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Cierra 'Sesión Continua', el mítico videoclub de Valladolid

  • El barrio de La Rondilla se quedará huérfano este verano de uno de sus pilares sociales después de 40 años
  • Miguel Garrido, el propietario del local, se jubila y el traspaso del negocio no es viable
Valladolid pierde el penúltimo de sus videoclubs: "La jubilación se impone"
Gabriel González / RTVE Castilla y León

El Sesión Continua ha sido una institución en el barrio vallisoletano de La Rondilla. Sin embargo, su historia se acaba. No es un final trágico, tampoco triste “pero toca jubilarse después de 40 años”, cuenta Miguel Garrido, propietario de este y otros cuatro videoclubs en Burgos y Valladolid.

En los mejores momentos de su negocio llegaron a tener cerca de 20 empleados: “éramos una familia” destaca con orgullo. Siempre de la mano de Pilar, Miguel dirigió el Sesión Continua como el mejor pasatiempo que se puede tener cuando tu trabajo es tu pasión.

Este verano echará el cierre definitivo, dejando solo un videoclub en Valladolid, el último superviviente.

Caricatura de Miguel Garrido, propietario de Sesión Continua

Caricatura de Miguel Garrido, propietario de Sesión Continua

El mejor consejero de sus vecinos

El Sesión Continua era mucho más que un negocio. Miguel está convencido de que se trataba de un centro social: “Lo más bonito era ver que las familias salían juntas de aquí. Se encontraban y quedaban para tomar una caña”.

Más que dependientes, él y sus empleados eran consejeros. “Cuando alguien venía, sabíamos qué película darle para el fin de semana. A veces no tenían ni que preguntar”, cuenta. Se trataba de una relación con el cliente de las que casi no quedan. Porque al videoclub se iba a alquilar experiencias, más que películas. Y se hacía en una época (no tan lejana) en la que la sociedad no estaba tan saturada de contenido, y en ocasiones, la última película de Bruce Lee daba para meses de debate “Nos pasábamos las tardes hablando de las películas con los clientes”.

Auge y declive del videoclub

Aunque el Sesión Continua tenía más peso que otros locales de su sector, no se libró de los problemas que han dinamitado el negocio.

Miguel Garrido recuerda cómo el alquiler de películas “se disparó cuando se abarataron los aparatos en los 90”. Hasta entonces los reproductores de VHS (JVC) y Betamax (Sony), eran muy costosos y eran pocos los que podían acceder a ellos: “nuestros grandes clientes eran cafeterías y pubs”. Sin embargo, una vez que se democratizó su uso, cada vez más personas empezaron a ser clientes habituales del videoclub de La Rondilla, “era como meter el cine en casa”. El despegue definitivo llegó ya avanzados los años 2000, con un elemento que a la postre sería también el certificado de defunción de este negocio: el DVD.

Estante con películas clásicas

Estante con películas clásicas Sesión Continua

El DVD fue una auténtica revolución, y un salto de calidad notable. La experiencia de visionado se acercaba cada vez más a la de las salas de cine, y eso motivó que más personas acudieran en masa a hacerse socios del Sesión Continua.

Sin embargo, al mismo tiempo avanzaba la informática de andar por casa, y ya cualquier persona con un ordenador podía replicar las películas en un DVD virgen por apenas unos céntimos. La piratería había llegado “no podíamos competir”.

Ese fue un golpe muy duro, que llegó poco después del auge de las televisiones privadas. También ellas, con su programación rompedora hicieron que se perdiera poco a poco el interés en alquilar películas. Pero el golpe definitivo ha venido con el auge de las plataformas de suscripción. Nos hemos acostumbrado a consumir contenido a golpe de clic, previo pago periódico, a costa del material audiovisual más trabajado.