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Guerra de Ucrania | Análisis

Lecciones militares de la guerra: pocas novedades en armas, digitalización del campo de batalla y fallos del Ejército ruso

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Miembros de las Fuerzas Armadas ucranianas disparan un misil anti-tanque Javelin. Fuente: Servicio de prensa de las fuerzas conjuntas ucranianas, vía Reuters.
Miembros de las Fuerzas Armadas ucranianas disparan un misil anti-tanque Javelin.

La guerra de Ucrania, como todas las guerras, es un ejemplo de sufrimiento humano y destrucción. Pero también es un campo de pruebas para nuevas armas o nuevos usos para las existentes, para conocer las capacidades de los combatientes, observar sus tácticas y mejorar las propias.

"No hay dos guerras iguales - explica a RTVE.es José Manuel Sanjurjo, vicealmirante retirado y miembro de la Real Academia de Ingeniería - Siempre nos dicen a los militares que nos preparamos para la guerra pasada".

Más allá de la propaganda del Kremlin sobre algunas de sus armas, el presente conflicto ha puesto de manifiesto, según los analistas consultados, los fallos en el despliegue ruso, la importancia de la planificación o el éxito de tácticas basadas en la tecnología (en ocasiones, de andar por casa, como los drones comerciales que usan las unidades ucranianas). Además, advierten de que la guerra podría ser más larga de lo que cabría esperar dada la disparidad inicial de fuerzas, y decidirse finalmente por la capacidad de las partes para producir o conseguir más armamento.

Sin armas novedosas, pero con importante tecnología

Rusia ha publicitado el uso de algunas armas, por ejemplo los misiles hipersónicos o el nuevo misil balístico Satán 2, pero Juanjo Fernández, analista de defensa y un experto en armamento, cree que "estamos en una guerra muy convencional" en la que "los rusos anuncian novedades que luego no lo son tanto". Por ejemplo, el misil hipersónico Kinzhal tiene que ser lanzado desde un avión y solo alcanza su máxima velocidad en la fase final del recorrido. O el misil balístico Satán 2 que aún está en pruebas.

Los rusos sí han empleado masivamente misiles de crucero Kalibr, lo que es una novedad en su caso (los estadounidenses lo hicieron con los Tomahawk). Fernández señala las escasas reservas de armas guiadas de precisión de Rusia, que ha tenido que recurrir a aviones muy sofisticados para lanzar "bombas tontas" (bombas no guiadas, como los cohetes).

Por otro lado, ha quedado en evidencia la debilidad de los carros de combate de fabricación soviética, en especial de su blindaje y del almacén de munición, que si es alcanzado estalla despidiendo la torreta del carro y abrasando a la tripulación.

Los drones también están siendo protagonistas, como el Bayraktar, un aparato militar de fabricación turca, ya armado, cuyo sistema completo cuesta alrededor de tres millones de dólares.

Los ucranianos han utilizado también con éxito drones comerciales de bajo coste, que han dado un buen servicio para observar al enemigo y para guiar el tiro de la artillería, o incluso transportando granadas, explica Fernández. Como consecuencia, espera que en próximos conflictos se generalizará el uso de drones y se desarrollarán sistemas anti-dron baratos.

Rusia seguirá utilizando misiles hipersónicos en Ucrania

"Nuevo no se ha visto nada - explica el vicealmirante Sanjurjo - Lo que sí se ve es que el combatiente, sobre todo el de infantería, cada vez tiene acceso a armas más sofisticadas". "Estamos yendo hacia una digitalización total del campo de batalla y una robotización, cada vez con más plataformas en mar y en tierra y drones", añade.

Novedad táctica: unidades autónomas con potencia de fuego

La tecnología, a su vez, trae nuevas tácticas, abunda Sanjurjo. "Las unidades pequeñas de infantería, con misiles anticarro, antiaéreos, drones, son capaces de parar una formación acorazada fácilmente. La potencia de juego se distribuye y llega al infante a pie. Pero eso requiere una formación del personal y una enorme iniciativa hasta el nivel de cabo, porque son unidades pequeñas que se mueven independientemente".

En cambio, el Ejército ruso mantiene una disciplina soviética, donde los mandos intermedios no toman la iniciativa y los generales están tan cerca del frente que un alto número (12, según fuentes ucranianas) han sido abatidos.

