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El Mar Menor, a un puñado de firmas de tener sus propios derechos

  • La laguna salada ya ha recorrido más de medio camino para ser 'persona jurídica': le faltan 225.000 firmas para conseguirlo
  • Existen precedentes de lugares amparados por una ley similar como la Amazonia o ríos en Nueva Zelanda y en Colombia

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Voluntario firmando la Ilp para conseguir otorgarle al Mar Menor personalidad jurídica
Voluntario firmando la Ilp para conseguir otorgarle al Mar Menor personalidad jurídica

El Mar Menor ya lleva medio camino recorrido en su lucha por convertirse en persona jurídica y poder así defender su ecosistema. La urbanización masiva y una agricultura no compatible han dañado un paisaje que ahora intenta protegerse. Ante la situación que vive esta laguna salada, un grupo de profesionales de la Universidad de Murcia junto a la abogada y profesora de Filosofía del Derecho, Teresa Vicente Giménez, decidieron lanzar, en plena pandemia, una iniciativa para otorgarle derechos propios.

“La situación que vive el Mar Menor era un desastre anunciado”, manifiesta a RTVE.es Teresa, que rememora todos los problemas que ha sufrido la laguna desde la década de los 80. La protección de la zona preocupa a ciudadanos y grupos ecologistas pero hasta el año pasado no contaban con esta herramienta que podría proporcionarle derechos y convertirlo en “el primer ecosistema con estatus de persona jurídica de Europa”, explica la impulsora de la iniciativa.

Si la propuesta de ley sale adelante, el cuidado de este área ya no dependería, únicamente, de las administraciones, habría un tutor -figura representada por los ciudadanos de los municipios ribereños-, una comisión de seguimiento y un comité científico, encargado de señalar los posibles daños. "Al convertirse en personalidad jurídica se le reconoce el derecho a existir y a defenderse, como a cualquier otra persona o empresa", señala la abogada.

La tarea es, sin duda, titánica. Para que el Parlamento debata sobre una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) tiene que contar con 500.000 firmas y deben conseguirse en un tiempo determinado. En este caso el plazo termina el 28 de octubre. Pese a todas las dificultades sobrevenidas por la crisis sanitaria, la propuesta ya cuenta con 275.000 firmas, por lo que solo necesita otras 225.000.

Ciclistas en un evento por los derechos del Mar Menor Pedro Macanás

Mesas de firmas por toda España

Durante estos nueve meses los voluntarios han trabajado sin descanso intentando llegar al objetivo final. Si se alcanza la meta, el Mar Menor estaría sujeto a derecho y los ciudadanos podrían exigir a los tribunales la reparación de los daños a los responsables. “Las leyes anteriores eran ineficaces, no han dado resultado a los problemas”, cuenta Alfonso Manzano, coautor de la ILP.

“Buscábamos hacer algo que sirviera, esto comenzó como una iniciativa popular y es verdad que ha tenido una gran acogida”. El compromiso con el proyecto no ha parado de aumentar, “recibimos muchas llamadas para contribuir”, manifiesta orgulloso Alfonso. Hay más de 500 fedatarios encargados de las mesas de firmas repartidas por toda España. Incluso han abierto algunas en ciudades europeas como Helsinki, París o Praga. "Las mesas se suelen poner en lugares concurridos, en playas afectadas o en eventos para darles visibilidad",comenta Elena Gómez, voluntaria de la iniciativa sobre la organización.

"No sé si lo conseguiremos, la gente todavía no está muy concienzada", explica Elena. "El Mar Menor no es simplemente un lugar de veraneo, es mi hogar y está muy abandonado, por eso quise sumarme y ayudar a recoger firmas", relata.

Voluntario firmando para conseguir otorgarle personalidad jurídica al Mar Menor Pedro Macanás

Una ley con precedentes

“Hay casos anteriores que nos sirvieron de ejemplo para la creación de la Ilp”, comenta Teresa Vicente cuando explica cómo se fraguó la iniciativa.

Varios lugares han conseguido obtener la personalidad jurídica que ahora se reclama para esta laguna salada. En Colombia, el río Atrato y la Amazonía alcanzaron esta denominación, también el río Whanganui en Nueva Zelanda.

Estos parajes ahora están amparados por la ley y quien los dañe deberá responder ante la justicia.

“Tenemos que establecer un nuevo paradigma de justicia ecológica y reconocer nuestra interacción con la naturaleza si queremos avanzar como sociedad”, subraya Teresa.