Josefa Ros, filósofa: "No podemos confundir aburrimiento con descanso"
- Josefa Ros Velasco, estudiosa del aburrimiento nos aclara conceptos
- Conocer lo que nos nutre profundamente es una reflexión necesaria para evitar aburrirse
Estar aburrido o no tener ni un segundo para aburrirse son dos visiones muy diferentes que conviven en la sociedad con mayor número de opciones de entretenimiento de la historia de la humanidad. Josefa Ros, especialista en el aburrimiento desde un punto de vista multidisciplinar que incluye la filosofía, la psicología, la sociología y la antropología, ha respondido a nuestra petición de aclararnos las dudas sobre este gran tema.
Pregunta: Recuerdo con tedio que en mi niñez detestaba dos momentos. Era horrible cuando tenía que esperar dos horas para bañarme y cuando me obligaban a dormir la siesta. Yo identifico un enorme aburrimiento en esas dos situaciones.
Respuesta: Sí, claro, por supuesto, es aburrimiento, sin más. El hecho de que tú tengas que estar sin hacer nada por obligación, porque te viene impuesto desde fuera, cuando sientes necesidad de estar haciendo algo, eso constituye el aburrimiento: sentir que estás perdiendo el tiempo. Lo que no tengo que hacer nunca es confundir aburrimiento con el estar sin hacer nada por decisión propia. No podemos confundir aburrimiento con descanso.
Josefa Ros Velasco, filósofa experta en el estudio del aburrimiento
P. ¿El sobreestímulo que nos genera tantas opciones de entretenimiento puede estar mermando nuestra creatividad y matando nuestra necesidad de quietud?
R. Claro, claro, eso pasa. Al margen de que nosotros a lo largo de nuestra vida vayamos construyendo ese catálogo de opciones de entretenimiento que más o menos se van fijando en nuestro inconsciente, también tenemos un catálogo de opciones predeterminadas para todo el mundo, que nos vienen dadas por esa industria del entretenimiento masivo a la que hacías referencia. ¿Y qué pasa? Pues que cada vez llenamos más nuestro tiempo con ese tipo de opciones. No las pensamos. Opciones que no requieren pensamiento ninguno, simplemente sirven para ocupar el tiempo, para llenarlo, para matarlo y confiamos mucho en ellas.
Ahora, además, tenemos los algoritmos, que es que ya ni siquiera el cerebro tiene que hacer el ejercicio inconsciente de recurrir a una de las opciones del catálogo. Directamente hay un algoritmo que te está diciendo: 'bueno, pues mira, has terminado de ver esta serie y basándome en tus gustos creo que esta otra te podría resultar de mucho interés y vas a sentir que mientras la ves estás ocupando tu tiempo de una forma satisfactoria'. Sí, es verdad que esto de alguna forma merma un poco nuestra creatividad.
“El aburrimiento es un fenómeno multifactorial, depende tanto de condiciones endógenas que responden a la propia personalidad del individuo, su psique, y de factores exógenos que dependen del contexto“
P. ¿Qué le dirías a una persona que dice que le aburre todo?
R. Bueno, pues aquí hay algo. Hay dos factores importantes a tener en cuenta. El aburrimiento es un fenómeno multifactorial, depende tanto de condiciones endógenas que responden a la propia personalidad del individuo, su psique, y de factores exógenos que dependen del contexto. Una persona que se está aburriendo constantemente, que le aburre todo puede que tenga un problema a nivel endógeno, puede que se trate de un problema que tenga que abordar en compañía de un profesional de salud mental, porque quizá el problema está en esa persona. Quizá el entorno le está ofreciendo infinidad de posibilidades para que se sienta que ocupa su tiempo de manera significativa pero no es capaz de reconocer valor en ninguna de ellas. Entonces, el problema lo tiene esa persona. Esto sucede mucho cuando una persona se enfrenta a un trauma.
Ahora bien, muchas veces podemos sentirnos aburridos constantemente y eso no tiene que ver con que nosotros seamos incapaces de encontrar valor en el entorno. Puede ser que seamos muy capaces de identificar cómo queremos llenar nuestro tiempo, pero ese contexto en el que vives, trabajo, obligaciones diarias, no te permite a ti desarrollarte como individuo, aunque tú sabes qué necesitas para poder hacerlo. Ya no se trata de un desconocimiento acerca de qué tiene valor para ti. Sabes qué le aportaría valor a tu vida, pero de manera exógena se te está impidiendo.
Josefa Ros Velasco trabaja activamente en residencias para mayores
P. Vamos al lado contrario. Ahora, una persona te habla así: ¡Cómo me gustaría poder aburrirme! ¡No tengo ni un minuto para aburrirme! ¿Qué le dirías a esta persona?
R. Pues a esa persona le diría que está confundiendo el aburrimiento con el descanso y con el tiempo del poder. Digamos que nuestro tiempo cotidiano se divide en tiempo del poder y tiempo del deber.
El tiempo del deber es el que tenemos que emplear en satisfacer nuestras necesidades primarias, en atender a las obligaciones, como son el trabajo, el cuidado… Por contrapartida tenemos el tiempo del poder, que es el tiempo en el que tú decides cómo quieres llenarlo de manera completamente voluntaria, haciendo lo que te apetezca o incluso haciendo nada, si eso es lo que te pide el cuerpo.
