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Cultura

Javier Menéndez Flores publica 'Todos nosotros', un thriller trepidante en el Madrid de los ochenta

  • La trama se centra en una serie de crímenes cometidos con veinte años de diferencia
  • RTVE.es entrevista el autor de una novela negra con aroma clásico y una cuidada ambientación histórica y musical

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Javier Menéndez Flores, autor de la novela 'Todos nosotros'.
Javier Menéndez Flores, autor de la novela 'Todos nosotros'. Margarita Bañón

Madrid, 1981. Una serie de desapariciones de chicas jóvenes moviliza a la policía de la época, en la que aún perviven métodos poco democráticos. Dos décadas después, en 2002, vuelven a producirse nuevas desapariciones y el protagonista, el inspector Diego Álamo, sospecha que tienen conexión con aquel caso que quedó sin resolver.

Esta es la sinopsis de Todos nosotros, la última novela del periodista y escritor Javier Menéndez Flores, que logra componer un thriller en el que los contrastes entre el bien y el mal, la ambientación histórica y musical -en plena Movida madrileña- y un giro final inesperado consiguen un ritmo trepidante desde el inicio hasta la última página.

Se trata de la cuarta novela de Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969), que también ha publicado libros de entrevistas y ensayos de artistas como Joaquín SabinaExtremoduro o Dani Martín. Pero en esta ocasión, el autor logra su obra más ambiciosa, tanto en extensión como en planteamiento

Libros de arena R5 - Javier Menéndez Flores y 'Todos nosotros' - 23/09/20 - Escuchar ahora

Dos épocas distintas

La trama se desarrolla en Madrid, en dos líneas temporales distintas: los primeros ochenta, momento en el que nos encontramos un país al final de la transición, pero en el que aún perduran algunos elementos de la dictadura; y 2002, en el que España ya es un estado moderno, lo que se muestra con fidelidad en la actitud de los policías que protagonizan la trama.

"Yo me planteé escribir una novela con aroma clásico, una novela policíaca como las de antes", asegura a RTVE.es Javier Menéndez Flores, quien recuerda que "en 1981 no había teléfonos móviles, ni pruebas de ADN ni cámaras de seguridad; los policías, cuando había que resolver un crimen, tenían que encomendarse a su capacidad deductiva y a su perspicacia". 

Portada de 'Todos nosotros', de Javier Menéndez Flores

Portada de 'Todos nosotros', de Javier Menéndez Flores cropper

Todos nosotros es una novela de contrastes, empezando por los dos agentes que soportan el peso de la primera parte de la trama. Mientras Álamo es un firme defensor de los métodos democráticos, su compañero Roberto Guzmán es un policía de la vieja escuela, agresivo y con tendencia a pasarse de la raya.

"Entonces, en el seno policial había muchas fricciones: policías que defendían los métodos del antiguo régimen y otros que eran contrarios a esto y esa lucha interna está reflejada en la novela. En la segunda parte, todo ha cambiado: la policía es garantista, ya no se zurra a nadie y ya son civilizados", comenta el autor.

Uno de sus objetivos era que los personajes fueran "de carne y hueso, ni superhombres ni antihérores" y, en ese sentido, el mejor ejemplo es Diego Álamo, un inspector de carrera intachable, que arrastra una tragedia personal y que se implica a fondo en la resolución del caso.

Y enfrente se encuentra el mal absoluto, sin piedad, que hace que la violencia -física y sobre todo psicológica- se pueda palpar en alguna de las páginas de la novela. "La realidad supera desgraciadamente a la ficción. Yo quería hablar de ese mal sin paliativos y de una serie de inspectores que tienen una misión en la vida, que el mundo en el que vivimos sea un lugar más habitable", añade.

"Desmitificar la Movida"

Javier Menéndez Flores decidió ambientar la primera parte de su novela en el inicio de los años ochenta porque era un momento en el que, afirma, "pasaban muchas cosas: veníamos de una larga dictadura, empezábamos a entrar en la modernidad y había una efervescencia social y cultural única que no ha vuelto a darse en este país".

En los ochenta pasaban muchas cosas: veníamos de una larga dictadura y había una efervescencia social y cultural única

Por ese motivo, los personajes frecuentan los locales del Madrid de la Movida, como La Vía Lactea o el Penta, pero también discotecas de la época como Cerebro, Pachá o Joy Eslava, en las que trancurren momentos importantes de la trama.

Sin embargo, una de las obsesiones del autor ha sido intentar "desmitificar aquella Movida de chupas de cuero y pelos de colores, porque parece que los que salían entonces en Madrid iban todos así, y no es cierto: eran universitarios o gente que trabajaba en talleres o carnicerías".

Menéndez Flores, periodista cultural de larga trayectoria, se apoya para ello en la banda sonora para mostrar un Madrid heterogéneo, en el que sí, suenan Radio Futura y Nacha Pop, pero también Julio Iglesias, Isabel Pantoja o José Luis Perales

Un barniz de realidad a una historia de ficción

Además, el relato está trufado de acontecimientos contemporáneos a los hechos que narra, de modo que consigue dar un barniz de realidad a una historia que es absolutamente ficticia.

Para ello, el autor llevó a cabo una enorme labor documental porque "quería que a los que vivieron los ochenta les sonara la historia y los que no, se llevaran una idea de lo que fue en aquel momento este país. Por eso tenía que ser muy pulcro y riguroso y creo que eso se refleja de algún modo en la novela". Además, la ciudad de Madrid es un personaje más de la novela y por sus calles deambulan los protagnistas de la historia en un recorrido que resultará familiar para cualquiera que conozca la capital.

Todos nosotros ofrece emociones fuertes desde el inicio. "He tenido muy presente que este es un género en el que el autor no se puede permitir tonterías: los lectores que se adentran en esta novela no van buscando precisamente mares en calma; buscan tempestados, rock'n'roll, suspense... En esta novela hay un misterio que arranca en la primera página, que recorre toda la espina dorsal y que llega hasta el final", afirma el escritor.

Sin embargo, Menéndez Flores asegura que el libro no es una lectura exclusiva para los aficionados al género negro pues considera que hay "otros ingredientes, como la ambientación, la psicología de los personajes o las relaciones que hay entre ellos".

Unos personajes a los que el autor, que ya está trabajando en una nueva novela, está planteando dar continuidad en el futuro porque "algunos creo que todavía tienen carrete", asegura.

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