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La Graciosa, pasa de vivir de la pesca a hacerlo del turismo

  • En la octava isla canaria sus habitantes viven como si fueran una gran familia
  • Los vecinos añoran su paraíso, mientras sufren el actual laberinto burocrático
  • El domingo, a las 22.30 horas, en el Canal 24 horas y en RTVE Play

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El día a día de los vecinos de la isla canaria de La Graciosa, es singular, igual que su enclave. Para algunos, es un paraíso. Para otros, es un laberinto burocrático. A excepción del casco urbano, la isla forma parte de una finca patrimonio del Estado. Esta finca, junto a las islas e islotes de Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste, y al risco de Famara conforman, desde 1986, el Parque Natural del Archipiélago Chinijo gestionado por el Cabildo de Lanzarote, y disponen además, de especial protección por ser una Reserva marina.

Además, las zonas urbanas de Caleta de Sebo y de Pedro Barba pertenecen al municipio de Teguise. En verano la isla quintuplica, si no más, su población por la afluencia turística, y en invierno, el viento pausa el trabajo de una flota pesquera en descenso.

Mujeres jugando a la bola canaria

Mujeres jugando a la bola canaria

De la pesca al turismo

“En mi familia nunca pasamos hambre. No teníamos nada, pero siempre comíamos: cogíamos lapas, pescado… Nunca nos faltó qué comer”, dice Modesta Barrios una de las mujeres más veteranas de La Graciosa que juega todas las tardes a la bola canaria junto a sus compañeros de la Asociación de personas mayores, y el Colegio, en Cala de Sebo.

Recordaba que, antiguamente, los días de fiesta, los muchachos del barrio de Pedro Barba, a pocos kilómetros, bajaban a Caleta de Sebo al baile. Así se conocían, y 'ennoviaban' o, como dicen aquí: “Nos picábamos el ojo”. Pero al final, eran pocos. “Aquí todos somos familia. Mi madre es la hermana de la madre de mi marido. Mi marido y yo, primos hermanos. Nos casamos todos los unos con los otros” nos dice entre risas.

Aquí todos somos familia

“Páez, Toledo, Hernández, Guadalupe… todos nos conocemos”, decía también Gregorio Páez, al que todos conocen como Tinono, mientras pone a punto su barco en el dique seco. Los primeros pobladores eran pescadores y llegaron a la isla a finales del s. XIX. Hoy, su población apenas llega a las 700 personas.

Tinono con barco. presidente de la cofradía denpescadores pintandonel barco

Tinono con barco. presidente de la cofradía denpescadores pintandonel barco

El día que lo grabamos sopla viento del Este, y los pescadores no pueden salir a faenar. Por eso aprovechan para limpiar, reparar y pintar las embarcaciones. Tinono, Presidente de la Cofradía de pescadores de La Graciosa, nos cuenta que la flota pesquera ha pasado de 88 barcos a 37. “Hay trabajo. Pero con todos los problemas que ponen las administraciones, la juventud no quiere dedicarse a esto.”

El precio del gasóleo tampoco ayuda. Él forma parte de una estirpe de pescadores gracioseros. El último, su hijo Iván, que ha tomado el relevo con 25 años. Quiere seguir la profesión, pero ve difícil el futuro porque la ley es muy estricta a la hora de poder enseñarle el funcionamiento del trabajo diario a un joven que quisiera aprender.

Rosario mirando por la ventana con otra foto de fondo

Rosario mirando por la ventana con otra foto de fondo

Las mujeres también recuerdan con cariño su pasado vinculado a la mar. Cuando sus padres y hermanos llegaban de faenar, ellas colocaban el pescado en unos cestos que cargaban en la cabeza, para llevarlos al pueblo más cercano. Pero el pueblo más cercano, Haría, está en Lanzarote. Así que, antes de romper el alba, subían a las barcas de pesca familiar y sus padres y hermanos las acercaban hasta el pie del risco de Famara, en Lanzarote.

Rosario Benjamín explicaba que no las dejaban en la orilla, sino en las rocas. Y que desde allí trepaban por el risco hasta arriba, con las cestas de pescado: “Deprisa deprisa, porque tus primas podían haberse levantado antes, y sabías que la primera que llegaba a Haría cogía el mejor puesto en el mercado para vender el pescado. Si no lo vendías todo, tenías que ir luego puerta a puerta para ofrecerlo. Y de vuelta, traíamos mijo, y alimentos que se necesitaban en casa”.

