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¿Qué es 'tomar la fresca'? La tradición rural que tienes que conocer y que perdura en el tiempo

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Ancianas tomando la fresca en el portal de una vivienda rural
Los mayores de los pueblos tienen como costumbre salir al patio de sus casas a hablar con sus vecinos durante horas.

Mi abuela, Vicenta, salía a chafardear todas las tardes a la puerta de su casa. Se sentaba en una silla de plástico roja, con el logo desgastado, que uno de sus hijos había sustraído del bar del pueblo. Ahí sentada, con un cigarro en la boca y un dedal de ratafía, tomaba la fresca. Desde que murió ya nadie toma la fresca en el pueblo. Prácticamente nadie queda en él.

Era su momento favorito del día. No me lo dijo nunca, pero se notaba. Se reía, hacía trampas al cinquillo con sus amigas —La Elvira, La Josefa y La Montse—, chismorreaban, hacían ganchillo, se ponían al día de las noticias del pueblo y, en general, pasaban el rato.

No se sabe quién sacó la primera silla a la calle y decidió tomar la fresca

Ahora, de las cuatro, solo queda La Josefa. Ella sigue sacando su silla a la puerta de casa, la suya es una de playa azul, en verano tiene la suerte de ver a los chavales correr y enredar. A veces, algunos de los mayores del pueblo le hacen compañía, pierden al cinquillo y brindan ratafía con ella. Parece contenta cuando eso pasa.

Una tradición que no atiende a razones

Vicenta no sabía porqué ella y sus amigas tomaban la fresca, simplemente lo hacían. Sus madres y padres lo habían hecho casi todas las noches de primavera y verano, y alguna que otra en invierno y otoño. Antes que sus padres, sus abuelas y abuelos también lo hicieron. Y ellos lo hacían porque sus padres lo hicieron, y así sucesivamente.

No hay un origen claro, no se sabe quién sacó la primera silla a la calle y decidió tomar la fresca.

Simplemente, como las cosas más bonitas y fortuitas, apareció. Surgiendo por casi toda España a la vez, desde el norte en las aldeas de Galicia, hasta el sur en los pueblos de playa. Pasando por el campo amarillo de Castilla la Mancha y llegando al desierto de los Monegros.

Diferentes nombres para una misma rutina

Tomar la fresca, salir a tomar el fresco, ir a la fresca, hacer el fresco… hay muchas formas de llamar a este fenómeno. En mi casa, por tradición de Vicenta, se llama tomar la fresca. Es curioso, como este hecho que nació en los pueblos propios de la España profunda influye en nuestras vidas, de formas que no entendemos del todo.

Juega con nosotros a tomar la fresca

Descubre que tipo de silla eres para tomar la fresca. Con este sencillo test podrás descubrir el tipo de asiento que más te representa y compartir los resultados con tus amigos. Podría servirte de inspiración para que cuando vayas al pueblo sepas que silla escoger para tomar la fresca.

Núcleo social de barrios

Nuestras ciudades están diseñadas, o al menos lo estaban, con esa actividad en mente. Nos encontramos con plazas, calles peatonales, zonas de sombras y muchos, muchos bancos, con el objetivo de ofrecer espacios públicos para la reunión.

Espacios que, aún sin el objetivo expreso que tenía mi abuela cuando sacaba su silla en Sant Joan Les Fonts para reunirse amb la Elvira, la Montse y La Josefa, funcionan como punto de encuentro y núcleo social de barrios y ciudades. Tomar la fresca forma parte del ADN mediterráneo. Hay factores externos que influyen en este hecho y que pueden llegar a explicar su origen.

Vicenta trabaja en una fabrica de textiles, iba en una “scooter” en la que llevaba a mi padre y a sus dos hermanos a clase antes de ir a trabajar. En los meses calurosos tras estar en la fabrica encerrada pasando calor, al llegar a casa sacaba la silla desgastada, se unía al corro de las vecinas y disfrutaban de la brisa de la tarde. El sol poniéndose, los niños enredando calle arriba y abajo, unas cartas en la mesa, un cenicero lleno de colillas, un aperitivo de fuet y queso y un dedal de pacharán para acompañarlo. Pero, lo más importante de todo, era la compañía.