que "la intensidad de los cuidados y de la atención" funciona como un buen predictor. Puede haber malas rachas, pero si el cuidado por el otro flaquea, quizás sea una señal de que la relación ha dado de sí todo lo que podía, propone.
Te has equivocado, atiende
Aquí aparece de nuevo la palabra atención, que, desde su perspectiva, encierra la clave para aprender del fracaso. En efecto. Lo primero es dedicar a los errores la atención que se merecen, y relaciona esta idea con la escasa tolerancia al fracaso que, a su juicio, padecen las generaciones más jóvenes.
El profesor critica que el sistema educativo actual no enseña a prestar atención al error, y esto impide que los alumnos aprendan de la experiencia. ¿Cómo mejorar el lanzamiento de dardos si no miramos a la diana?, se pregunta. Pone otro ejemplo. Algunos pedagogos y docentes rechazan la práctica de marcar con boli rojo los fallos en exámenes y ejercicios, con el argumento de que ello traumatiza y frustra a los estudiantes. No se dan cuenta de que, en realidad, les están hurtando la posibilidad de aprender. ¿Cómo van a hacerlo si ni siquiera les llamamos la atención al respecto? Así terminan la universidad, con la creencia de que toda la vida será igual, lamenta, y sin la oportunidad de haber gestionado antes situaciones de fracaso o rechazo. Estas suceden con mucha más frecuencia que el éxito, prosigue, "y no les damos herramientas para afrontarlas".
Un mal compañero
El problema, además, se agrava por el miedo que genera. Según distintos estudios, Más del 30% de las personas con proyectos de emprendimiento viven paralizadas por el miedo al fracaso. Alerta también de que "la experiencia de errores pasados lastra" las oportunidades presentes. "Si tú tienes miedo a volver a fallar, sí es posible que emprendas y pongas en marcha una nueva idea", admite, "pero ese temor a repetir errores mermará tu negocio desde el primer día”. A su juicio, "Solo cuando saques un aprendizaje de ahí, podrás liberarte de ese terror".
Si la vida es un viaje, uno de los copilotos más frecuentes resulta ser ese miedo, que nos conduce siempre por la zona de confort. Ciertamente, allí es donde menos nos equivocamos, apunta, pero donde menos experiencias distintas vivimos. Al final del viaje, importa más lo aprendido, y agrega que, en el panorama actual, tampoco podemos permitirnos el lujo de dar la espalda a todas las novedades. Por eso, aprender de los errores parece una asignatura cada vez más importante. Una materia en la que tenemos mucho que aprender.
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