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Keko: "El blanco y negro me da todas las herramientas que necesito"

  • El dibujante recopila sus trabajos en solitario en Todo al negro (1985-2012)
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En la portada de un cómic, un personaje enmascarado con esmoquin se apoya en una rueda de la fortuna iluminada, mientras un gato descansa plácidamente.
Detalle de la portada de 'Todo al negro' 5

Gracias a la Trilogía egoísta (2014-2021), con guion de Antonio Altarriba, y Contrition (2023), junto a Carlos Portela, Keko (José Antonio Godoy Cazorla), es uno de los dibujantes españoles más admirados y premiados de Europa. Y, coincidiendo con su cuarenta aniversario en el mundo del cómic, llega a las librerías un recopilatorio de sus primeros trabajos en solitario: Todo al negro (1985-2012), que recoge desde sus primeras historietas en la revista Madriz hasta la genial novela gráfica La protectora.

“Echar la vista atrás tiene sus cosas buenas y malas –asegura Keko-, pero cuando el resultado es un libro tan bonito como este merece la pena. Hay algunas historias que no se habían vuelto a publicar desde los años 80 o 90. Yo tengo digitalizado todo el material, para alguna recopilación que hizo Paco Camarasa, y solo ha habido que ajustar algunas cosas como textos, rotulación… y hacer ese estupendo trabajo de diseño de Norma que ha dado como resultado un libro precioso de más de 400 páginas”.

En cuanto a lo que más le ha llamado la atención de volver al pasado, Keko nos confiesa: “Al ver estas historias con perspectiva, se puede ver muy bien mi evolución como dibujante, desde esas primeras historias publicadas en la revista Madriz en 1985, pasando por mi primer álbum en solitario, La isla de los perros (1986), y llegando a La protectora (2012). Es una evolución brutal, no solo a nivel gráfico, sino también literario”.

“Aunque –añade el dibujante-, creo que podemos encontrar una coherencia en todo el tomo gracias a ese uso del blanco y negro y el gusto por historias con un tipo de atmósfera muy determinado. Pero hay que recordar que este volumen solo recoge mis historias en solitario, no las que he hecho junto con grandes guionistas. Este libro es un fresco de lo que ha sido mi evolución como artista durante todos estos años”.

Página de 'Todo al negro' (Norma)

“Trabajar con colores me da mucha pereza”

El libro nos muestra también el camino de Keko hasta convertirse en uno de los grandes maestros del cómic en blanco y negro: “Siempre cuento, mitad en broma, mitad en serio que tengo un problema visual que afecta a muchos hombres, que es el daltonismo y que en mi caso es bastante acentuado. Pero es que, además, trabajar con colores me da mucha pereza”.

”Lo primero –añade-, porque la mayoría de las veces no lo necesito. El blanco y negro me ofrece todas las herramientas que necesito para contar una historia, crear atmósferas y diseñar unos personajes. Solo he usado algunos toques de color para dar énfasis o señalar algunas cosas, siempre de una manera narrativa. Nunca lo uso para adornar. De hecho, cuando hago algo a color por encargo, siempre lo dibujo en blanco y negro y luego pongo el color, que para mí es casi un pegote. Si quitas el color a las pocas historias en las que lo he puesto siguen funcionando perfectamente en blanco y negro”.

Un blanco y negro que también es fruto de su admiración por algunos autores míticos del cómic: “En este cómic, el lector avezado podrá ver que en mis primeras historias hay mucha influencia de Yves Chaland (Freddy Lombard), lo que puede parecer una contradicción porque es uno de los maestros de la línea clara. Pero en los años 80 cuando la “línea clara” del cómic francobelga y la “chunga” del underground, parecían antagónicas, yo estaba en medio. Amaba tanto a Gallardo y Martí, de El Víbora, como a los francobelgas”.

“Y, por supuesto, algunas de mis mayores influencias son Will Eisner (The Spirit), Alberto Breccia (Mort Cinder), Charles Burns (Laberinto) y, quizá por encima de todos, José Muñoz (Alack Sinner). Pero también me ha influido mucho el cine negro. Una cosa buena que había en los ochenta es que, por aquello de la posmodernidad, todo valía, y algunos hicimos un revoltijo de cosas de alta y baja cultura. Para mí fue algo muy estimulante creativamente”.

