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Emmanuel Carrère: "'Koljós' es la gran historia rusa y la pequeña historia íntima de nuestra familia"

  • Su nuevo libro muestra su lado más tierno y reconciliador sin perder un ápice de fiereza
  • TVE entrevista al escritor francés en su visita a Madrid
Emmanuel Carrère publica su nuevo libro, en el que homenajea a su madre
ANA ROMERO (TD)

Emmanuel Carrère tiene nueva novela, Koljós, un retrato familiar que arranca en el funeral de su madre, Hélène Carrère d'Encausse, la primera mujer al frente de la Academia en Francia, una intelectual, historiadora apasionada de Rusia. Su vida está entrelazada con la de sus antepasados en un recorrido por la historia del siglo XX que nos lleva de Tiflis a París, de la Rusia de los zares a la Ucrania actual. Un libro en el que redescubre la figura de su padre, Louis y en el que lejos de saldar cuentas como hizo en Una novela rusa muestra su lado más tierno y reconciliador sin perder un ápice de fiereza en la escritura en su estilo inimitable. Con este libro, que publica Anagrama, fue finalista del Goncourt y ganó el premio Médicis 2025. Lo ha presentado esta semana en Madrid, en el Instituto francés dónde hemos charlado con él.

PREGUNTA: Hay una frase, que usted recuerda en varias ocasiones sobre el peligro de tener un escritor en la familia. A través del retrato de los suyos usted además se autorretrata.

RESPUESTA: Es un retrato pero también una galería de retratos de personajes principales de mi familia a través de cuatro generaciones, como un narrador pero también como hijo, como nieto, esa frase que yo cito a menudo "cuando hay un escritor en la familia la familia está acabada" tiene algo de verdad, es peligroso escribir sobre los nuestros. Cuando escribimos sobre nuestros padres lo normal es hacerlo cuando mueren, con más respeto y prudencia, cuando no se hace, es porque hay algún tipo de rencor o de resentimiento

P.: En su caso cuenta algunas de las historias que aparecen en "Una novela rusa" muchos años después. Los recuerdos familiares a veces se manosean entre todos, no se si al volver a escribir esas historias de familia, usted ha cambiado o las recuerda de otra manera.

R.: Si, felizmente, el problema es que cuando cuentas algo que ya habías contado, hay un episodio que toca a mi abuelo materno, emigrante georgiano, brillante y sombrío que durante la ocupación francesa fue colaborador con los alemanes, que desapareció durante la liberación, muy probablemente fusilado. Esto lo conté en Una novela rusa, saqué al fantasma del armario para darle sepultura, es algo que hirió profundamente a mi madre que no quería contarlo, era una mancha de vergüenza. Contarlo fue una transgresión y ese libro fue conflictivo, justifica la frase de la que hablábamos antes, al final la familia no explotó. Ahora lo tenía que contar, pero claro, hay gente que no ha leído "Una novela rusa" y no sabía que era peor,si hacer un resumen o repetirme. Ahora 20 años después esa historia la veo desde un ángulo diferente, la cuento diferente, en el fondo, vale la pena volver a contarlo, aunque ese episodio no es el centro de este. Mi relación con mi madre ha cambiado mucho en estos años, el tono, que en esa novela era transgresor y en esta es más calmado, más reconciliador

P.: ¿Más dulce?

R.: Si, no es difícil ser más dulce que en Una novela rusa.

P.: Hay un pasaje en el que decía que tenía miedo del amor que sentía por su madre, en cierta medida ahora parece haber perdido ese miedo.

R.: Sí, mi madre tuvo una muerte admirable, una muerte romana, muy mayor. Afrontó la muerte como alguien que está listo, que la anuncia a sus hijos muy tarde, pasaron 10 días desde que nos lo dijo hasta que sucedió. En ese tiempo yo empecé a escribir, a tomar notas, no tenía la impresión de hacer algo cínico, era como si asistiera a algo que tenía una grandeza especial. Es una muerte que corona una vida, que le da sentido. Todo lo que tenía de problemática nuestra relación esos días desaparece. Es verdad que en la novela cuento que tenía tendencia a mentir, que era dura pero todo eso se cuenta con la luz de su muerte. Ella tenía faltas que eran en realidad encantos. He mostrado mi amor hacia ella con claridad.

El escritor Emmanuel Carrère habla de su libro 'Koljós'

Porta da de 'Kolkhoz', de Emmanuel Carrère. Anagrama

P.: Descubrimos la figura de su padre, como una especie de notario recopilando la historia los antepasados de su madre pero también la ruptura profunda entre ellos como pareja. ¿Cómo se lo habría tomado su madre?

