El regadío de Monterrubio de la Serena arranca tras una larga espera de más de tres décadas
- 300 regantes confían en que la nueva obra de infraestructura les facilite la facturación de cosechas estables
- El proyecto incorpora los nuevos avances en materia de riego por goteo para un máximo aprovechamiento del agua
Ya ha comenzado a llegar el agua del nuevo regadío de Monterrubio de la Serena a los olivos, almendros y pistacheros que se van a beneficiar de esta obra de infraestructura, inicialmente concebida en 1994. Han pasado más de treinta años para que finalmente sea una realidad. Monterrubio es una localidad del este de la provincia de Badajoz que cuenta con un censo de 2.200 habitantes. Históricamente ha destacado por su producción de aceite de oliva. De hecho, de las 1.200 hectáreas que cubre la extensión del nuevo regadío, el 95 por ciento son olivos y el cinco restante, almendros y superficie de pistacho. Este territorio se divide en 700 parcelas que pertenecen a 300 agricultores.
La cercanía al Zújar ha dado lugar a un procedimiento de captación a escasa distancia de las balsas
El punto de partida de este proyecto de irrigación fue la construcción de dos balsas impermeabilizadas. Una de ellas que responde al nombre de Hatíllos tiene una capacidad de embalsado de dos hectómetros cúbicos y la otra, mucho más pequeña, denominada Cantador, que acumula 0,3. Ambas balsas captan el agua del río Zújar y del arroyo de Benquerencia de la Serena. La previsión es utilizar cada año para el riego un 70 por ciento del agua que almacenan. Son caudales suficientes porque toda la distribución descansa en un sistema por goteo que llega a cada una de las fincas incluidas en el proyecto.
El presupuesto empleado para la culminación de la obra se acerca a los 20 millones de euros, de los que el ochenta por ciento procede de la Junta de Extremadura y el resto, de los propios regantes. La programación para regar se hace de una forma totalmente automatizada. Antonio Manuel Hidalgo Rivero, secretario gerente de la Comunidad de Regantes del Valle del Zújar, explica que cada agricultor maneja una aplicación desde su móvil que les permite abrir y cerrar las válvulas de riego desde su casa. “Al principio,” señala y durante las semanas previas de pruebas, “les costó familiarizarse con el sistema remoto, pero ha sido sólo cuestión de tiempo que hayan empezado a manejarlo con solvencia.”
Las expectativas de producción son positivas. Esperan pasar de 3.500 kilos de aceituna por hectárea a más de diez mil. Y como dice José García, presidente de la comunidad, “la clave es que el nuevo regadío nos va a permitir aumentar considerablemente el rendimiento graso de la cosecha, lo que se va a traducir,” remarca, “en un incremento notable de la calidad del aceite que salga de las almazaras.”
Las energías renovables son también un puntal básico del proyecto
Este nuevo regadío, señalan desde el Valle del Zújar, no hubiera sido posible sin la implantación de una planta fotovoltaica con una potencia de 1,3 megawatios. Las placas permiten que el bombeo del agua a las parcelas no dependa del acceso a la red eléctrica general. Al ser autosuficientes, los costes para los regantes por el uso de electricidad bajan de manera exponencial.
“Ahora,” señala Jesús Martín Torres, alcalde de Monterrubio de la Serena, “ya no tenemos que estar pendientes del cielo cuando llegue octubre para ver que las primeras lluvias del otoño den más volumen a las aceitunas, limitadas por el fuerte calor del verano. Ahora,” subraya, “el sistema por goteo del nuevo regadío permitirá que el crecimiento del fruto sea constante hasta el momento de la recogida.” Y añade, “es nuestra manera de intentar que Monterrubio no forme parte de la España despoblada.”