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Nuevos choques en Cisjordania tras el multitudinario entierro de un preso palestino

  • Arafat Yaradat ha muerto en una cárcel israelí
  • El forense asegura que hay indicios de torturas en el cuerpo del preso
  • Israel sigue manteniendo que ha sido por un ataque al corazón
  • Su muerte ha desencadenado una ola de protestas en toda Cisjordania

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Multitudinario entierro en Cisjordania de Arafat Yaradat, el palestino que murió en un cárcel israelí

Al menos siete personas han resultado heridas este lunes en los enfrentamientos que han tenido lugar en distintos puntos de Cisjordania entre manifestantes palestinos y fuerzas militares y policiales israelíes.

Los choques se producen tras la muerte del preso palestino Arafat Yadarat en una cárcel israelí. El forense asegura que "hay indicios de torturas" en el cadáver, sin embargo, Israel mantiene que la muerte se debe a "un ataque al corazón".

Tres de los heridos se han registrado cerca de la prisión de Ofer, al sur de Ramala, donde jóvenes palestinos han arrojado piedras a miembros de la Policía israelí de Fronteras. La agencia oficial palestina, Wafa, ha informado de que dos de ellos, hospitalizados, han sufrido impactos de bala.

Miles de personas asisten al funeral del preso palestino

La muerte de Yadarat ha originiado una cadena de protestas en controles y retenes israelíes en el territorio ocupado de Cisjordania y esta mañana miles de personas se han concentrado en Sair, donde residía, para asistir al funeral.

El ambiente de indignación e ira por las calles del pequeño poblado ha sacado a las calles no sólo a la población de Sair, sino también a vecinos de poblados de alrededor que le conocían o que simplemente han querido expresar su indignación con Israel.

"Le han matado en cinco días, le han secuestrado para siempre. ¡Mi amor, mi amor... mi hermano!", decía entre sollozos Sabriye Fruj, sentada al lado del cadáver en un sofá, donde era arropada por su marido y otros miembros de la familia.

Yaradat, arrestado por tirar piedras, murió en la prisión israelí de Meguidó, en la baja Galilea, de lo que el Servicio de Prisiones calificó en un principio como infarto al corazón.

El forense asegura que hay indicios de torturas

Sin embargo, la autopsia, practicada en el Instituto Forense de Abu Kabir, en Tel Aviv, bajo la supervisión de un médico palestino, no ha hecho más que echar leña al fuego.

Según el médico Saber Al Aloul, director del Instituto Palestino de Medicina Forense y profesor de la Universidad Al Quds, el cadáver presentaba hematomas y dos fracturas en las costillas que indican que Yaradat fue torturado por Israel.

Por su parte, los dos médicos israelíes que dirigieron la intervención aseguran que los indicios no son concluyentes porque las magulladuras y roturas de las costillas pudieron haber sido causadas durante los intentos de reanimación.

Un comunicado del Ministerio de Salud de Israel pedía anoche esperar a los resultados de las pruebas toxicológicas y microscópicas para establecer las razones de la muerte.

"Despedíos de él porque no vais a volver a verle"

"Esto no es sólo un crimen, es un gran asesinato", ha dicho una prima del difunto, que ha asegurado a Efe que "la prisión de Meguidó es conocida por sus torturas".

Según esta fuente, cuando los soldados lo detuvieron la semana pasada en su casa en una redada nocturna, dijeron a la familia: "Despedíos de él porque no vais a volver a verle".

Cientos de palestinos apostados en tejados y balcones seguían en Sair la procesión fúnebre, encabezada por un primer grupo de hombres y un segundo de mujeres y niñas que portaban una fotografía del difunto engalanada con flores.

El cadáver ha estado expuesto esta mañana en una sala próxima a la gasolinera en la que trabajaba Yaradat.

Cinco milicianos con el rostro cubierto por la tradicional kefía palestina efectuaban de tanto en tanto disparos al aire, en ráfagas de protesta que no conseguían mitigar los repetitivos gritos de "Ala Akbar" (Alá es grande").

Las tiendas del poblado estaban cerradas en señal de duelo y numerosas banderas palestinas y de las distintas facciones ondeaban por sus calles.