El papa León XIV, la luz que ha entrado en el Congreso
- El papa propone altura de miras a la clase política durante su discurso en el Congreso
- Es el primer papa que pronuncia un discurso en el hemiciclo
León XIV ha entrado en el Congreso y ha invitado a los políticos a mirar a lo alto. En el actual contexto político español, que nos ha familiarizado con la palabra "cloaca", esto es un apunte mayor. Esa luz nos viene a recordar, en palabras del papa, que "también la política necesita reconocer una medida que la precede y la supera".
Ha sido el primer discurso de este tipo en la historia de España, pero no nuevo en la historia de la Iglesia. En 2011, las inolvidables palabras de Benedicto XVI al Parlamento alemán, citaron a san Agustín para afirmar que "sin Derecho no, pero solo con el Derecho, tampoco". El santo de Hipona escribió aquello de que si quitamos el Derecho, nos podemos preguntar que en qué se distingue el Estado de una gran banda de ladrones. En continuidad y de manera complementaria, el papa Prevost nos ha soltado a bocajarro la pregunta decisiva que termina por encontrarse toda tarea legislativa: "qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes".
A lo largo de su historia más fecunda, España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político. Lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir. Es decir, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa.
El papa León XIV deja el Congreso tras su discurso EFE/Borja Sanchez-Trillo
Si esto no fuera así, todo quedaría reducido a las mordaces palabras de Humpty Dumpty, en A través del espejo cuando nos espeta: "la cuestión es saber quién manda. Eso es todo". Tan dramático como la Historia nos enseña. Por eso es oxígeno puro escuchar al papa en el Parlamento decir que "la dignidad inviolable de la persona humana precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento".
Alzar la mirada
No han sido palabras desencarnadas. El papa se ha elevado para tocar tierra y entrar de lleno en la cuestión de la verdadera humanidad, en tiempos en los que los algoritmos ponen a prueba la singularidad humana. De la mano de grandes maestros españoles y, en particular de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca. El ser humano tiene un valor irreductible, el poder político tiene límites, la defensa de la vida humana no es una cuestión confesional, sino meta de cualquier civilización que se precie en llevar ese nombre, la realidad completa de tantas personas que se ven obligadas a inmigrar, la paz para un tiempo convulso que necesita de una cultura de la reciprocidad y no de la violencia y del enfrentamiento.
Alzar la mirada, como vemos, no es alejarse de la realidad sino entrar en toda su profundidad para recordar, también a las autoridades políticas, que sus decisiones tocan personas de carne y hueso, especialmente a aquellas que apenas tienen fuerza para hacerse oír.
No seremos el ombligo del mundo, gracias a Dios, pero podemos formar parte de su corazón. Hacen falta respuestas técnicas y reformas legales, pero también una verdadera renovación moral. León XIV nos admira y sabe que España tiene mucho que ofrecer. Acojamos el don y pongámonos a la tarea que nos ha encomendado: no dejar de mirar a la luz que, también en el Parlamento, viene de lo alto para iluminar nuestra rica tradición como tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que nuestra vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio.