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Las partículas atmosféricas más pequeñas repercuten en el desarrollo embrionario

       
  • Pueden atravesar los alveolos pulmonares y entrar en sangre
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  • El CSIC insta a controlar más la contaminación por partículas pequeñas
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  • Los adultos respiran los compuestos orgánicos que hay en el aire 

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Contaminación en un atardecer en Barcelona.
Contaminación en un atardecer en Barcelona. Getty Images/Hemera Thinkstockphotos

Las partículas atmosféricas de diámetro menor que un micrómetro tienen un efecto negativo sobre el metabolismo, ya que son tan pequeñas que pueden atravesar los alveolos pulmonares y entrar en el torrente sanguíneo.

Un estudio dirigido por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha concluido que estas partículas, también denominadas submicrónicas (PM1), provocan malformaciones en los embriones e insuficiencia cardiaca. Son efectos que concuerdan con los estudios epidemiológicos realizados hasta  la fecha, informa el CSIC.

El trabajo, que se ha realizado en peces cebra y ha sido publicado en la revista Environmental Pollution, demuestra que las partículas más pequeñas tienen efectos perniciosos comparables o  superiores a las partículas contaminantes de mayor tamaño, ha explicado el investigador del CSIC Benjamí Piña, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua.

Control más estricto de esta contaminación

"Esto refuerza la idea de que se necesita un control más estricto sobre la contaminación por partículas pequeñas”, ha subrayado Piña, quien ha puesto como ejemplo: "Los motores de los coches están preparados para expulsar partículas  cada vez más pequeñas y de menor masa, pero que a pesar del menor tamaño  pueden tener más compuestos orgánicos dañinos”.

Actualmente, la legislación establece límites a la contaminación por partículas tomando como referencia las partículas mayores (las PM10), y establece un tope de masa de partículas por metro cúbico de aire. 

Sin embargo, señala el estudio, en comparación con las PM10, las partículas PM1 tienen mil veces menos masa, menos contenido mineral y mucha más materia orgánica nociva, fundamentalmente hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) y otros compuestos tipo dioxina.

Un estudio de 14 meses

Las muestras de partículas analizadas en el estudio fueron recogidas a lo largo de 14 meses en una estación de muestreo de Barcelona gestionada por el CSIC. 

Las partículas se retienen en filtros con membranas de diferentes medidas, lo que permite separar las partículas por su tamaño (10, 2,5 y 1 micrómetro). Después, se someten los filtros a un proceso de extracción para separar los compuestos orgánicos (principalmente hidrocarburos aromáticos policíclicos y sus derivados) de la parte mineral.

Los mayores efectos tóxicos en los peces cebra se registraron en muestras recogidas durante los últimos meses de otoño, correspondiendo con el mayor contenido en hidrocarburos aromáticos policíclicos y otros compuestos orgánicos en las muestras de aire.

“Aunque los peces no tienen pulmones, son muy útiles como modelo experimental de toxicidad sistémica, es decir, cuando estos compuestos pasan de los pulmones al torrente sanguíneo y de ahí a todo el organismo. Un adulto respira, de media, de 10 a 20 metros cúbicos de aire al día, con todos sus contaminantes, parte de los cuales pasan a la sangre y, en el caso de una mujer embarazada, llegan al feto”, concluye el investigador.

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