Una curiosidad es que Keko ha dejado fuera algunas historias que hizo en color durante este periodo. “Al principio tenía dos historietas de seis páginas que se publicaron en sendos almanaques de Edicions de Ponent. Me gustan mucho e incluso pensé en publicarlas en blanco y negro haciendo un poco de trampa, pero pensé que iban a ser un pegote y me iban a fastidiar el título del libro, ese Todo al negro. He tenido que hacer un pequeño sacrificio”.

Prueba de que Keko es un maestro del blanco y negro es que vemos una evolución desde ese blanco y negro puro a otro en el que parecen aparecer los grises. “Ese todo al negro –nos comenta- también es una especie de metáfora con la luz y la oscuridad. Pero la realidad no es siempre en blanco y negro sino que tiene muchos matices grises. Y cuando mi estilo ha ido creciendo, he encontrado esos grises que, si te fijas, no son realmente manchas de grises sino rayas negras en forma de tramas. Así que, en el fondo, las historietas siguen siendo en blanco y negro, con esas rayas que componen sombras y medias sombras”.

Página de 'Todo al negro' (Norma)

Las estéticas retro triunfaron en los ochenta

A Keko le encanta la estética rockabilly y los trajes, los coches… de los años 50. “Soy hijo de los 80 y, aunque ahora se habla mucho de lo retro, fue en esa época cuando realmente ese gusto por esa estética tuvo un gran impacto. Y eso se notó también en los cómics, sobre todo en la escuela francobelga. Ese gusto por el retrofuturismo, los coches voladores que conducía un señor con tupé”.

“Aunque mi gusto por esa época y esa estética –añade-, me viene más del cine que del cómic o de la parte musical. Es verdad que la música que me gusta es la que se compuso entre los años 20 y los 60 del siglo XX, pero la estética me la inspira el cine. De joven me pasaba la vida en la Filmoteca, en los Cine Estudios… sobre todo viendo cine policíaco. Y todo eso caló muchísimo en mí, incluso en mi forma de vestir”.

“Hay una palabra muy pedante que a mí me gusta mucho: ‘euritmia’, que es cuando todo, forma un conjunto estético armónico y bello. Y creo que los años cincuenta eran así estéticamente. Aunque luego, bajo la superficie, la realidad era horrenda, porque fue la época de la Guerra Fría, de la caza de brujas… Mientras la naciente publicidad lo pintaba todo de felicidad. Fue una época muy oscura pero ese contraste entre la realidad y la fantasía me gusta mucho”.

Esa dualidad del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor, está presente en muchas de las historias de Keko. “Eso me viene un poco de la época victoriana (1837-1901) y de esa idea de progreso y civilización que se respiraba en las novelas de la época. Una época donde también había un salvajismo extremo. Por ejemplo, en El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad, 1899), donde bajo la fachada de la civilización y del progreso se escondía la atrocidad de la colonización, de las barbaridades que se hicieron en África en nombre del hombre blanco y del progreso. A mí siempre me ha gustado mucho la literatura de esa época”.

De hecho, su primera historia larga, que está incluida en este tomo, se inspira mucho en Conrad: “Si, La isla de los perros (1986) se inspira en El corazón de las tinieblas”, confiesa Keko.

Página de 'Todo al negro' (Norma)

“Cuando llegué a la revista ‘Madriz’ tenía muy poca vergüenza”

Sobre sus inicios en 1985, Keko nos confiesa: “Cuando llegué a la revista ‘Madriz’ tenía muy poca vergüenza. Seguramente ahora no me habría atrevido, porque yo no tenía un rodaje previo en fanzines ni en publicaciones profesionales como los grandes artistas de la revista, como Carlos Giménez, Juan Giménez o el Cubri. Pero Felipe Hernández Cava confió en mí a pesar de lo verde que estaba. Cuando veo mis páginas entre las de esos grandes artistas me siguen chirriando. Yo siempre digo que la revista Madriz fue mi fanzine”.

