Viaje al mar de olivos de Jaén y la zona cero de su despoblación: "No sé quién se va a dedicar a esto en 15 años"
- Tres de cada cuatro localidades de Jaén están en riesgo de despoblación, según un informe de la Junta de Andalucía
- RTVE Noticias viaja a Cazalilla (Jaén) uno de los pueblos que se encuentra en "riesgo extremo" para contar su modo de vida
Todo lo que alcanza la vista en Cazalilla (Jaén) son colinas repletas de olivos. Se mire a donde se mire. Excepto en lo alto de una de las montañas donde se levanta este pequeño pueblo de la campiña jienense de algo más de 700 habitantes. Nada más llegar, el olor a aceite puro impregna sus calles y los sentidos de quien lo visita.
Este pequeño pueblo es uno más de los 97 que tiene Jaén, a una media hora de la capital. Y, como el 75% de las localidades de la provincia, está en riesgo de despoblación. Pero con una peculiaridad, es uno de los cinco municipios que está en "riesgo extremo", según el último informe de la Junta de Andalucía sobre la estrategia para hacer frente al desafío demográfico.
"Aquí vivimos del olivar", resume su alcalde, Jesús Raya. "El 80% de la población trabaja todo el año de este sector, eso ayuda a no perder más población", explica mientras pasea con RTVE Noticias por el pueblo.
Como Cazailla hay otros 73 pueblos en riesgo, según la Junta, que apunta a distintos parámetros para calificar el nivel de peligro como es tener una densidad de población inferior a 20 vecinos por kilómetro cuadrado, una tasa negativa de crecimiento demográfico, el índice de envejecimiento superior al 200%, una tasa migratoria negativa o que la edad media de la población supere los 50 años. Según las apuntan instituciones como el INE, si no se consigue frenar este problema, se podrían perder unos 45.000 habitantes en los próximos 15 años en la provincia.
Un antiguo cuartel de la Guardia Civil como vivienda asequible para atraer habitantes
Para fijar habitantes y frenar la sangría de despoblación, el ayuntamiento de Cazalilla ha apostado por rehabilitar antiguos edificios municipales y construir viviendas asequibles. Uno de esos edificios es el antiguo cuartel de la Guardia Civil del pueblo, que ahora abre dos días por semana y en otro edificio municipal más adaptado a sus necesidades. De ahí se han sacado cuatro viviendas de más de 100 metros cuadrados y dos o tres habitaciones. Para acceder a ella va a haber dos requisitos imprescindibles: que sea primera vivienda y que se empadrone en el municipio. "La idea con eso es fijar o aumentar la población", añade el alcalde.
El alcalde de Cazalilla (Jaén), Jesús Raya, muestra el estado del antiguo cuartel de la Guardia Civil, ahora en obras para habilitarlo como viviendas JUANMA CUÉLLAR / RTVE NOTICIAS
Pero aunque ellos aumenten la oferta de vivienda no todo queda ahí y desde el ayuntamiento piden al resto de instituciones mayor implicación, sobre todo en la ayuda a mejorar la conectividad en la zona. "La conexión a Internet en el mundo rural no es tanto como se nos vende. Lo sufrimos la administración y los vecinos", añade Jesús, que instantes antes ha visto como ha venido el administrativo del ayuntamiento y ha dicho que paraba de hacer las transferencias que tenía pendientes porque la conexión no funcionaba bien. "Mucha gente viene a los municipios para buscar tranquilidad y para teletrabajar, y si no hay conectividad y no hay conexión, es un factor muy importante", añade el máximo responsable del consistorio.
Mejorar la conexión, una medida con la que "ganan todos" y se podría fijar población
"Si hubiese mejor conexión en el mundo real ya sería una guinda y lo tendríamos todo en los pueblos: tranquilidad, calidad de vida y conectividad para que cualquier persona pudiese trabajar desde su casa. Al final con eso ganamos todos. Gana el Ayuntamiento, gana la localidad con esa fijación de población y gana el vecino que puede trabajar tranquilamente sin miedo a que se caiga la red y venirse aquí en busca de calidad de vida", zanja.
Sin embargo, para los vecinos del pueblo el horizonte es complicado. "Aquí es muy difícil ganarse la vida porque no hay mucho trabajo y luego hace falta más gente, ya no solo en la agricultura, si no también en la construcción o en otros trabajos", explica Manuel Jiménez, un agricultor de 47 años "nacido crecido y vivido en Cazalilla" que cree que también falta gente con "experiencia profesional". "Para trabajar un olivar como este necesitas aprender durante toda la vida", resume.
