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Coronavirus

Médicos de UCI de Madrid alertan: "Nos preocupan los ingresos de pacientes con problemas respiratorios crónicos"

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Una enfermera en una unidad de cuidados intesivos. EFE

Las nuevas restricciones en la Comunidad de Madrid coinciden con un ligero descenso en la hospitalización general en la región y una estabilización clara en sus unidades de cuidados intensivos. Tras un insostenible crecimiento durante la segunda mitad del verano –en el que las UCI pasaron de 31 ingresados el 4 de agosto a 484 ingresados el 30 de septiembre-, en los últimos cuatro días la cifra de ocupación ya no crece y, por primera vez en la segunda ola, desciende este martes: 489 enfermos graves, número similar al de hace seis días.

La causa de la estabilización es que el número de altas y fallecimientos en UCI aumentan levemente y el número de ingresos desciende un poco. Sin embargo, la tendencia todavía no está clara: ¿Es el aplanamiento de la curva que anuncia una bajada o una meseta que se va a prolongar en el tiempo?

La Comunidad de Madrid ha destacado “con prudencia” esta mejoría en la tendencia que atribuye a las medidas de confinamiento por áreas sanitarias que el gobierno regional aplicó el 18 de septiembre. Sin embargo, para los sanitarios todavía no es un alivio. Aunque la curva no crezca, la meseta es muy alta y alertan: las próximas semanas, con la llegada de pacientes con otras patologías respiratorias, serán claves porque sumar a la presión actual la epidemia de la gripe sería inasumible para el sistema.

Los grandes hospitales de la capital (La Paz, Gregorio Marañón, Ramón y Cajal, 12 de Octubre) mantienen en los últimos días sus altas cifras de ocupación, que en casos como el 12 de Octubre supone tener 43 de sus 45 camas de UCI copadas de enfermos de COVID-19. "Estamos en una situación complicada en el sentido de que tenemos muchos pacientes de COVID-19 y estamos atendiendo otro tipo de pacientes que en marzo y abril no se atendían. Muchas unidades han expandido su espacio para dar soporte a los pacientes críticos y algunas han tenido que cancelar cirugías”, explica María Cruz Martín Delgado, Jefa de Servicio Medicina Intensiva Hospital Universitario de Torrejón.

Antes de la primera ola, los hospitales públicos y privados sumaban alrededor de 522 camas de UCI. Fuentes sanitarias advierten de que una ocupación de más de 500 pacientes solo de COVID-19 no se puede alargar en el tiempo sobre todo por dos motivos: la temida coincidencia con la epidemia de gripe y la falta de plantilla para sostenerla.

“Estamos por encima de las condiciones basales, con más pacientes que el año pasado y pensamos en la posibilidad de que en las próximas semanas empeore por los ingresos de pacientes con problemas respiratorios crónicos que se descompensan con la gripe”, advierte la doctora Martín.

El factor humano: “Estamos cansados, pero es nuestra profesión”

La ocupación en UCI se ha estabilizado, pero, si es una meseta, ¿pueden los sanitarios resistir ese nivel de ocupación durante meses? “Estamos cansados, aunque lo vamos a hacer porque es nuestro trabajo, pero, si es a largo plazo, tendrán que ponernos recursos porque es muy difícil pedir a la gente turno de 12 horas día sí y día también”, resume la doctora Martín.

La famosa “elasticidad” de las camas de UCI (en la Comunidad de Madrid el 5 de abril se alcanzaron las 1520, es decir, casi un 300% más que antes de la llegada de la COVID-19) implica siempre una pérdida en la calidad asistencial: se pueden ampliar espacios y equipos, pero no duplicar el número de médicos y enfermeras intensivistas.

El cuidado de pacientes de COVID-19 en cuidados intensivos (trabajar con los incómodos EPI, larga duración del coma inducido), sigue siendo igual de complejo y exigente, como demuestra el vídeo de una de las continuas maniobras de colocación del paciente en posición decúbito prono en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, que requieren cuatro personas como mínimo.

Seis meses después de la primera ola, los profesionales de UCI son los mismos y las plantillas no han aumentado. “El espacio físico no sirve. No siempre se han podido abrir todas las camas: faltan profesionales y estamos al máximo. Buscar más en la Comunidad de Madrid y en otras regiones es tremendamente difícil”.

Martín pertenece a la Sociedad Española de Medicina Intensiva (SEMICYUC), que participa en el programa impulsado por la Comisión Europea para formar médicos y enfermeras de otras especialidades en nociones de medicina intensiva aplicada a los enfermos de COVID-19. Comienza este mes en los hospitales públicos de toda Europa y tendrá una duración de dos meses y medio, aunque todavía se desconocen el número de sanitarios que recibirán la formación.

El paciente en la segunda ola: ingresado antes y menos días intubado

Otra variable clave para la ocupación, la estancia media del paciente en UCI, se sitúa alrededor de las dos semanas (en la primera ola era de 20-25 días) debido a que los pacientes son ingresados antes y están menos días con ventilación mecánica, un aspecto también destacado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Con todo, de los 503 pacientes en UCI, 410 necesitan ventilación mecánica: el 81%.

En este caso –como en otros muchos- la comparación con la primera ola no sirve: sería tomar como referencia las cifras de un colapso. “Entonces había muchos pacientes críticos que, aunque no estuvieran con ventilación mecánica, tenían criterios de insuficiencia respiratoria y tendrían que haber estado en la UCI, pero no cabían”, reconoce la doctora Martín.

Eso tiene su reflejo también en la mortalidad en UCI, que en la primera ola rondaba el 40% y ahora se mueve sobre el 20%, una cifra que en realidad sigue siendo grave: dobla la mortalidad general de las UCI para el resto de patologías, que suele ser del 10%. Desde finales de julio, la segunda ola ha dejado en Madrid 186 fallecimientos en las UCI, según la Sociedad de Medicina Intensivista de Madrid, aunque en número está muy condicionada por la evolución de los pacientes todavía ingresados que incluyen los más graves y de más larga estancia en UCI. La curva de muertes es la única que todavía no ha alcanzado su estabilización en la Comunidad de Madrid.

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