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Salman bin Abdulaziz, un monarca moderado para un tiempo convulso

  • Se enfrenta a los viejos conflictos locales y las reformas iniciadas por Abdalá
  • El equilibrio entre tradición y apertura será una de las claves de su mandato

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Imagen de archivo del rey Salman (entonces príncipe) en su llegada al aeropuerto de Haneda, en Tokio.
Imagen de archivo del rey Salman (entonces príncipe) en su llegada al aeropuerto de Haneda, en Tokio. Reuters REUTERS/Yuya Shino/Files

Salman bin Abdulaziz, el último heredero nacido antes del descubrimiento de petróleo en el reino que convirtió a Arabia Saudí en el mayor exportador de crudo del mundo, llega al trono tras la muerte de su hermanastro, el rey Abdulá.

Moderado reputado con un conocimiento profundo de las demandas de los cléricos conservdores, los poderes tribales y una creciente población joven, a sus 78 años, Salman se enfrenta a un reinado durante el que tendrá que navegar entre conflictos locales como las guerras de Irak y Siria, la enconada rivalidad entre musulmanes chiíes y suníes por el poder en Irán y la amenaza creciente de Al Qaeda en el vecino Yemen; y las necesarias reformas económicas y sociales comenzadas por su predecesor.

Una tarea para la que contará con el apoyo de su hermanastro menor, el príncipe Muqrin, antiguo jefe de la inteligencia que fue nombrado segundo en la línea de sucesión en marzo.

Según un cable diplomático filtrado por WikiLeaks en 2007, el nuevo monarca considera que la democracia se adapta poco a un reino conservador por lo que se muestra cauto en cuanto a las reformas. "Me parece que tendrá buena mano a la hora de equilibrar la balanza para hacer avanzar a la sociedad al tiempo que mantiene el respeto de la tradición más conservadora", explica a Reuters el exembajador de EE.UU. en Riad, Robert Jordan.

Gobernador de un pueblo, embajador de una ciudad

Propietario de uno de los mayores grupos de comunicación del mundo árabe, Salman ha gobernado durante cerca de medio siglo su provincia natal, Riad, un trabajo que le ha permitido estar tan cerca de los tradicionalistas conservadores como de los tecnócratas liberales al tiempo que observaba el desarrolló de la capital de Arabia Saudí desde un pueblo del desierto hasta convertirse en una gra nmetrópolis.

Su puesto le convirtió además en el mandatario más relacionado con los gobiernos extranjeros debido a la organización de visitas oficiales. "Es un político inteligente en contacto con las bases consevadoras pero también con los moderados", explica Jordan.

En una reunión con el embjador de Estados Unidos cuyo balance fue filtrado en 2007 por WikiLeaks, Salman defendió que las reformas puestas en marcha por su hermano debían avanzar despacio por temor a la respuesta de los conservadores.

Defensor de la tradición con la mirada abierta al cambio

Con un físico más parecido al de su padre, el rey Abdulaziz Ibn Saud, Salam es miembro del clan de los Sudairi, los siete hermanos de pleno derecho de la familia Saud, ha tenido que mediar en varios conflictos familiares, lo que le ha convertido en uno de los ejes de la estructura de poder del país.

Conocido por su devoción y su oposición tibia a la democracia, pero también por ser abierto al exteriro, cuando sus dos hermanos Sultán y Nayef murieron (con tan solo un año de diferencia), Salman fue nombrado ministro de Defensa y asumió una cartera que puso en sus manos el ministerio con más gasto del reino, con capacidad para usar armas de destrucción masiva que le permitió tanto decidir sobre la seguridad de los lugares sagrados de Medina y la Meca, como reforzar la alianza con países como Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

En la citada reunión con el embajador estadounidense, Salman reconoció, haciendo alusión a las facciones tribales y regionales, que la paz en el conflicto entre israelíes y palestinos es un factor fundamental para la estabilidad de Oriente Medio y, según explica Jordan, el príncipe fue reacio a reconocer la participación saudí en los atentados del 11 de septiembre, pero su posición cambió a pruebas cada vez más sñólidas de que 15 de los 19 secuestradores eran saudíes.

"No acepta ciegamente todo lo que dice Estados Unidos pero al mismo tiempo entiende la importancia de la relación, que va más allá del petróleo", explica el diplomático.

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