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Obama lucha por recuperar el espíritu de Chicago que le llevó al poder en 2008

  • Romney podría ganar en el voto popular y Obama el de los compromisarios
  • La imagen del presidente se ha deteriorado durante los últimos cuatro años
  • La gestión del 'Sandy' juega a favor del demócrata

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Partidarias de Barack Obama sostienen una pancarta durante un acto del candidato en la Universidad de Cincinnati, el 4 de noviembre
Partidarias de Barack Obama sostienen una pancarta durante un acto del candidato en la Universidad de Cincinnati, el 4 de noviembre.

Llegamos al Chicago de los Obama. Aquí descansarán el martes del maratón que les ha llevado en las últimas 48 horas por la decena de estados indecisos en la recta final de la campañapeleando el desempate que dibujan las encuestas con el 6 de noviembre a la vuelta de la esquina.

Pero la ciudad está en calma. Poco rastro electoral. Cerca del simbólico Grant Park, donde el presidente sellaba su victoria hace cuatro años, se ata los cordones una mujer con gorra demócrata y camiseta (de manga corta, sí, con este frío de la Ciudad del Viento). Mientras rebusco en la bolsa intentando atrapar el micrófono, dice: "Necesita cuatro años más. Hay que darle otra oportunidad. Yo sigo junto a aquel Obama."

El demostrativo me desconcierta. Aquel Obama. "¿No sigue siendo el mismo?", le pregunto. Me mira como si hubiera mentado al diablo. "Michelle dice que sí... ". Se da la vuelta y se va. No he encontrado el micrófono. Ni la delicadeza. Y este accidentado encuentro subraya el misterio de si el martes viviremos en Chicago la misma explosión de celebración que hace cuatro años.

Frío escenario para el presidente

Estas elecciones están dibujando un frío escenario para el presidente Obama. Las encuestas siguen muy ajustadas, rozando el empate técnico.

Algunas incluso se atreven a plantear la noche electoral más temida: que Obama gane las elecciones con el voto electoral, pero el republicano Mitt Romney se haga con la mayoría del voto popular, y se repita el infierno del año 2000, cuando George W. Bush ganaba las elecciones, tras pasar por el Supremo, por un puñado de papeletas y 35 días después.

Es el presidente Obama quien se esfuerza por recordar este escenario, para movilizar hasta el último voto posible. Lo hizo en una entrevista en la MTV hace unos días. La campaña demócrata lo volvió a hacer anoche, enviando un vídeo por correo electrónico titulado "537 votos". Los que dictaron la diferencia en el condado de Palm Beach, Florida, hace 12 años.

"¿Conoces a alguien que crea que su voto no importa en estas elecciones?", dice el vídeo. El objetivo es evitar que se queden en casa aquellos estadounidenses decepcionados con las promesas incumplidas y el cambio ineficaz del presidente. También movilizar la red local de apoyos demócratas, esa estructura de base que funcionó a la perfección en 2008, de casa en casa, de barrio en barrio. "Una sencilla llamada telefónica a tu vecino, recordándole que su voto importa".

A por los estados clave

Las últimas encuestas del fin de semana siguen dando un empate técnico entre Obama y Romney, con una ligera ventaja del presidente en parte importante de la decena de estados indecisos, que decantarán estas elecciones.

Esos enclaves que oscilan entre demócrata y republicano dependiendo de la cita con las urnas, y que estos últimos días se convierten en territorio de batalla y maratón electoral.

Los candidatos emplean todas sus armas en ruta continua por Ohio, Virginia, Wisconsin, Nevada, Florida, Colorado, New Hampshire y Iowa.

Allí concluirá el lunes por la noche el presidente Obama su campaña, en el mismo lugar en el que la empezó la pasada primavera. Estos últimos días acude al tirón de las estrellas para impulsar la recta final: Bill Clinton, Stevie Wonder, Kate Perry, Bruce Springsteen, Jay Z...

Quizás falte la emoción y la pasión de hace cuatro años. Quizás este Obama no sea aquel que conmovía al mundo. Pero tampoco es este el escenario apático en el que muchos se empeñaban para estas elecciones, con un candidato republicano que no levanta pasiones entre los suyos pero ofrece su perfil de gestor para hacerse con la Casa Blanca y un presidente Obama que consolida su liderazgo pero pierde la magia que le dio la victoria en 2008.

Decían muchos que veríamos una campaña aburrida y un voto escasamente movilizado en ambas partes. No está siendo así. Hay varias teorías: las insistentes encuestas ajustadísimas que recuerdan a los votantes que no conviene quedarse en casa y el paso del huracán 'Sandy' que ha devuelto a Obama justo a tiempo el perfil de Comandante en Jefe que muchos habían olvidado.

Las primeras cifras aseguran que 27 millones de estadounidenses ya han votado por adelantado en 34 estados y el Distrito de Columbia. Y al parecer, podría tender hacia Obama en su gran parte, en Florida, Iowa, Nevada, Carolina del Norte y Ohio, pero con una ventaja menor que la que sacó hace cuatro años a John McCain.

