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Casetas privadas, trajes 'de gitana' y rebujito: la evolución de la Feria de Abril hasta la actualidad

  • En su siglo y medio de historia, sus principales símbolos han ido configurando la feria de hoy
  • Este miércoles es festivo local, un día de gran afluencia en el Real de los Remedios
Sevilla aumenta el recinto ferial para dar cabida a doce nuevas casetas
Antonio Torné*

La Feria de Abril afronta este miércoles una jornada con enorme afluencia por las calles del Real. Cientos de miles de visitantes ocupan su geografía, en el barrio de Los Remedios, desde el inicio de la tarde para aprovechar un festivo local muy reciente, antes asignado al 30 mayo en honor al patrón de la ciudad, el rey San Fernando.

Aún no se ha alcanzado el ecuador de la Feria y los sevillanos, como tradición ya consolidada después de un siglo y medio de existencia, acuden de forma masiva a disfrutar de una semana marcada en rojo en su calendario. Otro año más, la idiosincrasia que la caracteriza atrae la mirada de propios y extraños: sus casetas de lona, el baile por sevillanas, los trajes 'de gitana' y el vino manzanilla o su preparado con mezcla, el rebujito.

De estrenarse con 25.000 visitantes, en 1847, a rondar los tres millones en su última edición, la Feria de Abril de Sevilla ha cosechado en este tiempo una proyección a escala nacional e internacional, en paralelo a la consolidación de esta identidad tan suya. En este festivo local, repasamos en RTVE Noticias los símbolos que han configurado su personalidad.

¿Por dónde empezamos? Dónde sino... por la portada

El Pabellón de Portugal de la Exposición Iberoamericana de 1929, con detalles decorativos de la boda de Carlos V e Isabel de Portugal de cuyo enlace —en Sevilla— se cumple medio milenio, recrean este año una portada que ha marcado, con su ‘alumbrao’, el inicio de seis días de celebración.

No está entre los elementos más destacados al hablar de la identidad de la Feria, pero tiene gran arraigo entre los sevillanos. La primera vez que la fiesta hispalense contó con una puerta de entrada al Real fue en 1896. No se ubicaba en el recinto que hoy ocupa, sino en el llamado Prado de San Sebastián, que se sitúa a las espaldas del Real Alcázar.

Tampoco era una portada al uso, utilidad dada por la sociedad sevillana a una pasarela peatonal que comunicaba la calle San Fernando con la Feria. No sería hasta 1949 cuando el Ayuntamiento fijó la obligación de levantar "una gran entrada" al Prado.

Una vez se accede al Real por su acceso principal —hay decenas de posibilidades más— existe toda una geografía extensísima por la que perderse. Una quincena de calles dedicadas a figuras del toreo puebla su mapa, abarrotada de casetas y coloridos farolillos. Fabricados en papel, tienen sus antecedentes en 1877 cuando se decidió colocar un diseño de farolillos por la visita de la reina Isabel II. Estos elementos decorativos no solo iluminan las calles, también dan luz al interior del más de un millar de casetas que los sevillanos ocupan estos días.

Las casetas, un espacio privado

Una particularidad que la feria sevillana presenta es la privatización de su espacio público. Aunque las casetas de libre acceso suelen ser más amplias que las privadas, la proporción cae a estas últimas con una diferencia abultada: del millar, menos de una veintena son de carácter público.

Este corte cerrado tiene su explicación en la historia. Fue en 1850 cuando Antonio de Orleans, duque de Montpensier y residente del palacio de San Telmo —actual sede de la Presidencia de la Junta—, instaló en el Real la primera caseta privada. Una decisión secundada luego por personalidades de la clase nobiliaria y alta.

Este origen clasista se matizó en el momento en el que el propio Ayuntamiento comenzó a regular el reparto del espacio, según explica a RTVE Noticias Cristina Cruces, catedrática de Antropología Social de la Universidad de Sevilla. Las listas de espera para poseer una caseta son públicas y no se segmenta su asignación en función de la condición social, mantiene.