Si una persona no tiene tiempo para aburrirse, probablemente ya lo esté a causa de un exceso de obligaciones externas, de actividades que no tienen significado para esa persona. Quiere disminuir el tiempo del deber en favor del tiempo del poder. Lo último que la persona quiere es experimentar aburrimiento.
Cuando más nos aburrimos es durante el tiempo del deber. Es cuando estamos haciendo cosas que nos vienen impuestas desde fuera. El aburrimiento se lleva estudiando desde el principio de los tiempos, desde la antigüedad, pero se convierte en un tema de estudio científico en el entorno laboral a principios del siglo XX. Es el aburrimiento de los trabajadores en las fábricas lo que despierta realmente el interés de los científicos por esta cuestión. Y ahí estamos haciendo algo todo el tiempo. El problema está en que no tenemos tiempo para hacer nada más.
“La verdad es que yo he hecho muy a menudo el ejercicio de pararme, de replantearme hasta dónde voy a seguir así. O sea, hasta cuándo voy a estar en esta espiral de trabajo infinito. “
P. Josefa, tienes una gran actividad que se desarrolla a nivel intelectual: cursos, charlas, docencia, libros, entrevistas a medios de comunicación... ¿Hay algún momento en el que eches de menos decirte a ti misma que necesitas parar? ¿Podrías hacerlo? ¿O ya directamente no tienes capacidad para parar porque realmente tienes un deber que es muy gratificante para tus seguidores y para ti y eso no te lo permite?
R. Bueno, constantemente siento esa necesidad. Tengo la suerte de poder ajustar mis tiempos. Soy una privilegiada en ese aspecto. La verdad es que yo he hecho muy a menudo el ejercicio de pararme, de replantearme hasta dónde voy a seguir así. O sea, hasta cuándo voy a estar en esta espiral de trabajo infinito. De hecho, la salud mental te lo pide. A través del dolor te da la señal de que o paras o algo malo te va a acabar sucediendo. Fue hace un año. Desde que empecé la etapa postdoctoral y más centrada ya puramente en la investigación en la Universidad de Harvard, y luego a mi retorno a la Universidad Complutense de Madrid dejé de ocupar mi tiempo con nada que no fuese el trabajo y había muchas cosas que me gustaba hacer: deporte, pasar tiempo con mis mascotas, alimentar gatos de colonias callejeras…
Me gustaba jugar a videojuegos, había muchas cosas que me gustaba hacer y las había dejado de lado y hace aproximadamente un año dije: hasta aquí hemos llegado. Y ahora estoy poco a poco intentando reformular mi tiempo para poder ofrecerme ese espacio de disfrute y crecimiento.
Pero jolín, imagínate el que está en esa situación y no puede salir de ella porque tiene que pagar las facturas, porque no tiene formación, porque su trabajo no te permite esa flexibilidad... Por eso ahora hay una tendencia tan creciente a valorar más lo que se conoce como el salario emocional y el entorno laboral. A prestar más atención a qué necesita cada trabajador e intentar brindarle esa flexibilidad, teletrabajando o de otra manera. Es otro de los avances que estamos implementando en nuestra sociedad, el ser más flexibles con el trabajador… Bueno un poco a modo de resumen, yo sí he tenido que sentarme, reflexionar y parar.
P. ¿Qué le dices a las personas que les cuesta mucho saber qué es lo que quieren hacer, o qué es lo que les nutre? A las personas que se ponen a pensar, se bloquean y entran a veces en un modo de ansiedad y, en ese momento, cogen el teléfono móvil buscando el camino fácil para relajarse.
R. Sí, sí, es normal. Si te has acostumbrado a lo largo de tu vida a que otros decidan por ti, es normal. Cuesta mucho trabajo ser dueño de tu propia vida y de tu propio tiempo. Es así, si has adoptado a lo largo de toda tu biografía una posición acomodaticia. Y ahora, empiezas a cansarte de esas opciones premeditadas o que están confeccionadas para todos. Pero, todo lo que en esta vida merece la pena cuesta esfuerzo. Y también requiere esfuerzo el atreverse a pensar.
El sapere aude kantiano requiere esfuerzo, el "conócete a ti mismo" que decía Sócrates, requiere esfuerzo. Pues si realmente quieres salir de eso, requiere trabajo, requiere no tomarte la píldora inmediatamente.
P. Vivimos en un mundo de recetas. ¿Podrías comentarnos algunas recetas para no tomarte la píldora y aprender, de alguna manera, a conocer lo que realmente necesitas?
R. Bueno, yo lo que aconsejo en los casos así (que conste que no me gustan las recetas rápidas ya que es que es justo lo mismo que la píldora), lo que siempre recomiendo para el que necesita salir del dolor rápidamente sin recurrir a lo de siempre, coger el móvil, es: vete a hacer cualquier actividad. O sea, lo que recomiendo es mantener una apertura mental absoluta, estar dispuesto a probar miles de cosas, incluso aquellas que pienses de antemano que no son para ti, que no te van a gustar. Lánzate, sal y prueba cosas, sobre todo cosas que requieran relacionarte con otras personas.
Ve un poco a lo loco, lánzate a todo. Prueba, prueba. No te quedes en casa con el teléfono móvil, no te quedes delante del televisor todo el día, prueba aquello que piensas que no te va a gustar. Dale una oportunidad a todo. Es la mejor forma de enriquecer nuestros catálogos de opciones. Y de conocernos a nosotros mismos de una manera más sencilla.