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'Eleonora Duse, la divina': decadencia y renacimiento de un símbolo italiano

  • Se estrena la película de Pietro Marcello sobre la legendaria actriz a la que interpreta Valeria Bruni Tedeschi
'Eleonora Duse, la divina': decadencia y renacimiento un símbolo italiano
Valeria Bruni Tedeschi y Noémi Merlant en 'Eleonora Duse, la divina'.
Esteban Ramón
Esteban Ramón

A fuerza de insistir, el cineasta Pietro Marcello lleva adherida una etiqueta que dice ‘cine de época moderno’, sobre todo abordando el comienzo del siglo XX. Lo hizo adaptando a Jack London en Martin Eden, a Aleksandr Grin en Scarlet y ahora se pasa el biopic en Eleonora Duse, la divina, un acercamiento a la legendaria actriz italiana en una época de transformación madura de su vida y su arte.

La actriz (y directora) Valeria Bruni Tedeschi asume el reto de encarnar a ‘la Duse’, un mito esquivo ya que de su maestría teatral no hay registro sino testimonios (y únicamente una película muda, Cenere, de 2016). No importa porque la película de Marcello no busca más verdad que la de la ficción. “Para mí, las películas históricas pueden ser limitadas. El origen de mi cine está en los documentales y el archivo y, creo, que la ficción es solo un método, una herramienta del cine”, explica el director en una entrevista con RTVE.es.

Eleonora Duse, la divina arranca en un momento que Marcello describe como “decadente” para la actriz, que se retiró durante años de la los escenarios tras romper con el poeta y militar ultranacionalista precursor del fascismo Gabriele D’Annunzio. En ese interregno gramsciano de un mundo viejo que muere y uno nuevo que no nace, Duse porfía contra su vocación, su hija (encarnada por Noémi Merlant) y su propio mito. 

“La esencia de de Duse es la relación entro lo divino y lo humano, entre el artista y su talento, y la fragilidad que pertenece a todos nosotros”, resume Marcello. “Incluso a través de la creación de falsos mitos porque ¿quién no ha creado falsos mitos en su vida?. Yo muchísimos y no me vergüenza decirlo. Se crean porque somos frágiles”.

Eleanore Duse, la divina asume esa mirada oblicua y libre sobre el pasado a través de un ritmo de secuencias anárquico, planificación moderna e incluso música electrónica, con los añadidos de imágenes de época al modo que ya utilizó en Martin Eden. “No quiere decir que me repita, pero son las herramientas que he aprendido. Es una película que tiene una parte industrial, histórica, pero siempre que he podido me escapado para rodar de manera diferente”.

La reinvención artística es, de hecho, uno de los temas de la película, condensada en la película en el encuentro de Duse con otra diva teatral coetánea, la francesa Sarah Bernhard, que le anima a modernizarse, aunque acabe abrazando una falsa moda.

“La Duse y su teatro era moderno, lo que ocurre es que el teatro italiano era obsoleto. Roma no era diferente de Madrid, es decir, no estaban modernizadas como París. Bernhard le vino a decir que tenia alrededor gente que no daba la talla porque Italia sera un país joven pero todavía provinciano”, dice el cineasta enlazando sobre el otro tema de la película: un país en formación y en descomposición al mismo tiempo, a punto de abrazar el fascismo de Mussolini.

En esa búsqueda de paralelismos entre el presente y el siglo pasado, y en la oposición teatro-guerra, la película dialoga con dos obras premiadas en el último Cannes como La bola negra, de Los Javis, o Coward, de Lukas Dhont. "El apocalipsis ya lo hemos vivido, solo tenemos que recordar los bombardeos de Dresde o Girona. Europa ardía hace 80 años. Desde el siglo XIX la tecnología se ha democratizado pero no nos ha emancipado tanto. Seguimos siendo animales y lo que ocurre ahora no es tan distinto. Vivimos un período intermedio y pertenecemos a una época que no es tan diferente a 1929".

Porque, no lo oculta, su película es una película política, que junto a Martin Eden forma un díptico de una misma cuestión. "Vivimos en un tiempo en el que la gente descarga responsabilidades. Tengo 50 años y hace 20 no podía ni imaginar lo que está pasando ahora, Cuando escucho artistas que dicen que no quieren juzgar, creo que no estás asumiendo su responsabilidad.", concluye.