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La pandemia empuja a las ciudades a redescubrir sus parques

  • Las restricciones de movilidad derivadas de la pandemia de la COVID-19 han llenado los parques urbanos
  • Los parques son el marco de actividades individuales y colectivas que fomentan el bienestar individual y la socialización
  • El domingo, a las 22.30 horas en el Canal 24 horas, un reportaje de Repor

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Skiter en el Parque Etxebarria de Bilbao
Skiter en el Parque Etxebarria de Bilbao

“Ahora con lo de la pandemia he descubierto mucho más el Retiro que cuando mi hija era pequeña”, dice una madrileña que pasea por el céntrico parte de la capital española. “La sensación cuando han abierto los parques (…) es que los niños salían desbocados, buscando a otros niños, buscando jugar, buscando compartir. El parque es el sitio donde ser libres, estar con otros niños con los que marcar sus reglas, su territorio”, afirma una madre que acompaña a su hijo en el Retiro.

El parque es el sitio donde ser libres

Y es que las restricciones a la movilidad impuestas a raíz de la COVID-19 han permitido a los ciudadanos redescubrir los parques urbanos. Según algunos estudios, los habitantes de una ciudad tendrían que tener un espacio verde para el esparcimiento a menos de medio kilómetro de casa, y un mínimo de 10 m2 cada uno para cubrir sus necesidades sociales.

El Retiro: el pulmón de Madrid

En Madrid, el parque del Retiro ha despertado del letargo obligado por el paso de la borrasca Filomena a principios de año sin tantos turistas como hubiera en otras circunstancias. No se sabe a ciencia cierta cuántos turistas visitan el parque, pero sí se tiene constancia de que la gran mayoría de los diez millones de turistas que recibe Madrid pasan en un momento u otro por el Retiro.

Y aún sin turistas, el parque es un mosaico de la diversidad de gentes. Especialmente los fines de semana se llena de madrileños ávidos de paseos que amenizan músicos callejeros o estatuas humanas. Quién está más preocupado por el ejercicio físico, ahí dispone del gimnasio más grande de la ciudad: muchos entrenadores personales dan aquí sus clases. Y quién está interesado en la vegetación del parque puede acudir a la Cabaña del Retiro, que organiza talleres ambientales.

Niños en el Parque del Retiro, en Madrid

Niños en el Parque del Retiro, en Madrid RTVE.es

Hay 15.000 árboles en el parque de más de 160 especies diferentes, lo cual da muestra también de una gran variedad de fauna. Además de los patos y las carpas del estanque, de los pájaros y los insectos, también hay mamíferos, como topos y murciélagos y gatos ferales. Una colonia de 300 gatos ferales vive en el Retiro. La Asociación de Amigos de los Gatos del Retiro se encarga de alimentarlos y cuidarlos.

No solo es el Retiro

En Bilbao, el parque Etxebarria, inaugurado en 1990, es el más grande de la ciudad. Sustituyó a una antigua fábrica de fundición y su construcción pone de manifiesto lo que se ha dado en llamar el efecto restaurador de la naturaleza. No solo ha limpiado de polución el aire del barrio de Begoña, sino que, además, ha revalorizado económicamente los pisos que hay alrededor; prueba de que los ciudadanos entienden las zonas verdes urbanas como un indicador de la calidad de vida.

“Cuando nosotros vinimos a vivir aquí en el verano, que hacía mucho calor, no podías abrir las ventanas por el ruido que hacían las grúas-puente, los camiones… había un ruido infernal. Hemos pasado de esto a que solo se oigan los pájaros”, dice un vecino del barrio.

Parque Etxebarria, en Bilbao

Parque Etxebarria, en Bilbao RTVE.es

El diseño del parque es multifuncional, lo cual atrae a diferentes grupos: hay un área infantil, zonas de paseo, zonas de descanso, pistas de patinaje, zona para perros… Es un ejemplo de cómo la ciudad adapta la naturaleza al estilo de vida actual. Y, precisamente ahora que ha crecido el número de mascotas en las ciudades.

El parque es un paraíso para los perros, que pueden andar sueltos unas horas al día; lo que no evita algunas discusiones: "Es difícil la convivencia a veces, casi todos los días pasa alguien los perros que si tal, que si en fin. Al final tienes que estar peleando o pasando de todo, pero aguantando insultos y de todo", dice la propietaria de tres perros. “El dueño del perro es muy suyo, muy protector. Entonces es mejor callar, porque si no tu madre no es buena, tu padre tampoco…”, replica un paseante que opina que los perros deberían ir siempre atados.

La Magdalena, con vistas al Cantábrico

El parque de la península de la Magdalena, con vistas al Cantábrico, es todo un símbolo de la ciudad de Santander. “No hay santanderino que no haya venido en algún momento de su vida a la Magdalena”, dice Patricia, una de las muchas guías turísticas que trabajan en el parque.

La Magdalena es un elemento distintivo de la identidad de los habitantes de Santander, que se enorgullecen tanto de la historia como del paisaje del parque. La ciudad regaló la Magdalena a Alfonso XIII y la recompró a Juan de Borbón en 1977 por 150 millones de pesetas.

Los habituales del parque no dejan escapar la oportunidad de alabar sus peculiaridades. Miguel, autor de la cuenta de Instagram el Tomavistas de Santander, cada día retrata el amanecer de la Magdalena. Teo, el gerente del bar Caballerizas Reales, casa la belleza del lugar con la gastronomía típica. Rogelio, uno de los jardineros, en sus ratos libres esculpe figuras en los troncos de los árboles caídos...

Pero muchos urbanitas requieren una relación con la naturaleza un poco más estrecha. Son los usuarios de los huertos urbanos. En Cornellà de Llobregat está can Mercader, el parque más extenso de la conurbación de Barcelona: un parque ganado a la especulación urbanística gracias a las luchas vecinales de los años 70. Y ahí, al lado de un circuito de coches de automodelismo, al lado del kilómetro y medio de vías de un tren en miniatura que gestiona el Club de los Amigos del Ferrocarril, y como un atractivo más del parque, han crecido huertos urbanos que completan el atractivo del lugar y dan respuesta a unos jubilados que recuerdan su pasado rural y necesitan un espacio abierto y relajante donde olvidar un estilo de vida marcado por las prisas.

Parque de la Magdalena, en Santander

Parque de la Magdalena, en Santander RTVE.es

“Es un trabajo porque te agachas y te levantas. Haces ejercicio. A mí me va de coña. ¡Tengo 71 años!”, dice una de las usuarias de los huertos. Las actividades del campo ya no son meramente agrícolas, sino un lugar de recreo para escapar de los problemas urbanos.