Manuel Jiménez observa sus olivares con su tractor de fondo con el que trabaja la tierra JUANMA CUÉLLAR / RTVE NOTICIAS
"Explicar nuestro futuro es muy difícil porque es negro, muy malo", se lamenta Manuel, que atiende a RTVE Noticias al lado de su tractor en uno de los olivares que tiene. "El problema que tenemos es que la gente es muy mayor y la gente de mi generación o de otras más pequeñas se han ido fuera del pueblo. Además, tenemos problemas de vivienda. Compañeros de la cooperativa que quieren comprar casas para gente que viene de fuera a trabajar durante la campaña no puede y entonces no tenemos dónde alojarlos. Si no tienes donde alojarlos, no los puedes traer y si no los puedes traer, ¿quién coge el producto o quién echa raíces aquí?", se pregunta antes de pasar su tractor por el olivar.
Sin cantera, con falta de profesionales y sin mucha vivienda: "El futuro es negro"
Según este agricultor ya no hay "nada de cantera". "No sé quién se va a dedicar a esto en 15 o 20 años. Para solucionar este problema de despoblación habría que haber tomado medidas hace 20 años, para que el relevo ya estuviera aquí. El problema es que llevamos 30 años sin relevo y el problema ya está aquí. Nos vamos apañando con gente de fuera, de Senegal principalmente, pero no es suficiente", reflexiona. "No son gente experimentada, aunque sean muy buenos. No dejan de ser obreros y un obrero no puede hacer lo que hacemos los autóctonos de aquí de momento porque el campo es un aprendizaje de muchísimos años y funciona con gente con mucha experiencia, y no la tenemos", comenta.
En algunas zonas de Jaén se han empezado retirar algunos de los millones de olivos que hay y se están sustituyendo por plantas fotovoltaicas. Pero eso, avisa este agricultor jienense, no es la solución contra la despoblación. "Mi empresa en campaña podemos estar dando alrededor de 1500 o 2000 jornales durante cinco o seis meses que dura la campaña. Eso es mucho dinero. No sé yo si las placas solares darían tantos trabajos y mano de obra. Ese proyecto sería la despoblación total en poco tiempo", resume antes de recoger sus aperos del tractor y marcharse a su casa a comer.
Un único bar porque las "cuentas no salen" para dos
Algunos como Manuel optan por comer en su casa, otros lo hacen en el único bar del pueblo. Su dueño, Francisco José, de 50 años, antes tenía dos bares, ahora ya solo regenta 'Los Arcos'. "Las cuentas ya no daban para tener dos, soy uno de los que más nota la despoblación. Por el negocio, no por otra cosa, pero bueno aquí estamos", responde sin perder la sonrisa mientras sirve los últimos cafés del día y anima a vivir al pueblo "a todo aquel que sea buenecillo, como nosotros". "Aquí hay una tranquilidad que no se encuentra en otros lados", avisa como si fuese el mejor vendedor inmobiliario de la comarca.
"Estamos abandonando los pueblos y algún día nos acordaremos. Yo no me voy ni muerto de aquí", avisa. "Lo único que pido es que se venga gente también", añade.
Entre sus recetas tiene una para frenar la despoblación. "Aquí creo que hacen falta más puestos de trabajo. Habría que intentar que esta comunidad reparta un poco también de industria a los pueblos chicos para que la gente no se tenga que ir, porque estamos poca gente y esto cada vez va más para abajo desgraciadamente, pero lo primero que tenemos que hacer es intentar que los que viven aquí se queden y nuestros hijos decidan vivir aquí", explica Francisco, padre de dos hijos de 20 y 25 años, y que está orgulloso de haber conseguido ya que uno se quiera quedar.
Francisco Javier, el dueño del único bar de Cazalilla, Jaén, sirve un café JUANMA CUÉLLAR / RTVE NOTICIAS
"Y después hay que crear puestos de trabajo, como sea, hacer una fábrica o lo que sea. Yo entiendo que estén todas en las capitales, pero están cargándose todo el Estado. El Gobierno tendría que crear fábricas en los pueblos pequeños", añade al recetar su particular menú para frenar la despoblación.
Cuando Francisco cierra 'Los Arcos' su clientela "le masacra", dice entre risas. "Ojalá y pudiera haber dos bares y alternarnos y cuando cierra uno abre el otro, pero desgraciadamente no hay para dos bares", se lamenta. Y un bar sin pueblo no es "nada", no es más que un símbolo de un presente y futuro marcado por la despoblación. Esa que afecta con tanta fuerza a Jaén.