Tras esas primeras historietas de la revista Madrid y La isla de los perros, el tomo incluye la historia 4 botas, con la que Keko consiguió, en 2003, el premio a la mejor obra nacional del Salón del Comic de Barcelona. La única obra de este cómic que incluye el color. “Los bitonos siempre me han gustado, porque son como un homenaje a los tebeos antiguos que, por pura pobreza, no podían ser publicados a todo color. En aquella época había visto las cosas tan bonitas que hacía Gallardo, que para mí ha hecho los bitonos más espectaculares de la historieta moderna, y yo estaba obsesionado con él”.

“Además –continúa-, yo quería que ese color rojo jugará un papel claramente narrativo. Fue un experimento para lo que luego desarrollaría con Altarriba en la Trilogía egoísta. 4 botas es una mirada muy irónica y sarcástica sobre la nostalgia y el color también me servía para resaltar eso”.

Y si 4 botas nos advertía del fascismo que estaba por venir, Keko también fue pionero en advertir sobre la violencia machista en sus historias cortas: “En aquella época no se hablaba sobre ella –nos explica-. No había leyes específicas ni era algo de lo que se hablara socialmente fuera de las páginas de sucesos. Pero, como decía antes, para mí, bajo esa fachada de felicidad hogareña, había cosas muy oscuras, mucha turbiedad y mucha violencia extrema. Y eso me llevó al tema del machismo, que está presente en varias historias”.

“Y en cuanto al tema del fascismo –añade-, me pasaba igual. Bajo la apariencia de la democracia y de la civilización se ocultaba la bestia. Por eso en 4 botas jugué mucho con el tema del fascismo. Aparecían esvásticas por todas partes. Y es que, como decía, en la América de los años 50 podíamos hablar abiertamente del fascismo, con esa caza de brujas, los juicios del macartismo y la paranoia anticomunista, que hicieron retroceder los derechos. Fue una época terrible”.

Página de 'Todo al negro' (Norma)

"Los bocetos siempre los he hecho y los seguiré haciendo a mano”

El libro acaba con La protectora, el último cómic con guion y dibujo de Keko y que también fue el primero que hizo en digital. “Incluso cuando hacía cosas analógicas ya pensaba: ¡cómo me gustaría tener una máquina para poder hacer esto!, así que el salto al digital estaba cantado para mí. Aunque los bocetos siempre los he hecho y los seguiré haciendo a mano”.

La protectora es una fabulosa continuación de Otra vuelta de tuerca, de Henry James. “La protectora supuso para mí un espaldarazo crítico tremendo, porque estuve en todas las quinielas de premios, aunque al final no me llevé ninguno. Pero el público es soberano y lo cierto es que no se vendió muy bien. De hecho, me quedé muy decepcionado y desanimado, porque hacer un cómic en España me parecía un esfuerzo ímprobo para tan poca recompensa. Así que estuve a punto de dejarlo”.

Fue entonces cuando apareció Antonio Altarriba con Yo, asesino –nos confiesa-. Solo nos conocíamos de saludarnos en eventos, pero me llamó un día y me dijo: “Tengo una cosa para ti que a lo mejor te gusta”. Y como tampoco tenía muchas otras opciones lo hice y, al final, realizamos cuatro libros juntos”.

“Y cuanto estaba acabando el último –añade Keko-, apareció Carlos Portela con Contrition y fue otro gran aldabonazo para mí”.

Como decimos, gracias a esas obras, Keko es uno de los grandes dibujantes europeos, pero ahora prepara una obra en solitario, catorce años después de La protectora. “Me gusta mucho mezclar los géneros, la impureza, y esta historia es un thriller de espías, pero también tiene elementos fantásticos. Un cómic con una atmósfera de terror, serie B y bajo presupuesto, que es otra de las constantes de mi carrera. Y con personajes que son muy poquita cosa y que solo piensan en sobrevivir, muy alejados de esos otros protagonistas “más grandes que la vida”, de algunas ficciones. No me gusta la palabra pastiche, porque tiene connotaciones muy malas, pero tampoco me voy a enfadar si lo definen así”.

Portada de 'Todo al negro' (Norma) 5