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Las Pozas de Villalar: de vertedero a laboratorio de insectos al aire libre

  • La parcela se ha renaturalizado y convertido en una reserva de biodiversidad
  • La Asociación Española de Entomología ha reconocido este proyecto único en Castilla y León
La reserva de insectos que nació de una escombrera
Alejandra Abad (RTVE Castilla y León)

Enfilamos la carretera de Villalar de los Comuneros en Valladolid en las vísperas del 23 de abril. Pero no vamos a su campa, que podría ser, sino a la búsqueda de una parcela. De ella sabemos que está a la salida del pueblo, “cerca de las piscinas” nos ha indicado el alcalde por teléfono. Y que acaba de ser declarada "Reserva Entomológica". Poco más. Tirando de diccionario concluimos que es una reserva para insectos, pero el comentario de un vecino acrecienta nuestra curiosidad. Al bajar del coche nos recibe un cartel, que adelanta parte de su valor: hasta hace cinco años este lugar era la escombrera del pueblo.

Lo primero: limpiar de escombros el viejo humedal

Hoy Las Pozas de Villalar vuelven a tener agua, fluye por uno de los vasos del antiguo humedal. Hace décadas cuando la tierra era más esponjosa, este rincón era lugar de ocio para los vecinos del pueblo. Libélulas, ánades, pollas de agua, ranas, sapos… la fauna ligada a los medios acuáticos en Castilla y León ha retornado hasta aquí después de un doble proceso; primero limpiar, luego restaurar. “Esta era la escombrera más pequeña, pero la más próxima al pueblo”, nos cuenta el alcalde, Luis Alonso Laguna. “La gente tenía por costumbre dejar aquí los restos de las obras o cualquier otro objeto que le estorbara en casa. ‘Lo llevo a Las Pozas’, decían. Esto en un siglo, será también un yacimiento arqueológico para excavar”.

Las pozas de Villalar: de escombrera a reserva de insectos

Una excavadora vacía la escombrera que se convertirá en laguna

Se retiraron escombros y basura; se llenaron varios contenedores con ayuda de palas excavadoras. “Salían botellines de bebida de todo tipo. Es curioso, pero casi podríamos haber hecho una catalogación antropológica sobre estos envases a lo largo de la historia”, bromea Fernando Blanca, uno de los padres científicos de esta reserva, y al que el cazamariposas que lleva enganchado en el cinturón le delata como naturalista. “Se retiraron los escombros, se limpió y simplemente por el nivel freático esto volvió a alcanzar el esplendor de agua que debería tener”.

Las pozas de Villalar: de escombrera a reserva de insectos

Imagen de uno de los vasos de la laguna

Y se siguió por intentar recuperar el suelo, la vegetación, como primer paso para atraer a quienes habían sido sus moradores. “Esto es ensayo error, también nos hemos dado algún batacazo”, reconoce Blanca. “Como esto es un espacio degradado, cuando hemos removido la tierra, hemos despertado el banco de semillas que estaba antes aquí, por eso veis tantos cardos. Las flores que nosotros sembrábamos no han funcionado, pero han despertado las flores que estaban dormidas en Villalar. El cardo es una planta adventicia que lo que quiere son espacios degradados”.

Las orquídeas vuelven a Villalar

Entre cardos y arbustos, también han empezado a crecer plantas autóctonas. De color verde y con flor en forma de zueco púrpura, son los 'conejitos o zapatitos de la Virgen', identifica Blanca. Y a unos metros tan solo, señalizadas con un palo de plástico para que no se pisen, están las hojas de unas incipientes orquídeas. “Han vuelto las orquídeas a Villalar. Nos ha hecho mucha ilusión porque cuando pensamos en orquídeas parece que es una planta que crece en espacios de naturaleza prístina o en grandes bosques húmedos, pero Villalar también tiene sus orquídeas”.  Y éstas han evolucionado hasta el extremo de asemejar su aspecto al del insecto con el que interactúan. “Se las llama orquídeas abeja porque los pétalos de la flor simulan el cuerpo de una abeja. Cuando el macho se posa encima para procrear le pega su polen y es la forma que tienen de polinizar. Es un engaño maravilloso”.