Benida en calle, caminando por la calle principal

Benida en calle, caminando por la calle principal

Benida es otra veterana del grupo. Ella insiste en que prefiere la vida de antes: “Era una vida muy perra, pero prefiero la vida de antes a la de ahora. Antes nos ayudábamos más, y ahora tenemos de todo, pero no tenemos nada”. Ella es crítica con la gestión de la isla: “Nos lo han quitado todo. Ya no podemos ni pescar, ni coger lapas. Van detrás de ti para multarte. Pero los turistas cogen de todo, se lo llevan a los apartamentos, y luego las que limpian se encuentran allí las raspas. Y no les pasa nada.”. Paseamos con ella por el núcleo urbano.

Calle principal de la Graciosa y turistas

Calle principal de la Graciosa y turistas

Muestra la playa de Caleta de Sebo, el barrio de El salao, su calle, su casa, y llegamos a La caletilla, por la calle principal, de arena, sin asfaltar. Al preguntarle: “Y… ¿Cómo se convive con la arena?”, ella responde: “¿Que cómo se convive? Pues que tengo las piernas destrozadas de tanto limpiar”. Y es que el viento, y la arena, no dan tregua en las casas. “Las que vienen de turista dicen que esto es una maravilla. Las quería ver yo aquí viviendo todo el año", asegura.

Los vecinos se adaptan, o se van

A la isla no entran vehículos que no pertenezcan a los lugareños. Y entre los pocos que circulan, algunos 4x4 ofrecen servicios de guía turístico mostrando los rincones de la isla. También ofrecen sus servicios como medio de transporte hacia distintos enclaves.

Aarón y el 4x4

Aarón y el 4x4

Con uno de estos vehículos se gana la vida Aarón Guadalupe. Afirma que, efectivamente, hay trabajo. Pero no tanto en invierno. Por eso, en su caso, debe compatibilizar dos trabajos.

Como joven, la isla se queda pequeña

Para las nuevas generaciones, la vida en la isla no es tan placentera como cabría pensar: “Como joven, la isla se queda pequeña. Faltan muchas cosas que a la gente joven nos gustaría tener por aquí”, además, dice que no es fácil encontrar vivienda. Los precios son desorbitados: “Aquí ya no se construye. Nos tenemos que ir a vivir a Lanzarote”.

De las varias propiedades que encontramos en venta, preguntamos por una, en el centro, de 600 metros cuadrados. Pedían por ella 600.000 euros.

Turistas llegando al puerto barcaza

Turistas llegando al puerto barcaza

Al igual que las propiedades inmobiliarias, el precio de los productos en La Graciosa también es más caro si se compara con precios en otros municipios canarios. La razón es sencilla. Aquí, llegan tras un viaje en uno de los barcos que efectúan la conexión con la ciudad Lanzaroteña de Órzola. Dos o tres veces por semana, traen comida, enseres de limpieza, material de construcción, o lo que sea necesario, y se llevan vidrio, metal y la basura. Nada se queda en la isla, excepto los turistas a quienes roba el corazón.

Emese Szeliánszky, conocida como Mesi, es húngara, y viajó a La Graciosa para participar en un proyecto de investigación. Se quedó aquí a vivir, y ahora forma parte de Asamblea Graciosera, un grupo de vecinos dispuestos a luchar por mejorar la gestión y las infraestructuras de la isla.

Vecinos Asamblea graciosera: Miguel, Toni y Mesi

Vecinos Asamblea graciosera: Miguel, Toni y Mesi

Ella, junto a Miguel Páez, explican que ya después de que finalmente en 2018 se reconociese a La Graciosa como la octava isla canaria, ahora deberían reconocerla también como entidad local independiente del municipio de Teguise, que permitiese acelerar trámites que hoy se eternizan en el día a día de los vecinos. “Por ejemplo, reformar tu casa”, dice Miguel, que asegura que tampoco existe un plan de desarrollo estratégico. “La isla está creciendo sin control” como consecuencia de este sector económico, asegura.

La isla está creciendo sin control

También se deberían crear infraestructuras más fiables, apuntan, para asegurar, por ejemplo, el suministro de agua que hoy llega por un canal “que se rompe cada dos por tres”, según Mesi, y que, añade, “no da abasto para la demanda que hay en verano”.

Vistas de la Graciosa

Vistas de la Graciosa

Con todas sus imperfecciones y deficiencias, La Graciosa sigue siendo un paraíso para sus vecinos que están trabajando para recuperar su historia y sus costumbres. Porque están orgullosos de su pasado y muestran su satisfacción con todo lo conseguido: el consultorio médico, la nueva escuela, las actividades que se organizan para los más pequeños, y con un mundo, pequeño, que han sabido organizar a su manera, entre ellos, para vivir lo más tranquilos posible.