De acuerdo con la antropóloga, este modelo cerrado tiene en frente a aquellos que censuran una apropiación del espacio público "que distribuye la capacidad de entrar en la fiesta de forma no neutral". Sin embargo, aquellos que apuestan por este formato, dice, consideran que las casetas representan "espacios de confianza donde se refuerzan vínculos amistosos, familiares, profesionales". Y añade que este formato contribuye a que la Feria "no se convierta en otro parque temático más" repleto de turistas.

Cristina Cruces sí precisa que la mayoría de las casetas del Real son de carácter popular. "Tener una caseta implica gasto", dice, y recuerda que "no es una posibilidad que todo el mundo tiene". Pero puntualiza que, a pesar de esto, muchos hacen esta inversión porque les compensa, "así como otros destinan ese dinero al fútbol" o a otro tipo de entretenimiento.

En su valoración, ahora la pregunta es "qué pasa con la gente que viene de fuera de Sevilla a vivir y que no tiene la tradición ni la participación en la fiesta". Por ello, apunta que "uno de los retos que vamos a tener es cómo hacer una feria más abierta", en la que criterios culturales de identidad y tradición puedan ser "efectivamente integradores" de esa diversidad.

Las sevillanas y el traje 'de gitana': una simbiosis inseparable

Ya descrita la idiosincrasia de las casetas, vamos a la coreografía que se reproduce sobre todo en su interior, las sevillanas. La estructura original de su música, aún en el siglo XV, se inspira en las seguidillas castellanas. En la Feria donde se acuñó su nombre, hombres y mujeres repiten sus cuatro pasos con una desenvoltura diferente. La melodía de sus temas transita desde el amor a la amistad, con muchas canciones dedicadas a Sevilla y sus tradiciones. O también a romerías como la del Rocío de Huelva.

Trajes de flamenca y uñas: la feria de Abril desborda los negocios con los últimos preparativos

Pero hay un elemento fundamental sin el que las sevillanas, y tampoco la Feria de Abril, se podrían entender: el traje de flamenca o, también llamado, 'de gitana'. Una comunidad íntimamente ligada al folclore y la identidad cultural de Andalucía. Esta característica vestimenta, hoy aupada como referencia de moda, está vinculada históricamente a las batas de faena que, antaño, usaban las mujeres de los tratantes de ganado para acudir a las ferias del sector.

La razón por la que el traje de flamenca también es reconocido como 'de gitana' es que campesinas y, también, mujeres de este pueblo, eran quienes sobre todo empleaban aquellas batas de faena para acompañar a sus esposos, entonces con volantes y bordados de colores. Estas prendas evolucionarían y llamarían la atención también de la alta sociedad. La Exposición Iberoamericana de 1929 oficializó este traje como el atuendo típico para esta fiesta.

Y el rebujito, un clásico de la Feria

Ya hemos cubierto casi el itinerario por la estética y costumbres de la Feria. Todavía queda por mencionar el rebujito, un preparado de vino manzanilla y gaseosa de lima o limón que se asocia con estas fechas. Tiene como antecedente el Sherry Cobbler, un cóctel con vino de jerez, hielo y fruta que triunfó en el siglo XIX en Estados Unidos.

La primera feria en la que se popularizó el rebujito que hoy se consume, entre las décadas de 1980 y 1990, fue la de Abril de Sevilla, cuenta a RTVE Noticias Álvaro Alés, Director Global de Marketing de Bodegas Barbadillo.

No obstante, Alés señala que muchos visitantes a la Feria de Abril también consumen el vino sin mezcla. Una proporción, entre estos puristas y los que beben el preparado completo que varía en función del clima. Y es que aumenta la demanda del rebujito, dice Alvaro Alés, "cuanto más calor hace".

Todo este conjunto de símbolos y tradiciones constituyen los elementos más reconocibles de la Feria. En este recinto, un número nada desdeñable de sevillanos se aposenta esta semana y pone a prueba su cartera y su propia biología. Una de las dos fiestas mayores de la capital de Andalucía—la otra es la Semana Santa— que, tanto fuera como dentro de la ciudad, muchas personas no quieren perderse... si pueden.

*Antonio Torné es alumno del máster de Reporterismo Internacional de la UAH con el Instituto de RTVE. Este artículo ha sido supervisado por la redactora jefa de Sociedad, Ana Bravo.