Las pozas de Villalar: de escombrera a reserva de insectos

Detalle de la 'orquídea abeja'

Hoteles para insectos: la importancia de los polinizadores

A estas alturas del paseo ya hemos entendido que el término “reserva para insectos” se queda corto. Blanca nos regala otro, “esta parcela demostrativa es un laboratorio al aire libre”, y estamos a punto de comprobarlo. Colgada de un marco de madera, recoge algo parecido a una casita con el frente lleno de pequeños agujeros del tamaño de un garbanzo. Son hoteles para insectos. “Estamos viendo cómo favorecer en el medio agrícola a los insectos polinizadores silvestres que tienen una importancia capital para los cultivos. Para eso instalamos estaciones de monitoreo como éstas. Las abejas entran en esas pequeñas celdas hasta el final de un tubo de igual diámetro. Allí depositan polen, néctar y un huevo, y cierran la celda. Así van haciendo diferentes celdas, diferentes compartimentos. Primero van a nacer los machos, después de las hembras y van a ser muchas de las especies de abejas silvestres que van a poder polinizar nuestros cultivos”.

No es que las abejas no sepan encontrar un hueco para la cría, es que el propio paisaje agrícola se ha simplificado de tal forma que no hay setos, no hay linderas, no hay árboles que es donde ellas inicialmente lo iban a hacer. Ofrecerles una “vivienda” y un “entorno” amable es garantizar su subsistencia y la nuestra. Y Blanca nos da la clave, “en Europa el 80% de los alimentos que se cultivan en la tierra son gracias a la polinización. El problema es que, muchas veces, cuando pensamos en la polinización sólo pensamos en la abeja de la miel, y en realidad tenemos muchas especies de polinizadores en Castilla y León (1.200 en España). Y son tan importantes, que hay cultivos que sólo los puede polinizar un tipo de abeja silvestre o un tipo de mariposa. Y eso es capital poder estudiarlo”.

Proyecto pionero en Castilla y León

Cuando llevamos un rato observando lo pequeño y escuchando su voz, distinguimos a lo lejos el croar de un sapo. “Ya están haciendo de las suyas”, confirma Blanca. No lo vemos, pero el sonido emana de un grupo de juncos, altos y con una cresta de pelusas. “Son carrizos”, añade. “El gran estudio técnico que estamos haciendo aquí es ver cuando tienes un espacio muy degradado como la escombrera y consigues que poco a poco se vaya 'reasilvestrando', renaturalizando, qué es lo que pasa: cómo se incorporan las abejas, como se incorporan las mariposas, las aves.

El alcalde de Villalar, que nos ha acompañado también en la visita, asiente a todo lo dicho, y añade: “Este proyecto regenera lo que teníamos. Se inspira en la ley de restauración natural que aprobó Europa en 2024, que obliga a los estados miembros a restaurar el 20% de los ecosistemas degradados antes de 2023.  No tenemos constancia de que se esté haciendo en otro sitio otra acción igual ligada a la recuperación de una escombrera”. Blanca apostilla, “es la primera reserva entomológica de España que nace en un espacio degradado y en un ambiente de cultivo”.  

Las pozas de Villalar: de escombrera a reserva de insectos

Detalle de una abeja posada sobre el micrófono de la cámara de TVE

Después de cinco años de trabajo intenso entre el Ayuntamiento de Villalar de los Comuneros y el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), Las Pozas han obtenido la declaración de Reserva Entomológica de la Asociación Española de Entomología. “No es un acotamiento abandonado, todo lo contrario. Esto es una fábrica de insectos tan necesarios para polinizar nuestros campos. Esto se quedará pequeño en unos años”

Mientras terminamos la grabación una abeja silvestre se posa sobre el micro de la cámara, el que recoge el sonido ambiente. Hemos dejado de ser extraños, o no tanto. No podemos evitar la foto, congelar el momento. Aquí la vida vuela y completa sus círculos; pequeños, pero enormemente necesarios.