R.: Mal, pero desde el momento que decidí retratarlos no podía convertirlos en santos. Su vida conyugal fue muy difícil, al mismo tiempo estuvieron casados 61 años, algo de amor habría. La vida de mi padre estuvo determinada por el encuentro con mi madre, vivía en su nombre. Yo empecé sin saber como lo iba a contar y al final la figura de mi padre ha crecido, empiezo con esa escena del homenaje nacional a mi madre con Macron haciendo un discurso y toda esa grandeza, que corresponde a mi madre que tenía deseos de gloria, pero termino el libro con la figura de mi padre, un hombre solo que buscaba en los Pirineos el recuerdo de su mujer. Y esto me ha gustado hacerlo, no lo vi venir. Mi padre hizo una auténtica genealogía de la familia de su mujer, con gente que había formado parte de Europa, el era un poco snob, le gustaban los reyes, los condes etc. A mí no me interesaba mucho eso que hacía pero cuando murió vi el resultado de sus búsquedas y era como un regalo con el que podía contar la historia. Es como si el hubiera dado forma al libro, es como si mi madre fuera la heroína de la historia pero mi padre fuera un coautor. Así le muestro un amor que no expresé cuando vivía.

P.: ¿Cómo es su relación con sus raíces rusas ahora mismo después de la guerra con Ucrania?

R.: Rusia es un asunto de familia. Mi madre hija de emigrantes, hablaba ruso antes que francés, era anticomunista y luego se convierte en especialista en la Unión Soviética, se veía como una embajadora que hacía que Rusia conociera a Francia y al revés, era muy sincera en esa misión que se daba. Fue durante tiempo muy indulgente con el poder ruso y con Putin. No pensaba que era un santo pero creía que era un autócrata duro pero que usaría la "real politik" y se llevó una decepción con la invasión de Ucrania que ella ni se imaginaba. Unos días antes de que sucediera la negó categóricamente en la televisión en una entrevista. Se encontró con algo que no comprendía. Estaba enfada de haberse equivocado. Para mi Rusia ha sido muy importante, me gusta su literatura, escribí dos libros sobre el tema, rodé allí una película, lo veía un país brutal, violento, no democrático, pero a la vez romántico, increíble, después de la invasión de Ucrania se muestra el lado más terrible. Y ahora no sé muy bien que está pasando. He ido a Rusia, a Ucrania a Georgia como periodista, y ahora veo algo claro: Rusia es una potencia colonial se comporta así.

P.: ¿Qué significado oculto tiene el título de la novela , Koljós?

R.: Un koljós es la explotación intensiva colectivista de Rusia, ineficaz y tiránico. Mi madre que era especialista en la Unión Soviética nos había explicado lo que significaba pero ella lo usaba cuando éramos pequeños y mi padre se ausentaba por trabajo en otro sentido. Cuando mi padres se iba de viaje con el pretexto de que uno estaba malo por ejemplo nos metíamos en su cuarto, dormíamos con ella, o en el suelo en colchones, todos juntos, y a eso lo llamaba hacer koljós. Es un titulo que cuenta a la vez la gran historia soviética y la pequeña historia intima de nuestra familia, de amor puro.

Mi madre era una mujer divertida, feliz, que nos hacía reír, nos contaba historias, tuve esa suerte y en este libro lo cuento

P.: Hay un pasaje en el que recuerda cómo nadaba hacia su madre de pequeño mientras ella se sentía orgullosa de ese niño, ¿lo estaba también del escritor?

R.: Sí, con todos los malentendidos y dificultades que superamos, tenía el amor de mi madre, orgulloso y que me daba valor. Esa imagen está clavada en mi memoria, es un recuerdo tierno, que me sorprende tener tan presente. No me veo como alguien muy feliz, tengo una buena vida, sin duelos, ni penas pero hay una disposición, independientemente de las circunstancias de la vida, y las mías son ser inquieto, quejarme. Hay gente que es más feliz con la vida, no soy yo. Pero al escribir este libro me he dado cuenta de la infancia tan feliz que tuve, que se torció en la adolescencia, pero me querían mucho, mi madre era una mujer divertida, feliz, que nos hacía reír, nos contaba historias, tuve esa suerte y en este libro lo cuento. Me llegó todo de una forma natural, es un libro de duelo pero lo escribí con facilidad, con una cierta ligereza, con un fondo de tristeza pero dulce, incluso de alegría, me ha encantado escribirlo