Otro ejemplo de éxito táctico de los ucranianos fue el hundimiento del crucero ruso Moksva, buque insignia de Flota del Mar Negro, sin que este disparara un solo tiro. Los observadores militares aún se preguntan cómo pudo ocurrir. Sanjurjo sostiene que se usaron drones para saturar la defensa antiaérea y armas antibuque.

"La lección que tenemos que aprender en Occidente y en España, si lamentablemente tuviéramos que combatir en el futuro, es que hay que hacerlo desde la superioridad tecnológica, no podemos permitirnos el lujo de enviar gente al matadero", apunta el vicealmirante.

Fallos en el Ejército ruso

Junto al hundimiento del Moksva, el fracaso en el frente norte ejemplifica los fallos de las Fuerzas Armadas rusas, que han sorprendido a los observadores. Los rusos avanzaron por el norte hacia Kiev rápidamente, sin proteger sus líneas de abastecimiento y logística, exponiéndolas al fuego de los misiles anticarro Javelin. No fueron capaces de tomar Kiev y tuvieron que retirarse abandonando abundante material en las localidades de Bucha, Irpin o Borodianka.

Extraña también a las fuentes consultadas el poco uso que ha hecho Rusia de su aviación en el comienzo del conflicto (hasta el 30 de abril no bombardearon el aeropuerto de Odesa, por ejemplo), y que aún no controle el espacio aéreo ucraniano.

Dara Massicot, investigadora de la Rand Corporation y especializada en estrategia militar rusa, señala varios errores. "En el nivel más amplio, el plan era demasiado complejo para las fuerzas de que disponían. Intentaron atacar a la vez Kiev, el este y el sur del país con 190.000 soldados".

Pero además, los mandos rusos no informaron a sus tropas de que iban a la guerra hasta poco antes de entrar en acción. "No entiendo esa decisión, el secretismo ha sido problemático", añade.

"Rusia ha gastado un montón de tiempo y dinero para modernizar su Ejército y tener soldados profesionales - exlica Massicot - El problema es la formación de quien tiene que manejar ese equipo. O no les han entrenado adecuadamente, o no se molestaron en decirles hasta el último momento que iban a una guerra. Eso ha perjudicado su actuación, y tener equipo moderno no te salva de eso. Es un problema de entrenamiento y de cómo tratan a su gente".

"En general, no ves un ejército del siglo XXI. - concluye Sanjurjo - Si se enfrenta contra la OTAN no tiene nada que hacer, las fuerzas de la Alianza están mucho mejor preparadas".

Una guerra larga y una competición de armamento

No obstante, el Ejército ruso tiene aún una gran capacidad, muy superior a la del Ucraniano, y de momento solo ha usado una parte.

El vicealmirante Sanjurjo considera que el conflicto ha entrado en una "segunda fase" cuyos objetivos serán la logística y la capacidad industrial. "Para los ucranianos, lo esencial es que la ayuda occidental llegue al frente de batalla, y la estrategia rusa es que llegue mal o menguada". Los misiles antitanque y antiaéreos son "consumibles caros", advierte, y la duda es "si Occidente va a tener capacidad industrial de proporcionarlos". "Esto va a durar, sería un milagro que se resolviera en poco tiempo, va para meses", opina.

"La guerra no va a ser corta, y podemos ir a una fase en que Rusia juegue a asumir las pérdidas, pero dejando Ucrania arrasada", considera por su parte Juanjo Fernández. "El Ejército ruso puede quedar muy debilitado. Y mientras tanto, los países occidentales no dejan de enviar material más pesado a Ucrania. Es difícil saber dónde va a estar el equilibrio", afirma el analista de defensa.

Dara Massicot apunta que la limitación rusa en este momento es de efectivos, porque va a necesitar tropas de refresco. "Para conquistar más territorio van a tener que hacer una movilización al menos parcial, y eso conlleva riesgos políticos. El Kremlin puede que quiera saber primero hasta dónde son capaces de llevar las cosas ahora, con las fuerzas que tienen".

"El problema ahora en Rusia es que Putin puede decir 'hemos conseguido la victoria' o 'tenemos que ir a la guerra', puede manipular la información", concluye Massicot.