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Análisis | Reino Unido

La dimisión de Truss, un caos absoluto que trasciende al Reino Unido

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La dimisión de Truss, un caos absoluto que trasciende al Reino Unido
La dimisión de Truss, un caos absoluto que trasciende al Reino Unido

“Me he hartado de gente sin talento que se mueve, no por el interés del país, ni siquiera del partido, sino por el interés personal, para colocarse en algún ministerio”, así de irritado con su propio partido hablaba el diputado conservador Charles Walker a la 'BBC' el miércoles por la noche.

El caos en la votación que se acababa de celebrar en el Parlamento fue la gota que colmó el vaso de su paciencia y su lealtad. No volverá a presentarse a la elección. En 'Channel 4' el mismo diputado conservador tiraba la toalla también porque “esto es caos, es ridículo. Este no es el partido Conservador donde crecí y al que he apoyado”.

Otro tory, que es médico, resumió así la situación esa noche: “Yo iría llamando a los familiares para decirles que es cuestión de horas, no días”. Acertó. Al mediodía del jueves, Liz Truss ha anunciado la dimisión. Veinticuatro horas después de decir en la Cámara de los Comunes que no iba a hacerlo porque es una "luchadora", no abandona.

"Humillación", "hazmerreír", "incredulidad", caos colosal, despropósito, “lo nunca visto” son algunos de los términos más repetidos, no por medios sensacionalistas, sino por la 'BBC', la radiotelevisión pública, para referirse al espectáculo del gobierno y del partido en el gobierno. No es la primera vez, ni mucho menos, que en el Partido Conservador se clavan puñaladas entre ellos y obligan a un primer ministro suyo a dimitir, pero nunca había ocurrido nada como lo que estamos viendo.

Cuatro primeros ministros en seis años

David Cameron llegó a Downing Street en mayo de 2010 con una mayoría relativa y para gobernar tuvo que hacer una coalición con los liberaldemócratas. Cinco años después y contra todo pronóstico logró una mayoría absoluta para el Partido Conservador.

Todo pintaba bien. Cameron era un ganador. Había aumentado en votos y ganado el referéndum de independencia de Escocia. Pero su suerte se torció cuando se le ocurrió convocar el referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea. Creyó que también lo ganaría, y que así acallaría las críticas dentro de su partido por parte de los más eurófobos.

La madrugada del 24 de junio de 2016, Cameron amaneció derrotado y no le quedó más remedio que dimitir. Peor casi que haber perdido la jugada del referéndum fue que la ganó su gran rival: Boris Johnson, que a última hora había decidido apuntarse a la campaña por el Brexit para debilitar a Cameron. Desde junio de 2016 Theresa May, Boris Jonhson y, visto y no visto, Liz Truss han ocupado el 10 de Downing Street. Y de aquí al 28 de octubre, ha anunciado el Partido Conservador, deberían tener un nuevo jefe de gobierno, el quinto en seis años.

Brexit significa Brexit” es la frase que repetía Theresa May, pero la realidad es que nadie sabe qué Brexit se sometió a referéndum. Los promotores de salir de la UE reconocieron, después de la votación, que no tenían ningún plan sobre qué hacer una vez ganado el referéndum.

Los acuerdos post-Brexit del Reino Unido con la UE le costaron el puesto a May y facilitaron la mayoría absoluta de Boris Johnson en diciembre de 2019, con un lema igualmente vacío, pero efectivo: “Get Brexit done” (“llevar a cabo la salida de la UE”). Liz Truss, pro-UE cuando el referéndum, se alió con el ala más eurófoba y liberal en lo económico para ganar las primarias, y diseñó su programa económico para lograr sus votos. El resto, como suele decirse, es historia.

Truss tuvo que renunciar, casi al tiempo que los anunciaba, a los pilares de su plan económico: rebajar impuestos a grandes fortunas y grandes empresas con el argumento de que fomentarían la inversión. Con su dimisión forzada por los mercados financieros y el mismo partido que la eligió, el “Brexit duro” se ha liquidado también, el propósito de que el Reino Unido se convirtiera en una “Singapur del Támesis”. Más de seis años después seguimos sin saber qué significa Brexit, qué modelo de economía aplicarán para competir con el resto del mundo.

Y se ha demostrado que la soberanía nacional en nombre de la cual una mayoría de británicos (52%), ingleses fundamentalmente, votaron por salir dela UE no es tal. Liz Truss quería aplicar su plan económico, los mercados la han tumbado.

El caos trasciende al Reino Unido

El Reino Unido es un miembro del G7, la City de Londres sigue siendo un importante centro financiero internacional, por lo tanto, la inestabilidad británica, el desconcierto sobre qué pasa con su economía afecta a la economía y el comercio mundial.

En lo político hay que recordar que el Reino Unido y los Estados Unidos, con todas sus imperfecciones, son las dos democracias con más solera, tradición y durante dos siglos referente para otras democracias.

Que una turba asaltara la sede de la soberanía nacional el 6 de enero del año pasado en Washington, y ahora la política británica esté dando este espectáculo es una mala noticia para el resto de democracias. Porque alimenta la idea de que es un sistema demasiado imperfecto e inestable, fomenta la desafección, promueve los populismos y, con ello, da una victoria a líderes como Xi Jinping o Vladímir Putin, que defienden las autocracias como sistemas supuestamente más estables y eficiente frente al caos democrático.