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Cine

'Todo ha ido bien': cómo ayudar a morir a tu propio padre

  • François Ozon estrena su película con Sophie Marceau basada en la experiencia de Emmanuèle Bernheim
  • La película plantea el debate sobre la eutanasia en Francia, país que se resiste a aprobar una legislación

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Sophie Marceau y André Dussollier en 'Todo ha ido bien' Golem distribución

La escritora francesa Emmanuèle Bernheim publicó en 2013 un libro biográfico tremendo: un relato de cómo su padre le pidió ayuda para acabar con su vida. Con 85 años, y tras un accidente cardiovascular, su dependencia era total. Hombre complejo, pero muy vitalista, encomendó a sus dos hijas los trámites para viajar de Francia (donde la eutanasia estaba y está prohibida), a Suiza (donde el suicidio asistido está regulado).

Bernheim, también guionista de cine, siempre quiso convertir su experiencia en película. Se lo pidió a su amigo y colaborador François Ozon, que no ha sido capaz de llevarlo a pantalla hasta 2021, cuatro años después del fallecimiento de la propia Bernheim a causa del cáncer. Todo ha ido bien es una deuda saldada con su gran amiga. Presentada en Cannes en 2021, se estrena el 28 de enero en España.

Sophie Marceau interpreta a Emmanuèle Bernheim en una crónica de los meses que van desde el accidente cardiovascular hasta su viaje a Berna. En la presentación en Madrid de la película, Marceau y Ozon advierten en una entrevista con RTVE.es: Todo ha ido bien es una historia particular y no se posiciona en un debate sobre la eutanasia.

Marceau se sorprende incluso al descubrir que una ley de la eutanasia entró en vigor en España el año pasado, mientras en Francia las sucesivas iniciativas legislativas siguen encalladas. “En cuestiones sociales, España va por delante”, opina Ozon. “La ley del matrimonio homosexual se aprobó antes en España y en Francia hay miedo a aprobar la eutanasia”.

La libertad de morir

Bernheim sí estaba claramente posicionada y defendía “la libertad de morir como mejor nos parezca”Todo ha ido bien es el retrato de una familia nada convencional. Pura alta burguesía francesa, su padre André (André Dussollier) era un coleccionista de arte homosexual y clasista que martirizó a sus hijas durante su infancia, y su madre fue la escultora Claude de Soria (Charlotte Rampling) con tendencia a la depresión dañada por su marido.

“Empecé la película sin ideas preconcebidas. Me atraía una experiencia que no podía haber dejado indemne a las dos hermanas”, explica “Y sobre todo la división de Emmanuèle: desea ser una buena hija, pero tiene que ayudar a morir a su padre. Además, está el hecho que desde pequeña ella fantaseaba con matar a su padre, que como tal dejaba mucho que desear. Era un cabrón, pero un hombre encantador que decidió vivir su vida egoístamente”.

La actriz distingue: “Esta por un lado la cuestión individual y por otra la colectiva. Pero es verdad que todo el mundo debería poder escoger la forma en la que quiere morir y que no se le imponga algo contra su voluntad. Todos somos iguales ante la muerte”.

Todo ha ido bien es un tema perfecto para Ozon, cineasta de argumentos que son pura dinamita a los que aplica un tono ligero. Sus películas son fluidas, van al grano y siempre están soberbiamente interpretadas. Aunque no sea una reflexión, la película toca también un tema central para las envejecidas sociedades occidentales: el cuidado de los mayores. “Son temas que se esconden bajo la alfombra. Nos gusta la juventud y no queremos cuidar de la vejez. En las sociedades asiáticas se respeta más las personas ancianas”, apunta Ozon.

François Ozon y Sophie Marceau presentan en Madrid 'Todo ha ido bien', que llega hoy a los cines

Historias maduras para sociedades maduras

Para Marceau es el regreso al cine tras un parón voluntario de cuatro años. Ozon llevaba varios años llamando infructuosamente a su puerta: “Somos de la misma generación y su primera película, La fiesta (1980), se rodó en mi instituto. Además, fui figurante en La estudiante (1988) y aparezco bailando a su lado”, recuerda entre risas.

¿Y ese peso demográfico escorado se traduce en la necesidad de contar más historias de personajes adultos? Marceau asiente: “No tengo menos propuestas ahora que hace 20 años. Hay más papeles para actrices, no solo escritos por mujeres, sino por hombres también”.

Ozon concluye recordando la excepcionalidad cultural francesa: “El cine francés quizá no es representativo de lo que ocurre en otros países. En Francia siempre hemos tenido papeles para mujeres de más de 50 años, mientras que en Hollywood después de esa edad no puedes trabajar”.

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