Los tecnoligarcas de Silicon Valley apuntan a Europa
- Su poder e influencia global es inmensurable tras conquistar la Casa Blanca y erosionar parte del sistema democrático estadounidense
- Los magnates tecnológicos firman acuerdos con gobiernos europeos que amenazan la soberanía de los Estados
El 20 de enero de 2025, no solo el presidente Donald Trump tomó posesión de su cargo, también lo hicieron –metafóricamente– los tecnoligarcas. Los dueños de las grandes empresas tecnológicas –Apple, Amazon, Google, Meta, X, TikTok y Palantir– posaron con el mandatario del gobierno más poderoso del mundo. Una instantánea que vaticinaba el escenario actual: las tecnológicas de Silicon Valley ya ocupan puestos dentro de la Casa Blanca, tomando decisiones de extrema relevancia en la política nacional e internacional. Un movimiento que pone en jaque la democracia estadounidense y que siembra un áspero camino hacia la pérdida de soberanía en otros países.
Meses más tarde de aquella foto, en julio de 2025, se firmó el contrato que lo cambiaría todo: el Enterprise Agreement entre el Departamento de Defensa de EE.UU. y la empresa Palantir Technologies. El pacto comercial habilitaba la compra de software militar por valor de 10.000 millones de dólares y consolidaba otros acuerdos que ya venían desarrollándose entre la compañía tecnológica y anteriores gobiernos estadounidenses, también demócratas.
"Palantir tiene ahora el control absoluto de la infraestructura tecnológica de la potencia militar número uno del mundo en el ámbito de la defensa", apunta José Bautista, periodista y coautor –junto a la economista Francesca Bria– de The Authoritarian Stack, una investigación sobre el auge de los tecnoligarcas en Estados Unidos. "Con el peligro que esto entraña porque este reducido grupo de multimillonarios se muestran a favor del autoritarismo", añade.
El director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, publicaba recientemente un inquietante manifiesto refiriéndose a cuestiones como la geopolítica y la seguridad o la relación entre el Estado, la ciudadanía y la industria tecnológica; una declaración de intenciones donde se enaltece la creación de un sistema posdemocrático gobernado por el poder tecnoligarca y basado en el supremacismo blanco.
Vigilancia masiva y caza de inmigrantes
La relación contractual con la multinacional Palantir Technologies, fundada por el magnate Peter Thiel, no solo se limita al Departamento de Defensa, también se han firmado y ampliado acuerdos con el Departamento de Seguridad Nacional, potenciando el desarrollo de un software de control de personas, ImmigrationOS, usado en la controvertida campaña antiinmigración llevada a cabo por la administración Trump, como denuncian desde la organización sin ánimo de lucro Electronic Frontier Foundation (EFF).
RTVE Noticias ha estrenado ICE: La resistencia digital contra Trump, un documental que destapa estas prácticas de vigilancia masiva contra los ciudadanos estadounidenses, que puede verse en RTVE Play. "El software creado por Palantir cruza datos de salud, impuestos y control de fronteras que permite localizar a personas y detenerlas sin una orden judicial", explica Cooper Quintin, investigador de EFF. Desde su organización también denuncian la vigilancia telefónica, en internet y en las calles, llevada a cabo por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Sin embargo, nada de esto podría ocurrir sin la irrupción de directivos tecnológicos en la Casa Blanca, como explica José Bautista. "Y aquí vemos casos cómo excargos de Palantir, del Grupo Thiel, Meta y Open AI han sido colocados en los departamentos de Estado, Defensa, Salud e Información Federal", apunta el periodista. "Es la punta de lanza para extender este poder sobre otros sectores estratégicos como la educación, comunicaciones, energía o comercio", añade.
Actores globales que controlan la información
Para Carme Colomina, investigadora del Centro de Investigaciones de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), la irrupción de estos tecnoligarcas en el Gobierno estadounidense crea "una difusa línea divisoria entre lo público y lo privado". "Financiaron la campaña de Donald Trump, han impuesto sus softwares y soluciones digitales para la gestión de sistemas públicos, y toman decisiones importantes en la política nacional e internacional”, advierte la experta.
Sin embargo, el poder de las tecnológicas de Silicon Valley no es nuevo, su estrategia lleva años gestándose. "Se han convertido en actores globales con una enorme capacidad de influencia. Es impensable imaginar la guerra de Ucrania sin el papel de las grandes tecnológicas, empezando por los satélites de Starlink de Elon Musk que han facilitado las comunicaciones, pero también en otros conflictos o episodios de represión ciudadana a través de redes sociales", argumenta la investigadora de CIDOB. "Su poder se basa en la captura global del espacio público, de los datos de los usuarios. Tienen mucha más información de los ciudadanos que los propios gobiernos", señala.
La tecnología no es neutral, tiene un sesgo ideológico que ha quedado demostrado en estudios como ¿Virando a la derecha? Estudio experimental sobre el cambio de valor político en los modelos de los grandes modelos de lenguaje, publicado en la revista Nature. Esta investigación señala que ChatGPT, la IA desarrollada por Open AI, responde sesgadamente a cuestiones políticas planteadas por los usuarios. "Y no solo este chatbot, también hemos visto respuestas partidistas de Grok, de X", apunta Colomina. "Es muy peligroso que estos magnates con objetivos políticos y económicos puedan controlar la información", advierte.
El uso ético de la IA fue precisamente la razón que hizo que Anthropic perdiera su multimillonario contrato con la administración estadounidense. "Fue la primera vez que una empresa de IA se enfrentó a un aparato militar, negándose a eliminar los límites éticos de su tecnología", explica la experta en asuntos internacionales. El Departamento de Defensa catalogó a la compañía de "riesgo en la cadena de suministro", cerrando cualquier puerta para contratos con el Pentágono.
Una amenaza para la soberanía europea
Ceder poder e información sensible del Estado a actores privados y partidistas conlleva una pérdida de soberanía democrática. Una cuestión que ha despertado la preocupación en Europa tras la firma de acuerdos con estas empresas. "Alemania está intentando revertir el contrato que su Ministerio de Defensa selló con Palantir", explica José Bautista. "Pero también vemos cómo Reino Unido hizo lo propio, cediendo la gestión de su sistema de salud a la empresa de Peter Thiel. Incluso el Ministerio de Defensa de España ha firmado un contrato con Palantir, del que no nos han facilitado detalles pese a su requerimiento", añade el periodista.
"La UE ha intentado construir un marco legislativo [con la Ley de Servicios Digitales] que precisamente limita el poder monopolístico de estas grandes plataformas tecnológicas", señala Colomina. Y añade: "Pero es necesario que los gobiernos sean responsables y no hagan negocios con estas empresas, que exista más transparencia y conciencia pública de lo que implica estar utilizando esta tecnología que está siendo usada para la represión o para la transformación ideológica de las sociedades".
Según la iniciativa EuroStack - Una alternativa europea para la soberanía digital, Europa mantiene una dependencia preocupante sobre la tecnología de Silicon Valley. Su último informe señala riesgos como la imposición de normas no deseadas por parte de Estados Unidos, que afectan al control de los europeos sobre información sensible de ciudadanos, empresas y gobiernos; el robo de propiedad intelectual y el espionaje que puede dar lugar a vulnerabilidades críticas; y el dominio del mercado con casos de abuso de poder.
"El reto europeo pasa ahora por mantener los límites a las grandes tecnológicas, aunque vemos que existe un lobby muy potente desde la Casa Blanca”, apunta Colomina. “Y, en este mundo digitalizado, la UE debe crear alternativas a las herramientas de estas grandes compañías que eviten esa dependencia", concluye.