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La misteriosa muerte del presidente uzbeko

  • Islam Karímov es el dictador más longevo de las repúblicas centroasiáticas
  • El gobierno ha anunciado su muerte tras días de rumores
  • La prensa dice que los chacales han retrasado la noticia hasta repartirse el poder

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El presidente uzbeko, Islam Karímov, lleva sin aparecer en público desde agosto.
El presidente uzbeko, Islam Karímov, lleva sin aparecer en público desde agosto.

"El 2 de septiembre, después de una grave enfermedad, ha fallecido el destacado líder político, el presidente de Uzbekistán Islam Karímov". Ese ha sido el escueto comunicado del gobierno uzbeko que ha puesto fin a días de rumores sobre la muerte del dictador más longevo de las repúblicas centroasiáticas. Pero nadie quiere decirlo.

El entierro tendrá lugar este sábado en su ciudad natal, Samarkanda. Al frente de la comisión encargada de organizar los funerales estará el primer ministro del país, Shavkat Mirziyoyev, el más nombrado por los analistas como su posible sucesor.

Islam Karímov, de 78 años, es el hombre que ha gobernado con mano de hierro Uzbekistán durante los últimos 27 años. Llegó al poder en 1989 cuando el país era entonces una de las quince repúblicas soviéticas, y tras la independencia siguió en el cargo.

El misterio que ha rodeado su muerte demuestra la alargada sombra del pasado soviético. Todo estaba preparado en Samarkanda para su entierro pero nadie quería confirmar la noticia. El primer ministro turco ha sido el primero en hacer el anuncio esta mañana en declaraciones entre la prensa. Pero el consejo de ministros de Uzbekistán lo desmentía horas después y sólo se refería a un "grave deterioro" en su estado de salud.

Pero el momento de máxima confusión ha llegado esta tarde con un flash de la agencia Interfax en la que anunciaba su muerte, retirado en cuestión de minutos alegando que había sido un error por "razones técnicas". Dos horas después ha llegado el anuncio su oficial.

Hospitalización

La última vez que se vio al mandatario uzbeko en público fue en la televisión estatal, el pasado 17 de agosto. Desde entonces los rumores sobre su estado de salud no han cesado. El pasado 28 de agosto, el gobierno informó de que había sido hospitalizado por un supuesto derrame cerebral. En más de un cuarto de siglo que lleva en el poder Karímov, ésta fue la primera vez que las autoridades del país habían informado sobre su estado de salud.

Los medios opositores hablaban ya entonces de que estaba muerto. La agencia de información centroasiática Fergana.ru llegó a publicar la hora exacta del deceso: las 15.35 hora local (una hora menos en la España peninsular).

El redactor jefe del medio, Daniil Kislov, tiene claro por qué su muerte ha estado rodeada de secretismo. "Lo anunciarán sólo después de que los chacales, la gente de la elite y el entorno más próximo a Islam Abduganíevich (patronímico de Karímov) se repartan entre ellos el poder", dijo Kislov al diario digital ruso Life.ru.

También el diario ruso Gazeta.ru daba por muerto a Karímov, citando a un experto en Asia Central con fuentes en el entorno del líder uzbeko.

El gran ausente del Día de la Independencia

Por su parte, El Movimiento Popular de Uzbekistán (MPU), una organización política que agrupa diversas facciones opositoras, aseguró en su web que en lugar de un derrame cerebral Karímov sufrió un infarto tras celebrar con el equipo olímpico uzbeko su exitosa participación en las Olimpiadas de Río de Janeiro, donde ganaron cuatro oros. En esa fiesta, celebrada el viernes en la residencia presidencial, el líder uzbeko bebió y comió más de la cuenta, excesos que le provocaron un infarto, según esa fuente.

La señal de que algo muy grave le ocurre al dictador llegó el pasado 1 de septiembre, Día de la Independencia en el que el presidente ofrece un tradicional discurso que este año tuvo que ser leído por el presentador de la televisión estatal.

"Al momento de la publicación de este artículo un avión gubernamental con los restos de Karímov había salido de Tashkent rumbo a Samarkanda", escribió esta madrugada Fergana.news.

Islam Karímov, el cacique asiático que sometió a los integristas

Admirador de Tamerlán, uno de los mayores conquistadores nómadas de la historia, el líder uzbeko era un cacique abanderado de la lucha contra el integrismo islámico, objetivo por el que sacrificó los derechos humanos más básicos de su pueblo.

"Esa gente debe recibir un disparo en la sien. Si es necesario, les dispararé yo mismo. Estoy dispuesto a arrancar la cabeza de 200 personas, sacrificar sus vidas, para garantizar la paz en el país", llegó a decir Karímov en una intervención ante el Parlamento tras un atentado cometido hace años por integristas en Tashkent.

Karímov era ministro de Finanzas cuando fue promovido al cargo de primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán, entonces una de las quince repúblicas soviéticas. Según la letra no escrita de la política uzbeka, Karímov nunca habría llegado al poder de no contar con el apoyo de uno de los dos clanes que dirigen ese país desde hace cientos de años, los de Tashkent y Samarkanda. Siendo él originario de Samarkanda, el líder del clan de la antigua capital imperial, Ismaíl Jurabékov, le promovió como el líder que conduciría los destinos de Uzbekistán de cara al nuevo siglo

En diciembre de 1991 fue elegido primer presidente del Uzbekistán independiente y en 1995 convocó un plebiscito por el que prorrogó su mandato hasta 2000. No contento con eso, convocó otra consulta popular en 2002 prolongando los mandatos presidenciales de cinco a siete años.

A partir de entonces, se proclamó ganador de todas las elecciones celebradas en el país: en 2000, en 2007 y, finalmente, en marzo de 2015. En la ultima cita electoral obtuvo, como siempre, más del 90 % de los votos, y según la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa en esos comicios "no hubo espacio para la oposición".

Desde su ascenso al poder, Karímov hizo especial énfasis en la instauración de un Estado laico, persiguiendo toda manifestación de fundamentalismo.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el líder uzbeko obtuvo carta blanca para reprimir a conciencia a los activistas islámicos, sin hacer distinciones entre moderados y radicales. Así ocurrió con el Movimiento Islámico Uzbeko, el grupo más belicoso de los radicales musulmanes centroasiáticos, que combatió hombro con hombro con los talibanes en Afganistán.
Según organizaciones de derechos humanos, miles de disidentes musulmanes se encuentran en las cárceles uzbekas, donde son sistemáticamente torturados.

En nombre de la lucha contra el integrismo, el autócrata uzbeko también ilegalizó a todos los partidos opositores y en mayo de 2005 sus fuerzas de seguridad ametrallaron a centenares de civiles desarmados en la ciudad oriental de Andiyán, un incidente descrito por las autoridades uzbekas como una revuelta orquestada por militantes islámicos. Como consecuencia, Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones al régimen uzbeko, convirtiéndolo en un "apestado" a ojos de Occidente. Tras ello, Karímov selló una alianza defensiva con Rusia que contemplaba la asistencia militar exterior en caso de agresión, para años después abandonarla.

Karímov dirigió su país con mano de hierro y hasta su hija mayor, Gulnara Karímova, a quien durante años se consideró su sucesora en potencia, cayó en desgracia en 2014 acusada en un escándalo de corrupción tras descubrir un grupo de periodistas que un gigante sueco de telecomunicaciones había pagado 300 millones de dólares por entrar al mercado uzbeko. Ahora, su sucesión es una incógnita.