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El universo en su cerebro (II)

Santiago Ramón y Cajal: el díscolo escolar y sus influencias personales

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Santiago Ramón y Cajal: el díscolo escolar y sus influencias personales

Las influencias personales de Santiago Ramón y Cajal moldearon su carácter y señalizaron su trayectoria. Era hijo de un médico rural y se crió en pueblos pequeños del Alto Aragón mientras se divertía solo hasta que Pedro, su hermano menor, le pudo secundar en sus travesuras.

“De niño era díscolo, una persona que dominaba con voracidad todo lo que era de su interés, pero cuando era al contrario pasaba olímpicamente”, asegura Juan Andrés de Carlos, neurocientífico y encargado del legado del científico español. “Siempre ha hecho eso con todo excepto con la fotografía, que le acompañó toda su vida, y con el dibujo. Hubo un momento en el que dejó de dibujar de forma artística y comenzó a dedicarse a pintar anatomía, entre otras cosas por el amor que le había inculcado su padre por esa disciplina”, valora.

La influencia de Justo Ramón y Silveria Fañanás

Cajal era una persona que estaba fascinada por explorar, conocer y reconocer su curiosidad hasta que pasaba al siguiente episodio por descubrir. A lo largo de su vida tuvo el poso de su padre como elemento clave para ir llenando el vaso de la sabiduría, el apoyo inestimable de su mujer o los episodios tan lumínicos para él con Maestre de San Juan o Luis Simarro.

Foto de Cajal y familia en su época madrileña en 1902.

El padre de Ramón y Cajal, Justo Ramón, comienza siendo un hombre analfabeto que está de pastor de cabras en un pueblo de Aragón y su sueño era ser médico. “En estas condiciones cualquiera pensaría que es extremadamente complicado que lo consiguiera, pero sus sucesivos pasos demuestran lo contrario”, recuerda José Ramón Alonso, neurocientífico y catedrático de Biología Celular. “Se pone de mancebo de un boticario con la condición de que le diera acceso a sus libros para poder aprender a leer y a escribir. Cuando aprende, lo siguiente que necesita es ganarse la vida y se hace barbero, una profesión diferente a lo que entendemos ahora porque por entonces también sacaban muelas o hacían sangrías”, explica.

El padre de Cajal, que era analfabeto, acaba sacando el doctorado y siendo profesor

Es entonces cuando Justo se da cuenta de que tiene que estudiar y ya de adulto se saca Bachillerato con muy buenas notas. Su siguiente meta es estudiar Medicina, pero el destino le juega una mala pasada porque el Gobierno cierra en ese momento muchas facultades, "entre ellas la de Zaragoza que era la más cercana, por lo que su única opción era ir a Barcelona”, detalla José Ramón Alonso. “Camina con unas tijeras y un peine para poder cortar el pelo y cuando llega a Barcelona, finalmente, termina siendo médico. Después saca el doctorado y acaba siendo profesor”, apunta Alonso.

Autorretrato familiar de Cajal con su esposa, Silveria, y sus hijos, hacia 1895

También influye mucho en Cajal su mujer, Silveria Fañanás. “Son un matrimonio muy tradicional, él investiga y ella se dedica al hogar y a los cuidados, pero ella cree en él en los momentos en los que tiene dudas sobre si está haciendo bien y asume sacrificios en una familia numerosa. Es su apoyo constante”, destaca Alonso.

Sin Luis Simarro o Maestre de San Juan no entenderíamos a Cajal

Para examinarse y presentar su tesis doctoral, Ramón y Cajal se trasladó a Madrid donde frecuentó el laboratorio del profesor Maestre de San Juan, “el único catedrático de Histología por entonces'', explica el Doctor Plácido González Duarte, alumno de Cajal, en 1965 durante una conferencia sobre Cajal en el Club Urbis de Madrid, rescatada del Fondo Documental de RNE. “En aquel laboratorio se le reveló el maravilloso mundo del microscopio, del que se apasionó y se hizo esclavo”, recuerda.

El 'padre de la Neurociencia' alucinó en colores cuando pudo ver una célula nerviosa impregnada en su totalidad

Cuando Cajal es catedrático en Valencia le llaman para formar parte de un tribunal de tesis de cátedra y, como vocal, es cuando conoce a Luis Simarro, que le enseña “la preparación microhistológica del sistema nervioso impregnado con el método de Golgi”, desvela Juan Andrés de Carlos. “En ese momento, Cajal alucina en colores porque por primera vez ve una célula nerviosa impregnada prácticamente en su totalidad”, añade.

La honestidad a pesar del éxito inabarcable

La humildad, la sencillez o la modestia de Cajal moldean la visión que nos ha quedado hasta hoy del científico español porque a pesar de sus innumerables reconocimientos siempre mantuvo esas cualidades hasta el final. “Al lado de Cajal he aprendido, en primer lugar, la defensa de la verdad sin importar las circunstancias o situaciones históricas” explica Enriqueta Lewy, secretaria de Cajal durante su última etapa vital, en conversación con el periodista de RNE Germán Sánchez, con quien quiso resaltar la humildad del científico.

Ramón y Cajal solía decir que no era más que un obrero de laboratorio

“Estamos acostumbrados a que cuando alguien gana un premio es insoportable al día siguiente, pero Cajal se mantuvo igual de honesto y humilde hasta el último momento rechazando todo lo que fueran elogios. Bromeando solía decir que no era más que un obrero de laboratorio”, recuerda Lewy, y añade que se mantuvo como el primer día, con una sencillez inusitada "como cuando era el hijo del médico rural que iba por Ayerbe y Aragón, es un caso extraordinario”, sentencia.

Un rasgo que define también a nuestro mejor científico es el trato a sus colaboradores en el laboratorio: "Él llegaba tarde, porque le costaba dormir, y se iba de mesa en mesa preguntando atentamente sobre lo que se traía la gente entre manos”, rememora Lewy, detallando la rutina en los últimos años de vida del científico, en los que después de comer se iba primero a un café "donde los camareros le hacían guardia para que no le molestase nadie y luego a alguna librería para comprar libros”, detalla.