En cualquier caso se contarán el día de las elecciones, ahora sólo podemos saber la adscripción partidista de cada votante. Pero en unas elecciones que parece se decidirán por escasa diferencia, cada voto es determinante.

¿Qué fue de aquel Obama?

Es imposible no preguntarse, cómo hemos llegado hasta aquí. Desde este Chicago en el que arrasó Obama hace cuatro años, parece increíble que hoy deba pelear hasta el último voto frente a un candidato republicano por el que pocos apostaban hace ahora un año. ¿Sigue siendo el mismo? ¿Qué fue de aquel Obama?

Él mismo contestó en la convención demócrata, comenzando su discurso con la respuesta a qué pasó con aquel joven soñador. "No era optimismo ciego. Los tiempos han cambiado y yo también. Ya no soy sólo un candidato. Soy el presidente. Las elecciones no eran sobre mí. Eran sobre vosotros. Vosotros habéis sido el cambio."

No prometió más cambio (change), sino que pidió a los votantes que eligieran entre dos modelos de estado y de Gobierno (choice). Pidió paciencia y esfuerzo a los estadounidenses para salir de la peor crisis tras la Gran Depresión. "Nunca dije que sería fácil ni rápido. Pero llegaremos a un sitio mejor."

Este Obama ha perdido decibelios de pasión en su discurso, pero ha ganado liderazgo y precisión. Lo que preocupa son las muestras de debilidad a lo largo de esta campaña.

Desde un discurso en la clausura de la convención, que para muchos fue superado por el del ex presidente Clinton y por el de la primera dama, Michelle Obama; a la excelente y punzante entrevista a la que se sometió en Univisión en octubre, donde bajaba la mirada admitiendo que el gran fracaso de su gestión ha sido no cumplir con la reforma migratoria;  y la guinda: el primer debate electoral.

El Obama invisible y cabizbajo cediendo el liderazgo ante un preparado y rotundo Romney, que insiste en apropiarse del término change, mentándolo en todos sus discursos, ofreciéndose como el cambio real que EEUU necesita, frente a las promesas incumplidas de Obama.

El presidente recuperó terreno en los debates posteriores. Y entonces, llegó la Gran Tormenta.

La influencia del huracán 'Sandy'

Para muchos se ha convertido en la tradicional "sorpresa de octubre". Para otros hay que tener cuidado con semejantes afirmaciones, por la magnitud de la tragedia, que dejaba más de un centenar de víctimas a lo largo de la Costa Este, devastando grandes áreas de Nueva York y Nueva Jersey.

Pero hay cosas que son innegables. 'Sandy' afectó al transcurso de la campaña electoral. Quizás nunca sepamos si también afectará directamente al voto, pero sí sabemos que la impecable gestión de la emergencia de la administración Obama no le pasará factura negativa.

Un error, a una semana de las elecciones, podría haber sido determinante, en un país que convive con la amarga sombra de la devastadora gestión del 'Katrina'.

Pero Obama se elevó por encima de la política. Su prioridad era salvar vidas, no le importaban las elecciones, aseguró en más de una ocasión. Y su coordinación con el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, les convirtió en un ejemplo de bipartidismo en tiempos difíciles.

Algo que llevan demandando los estadounidenses a su clase política años, frente al bloqueo polarizado que vive Washington. Piden unión, trabajo conjunto y territorio de entendimiento a sus políticos para sacar al país adelante.

Obama y Christie lo hicieron, levantando críticas sobre todo en el bando republicano. El gobernador de Nueva Jersey es una figura importante del partido y su respaldo es clave para Romney. No en vano fue el orador que le dio paso en la Convención Republicana, aunque con menor éxito del esperado.

"Me importa un bledo el día de las elecciones. Tengo la costa devastada, tengo inundaciones en el norte de mi estado, tengo mucho trabajo que hacer. Si alguien piensa que en este momento me importan algo las elecciones, es que no me conoce en absoluto", zanjaba Christie. El liderazgo también se demuestra andando.

El presidente Obama retomó su campaña electoral tras varios días dedicando todos sus esfuerzos a la gestión de la tormenta. Llevaba puesta la chaqueta de aviador de Comandante en Jefe al arrancar el mitin. Aquel no era el candidato. Aquel era el Presidente de EEUU. Y aquellas imágenes de Obama abrazando el dolor de Nueva Jersey durante su visita a las zonas devastadas querían recordar que sigue siendo el mismo.

Balance de campaña

Esta campaña ha estado infectada de golpes sucios e ingentes inversiones para demoler al rival con una avalancha de publicidad electoral. Pronto sabremos las cifras totales de recaudación y gasto de la campaña, pero todo apunta ya a que se batirán récords.

Pese a todo aún no sabemos si se repetirá el ajustado escenario del año 2000.Tampoco sabemos si los republicanos votan a Romney o votan contra Obama. Sí sabemos que quiénes decidirán estas elecciones son los votantes independientes, tendiendo al centro político.

De ahí los cambios de rumbo de Romney, rozando la contradicción en algunos de sus postulados. De ahí las acusaciones a Obama de extrema moderación. Demasiado educado, debe cultivar el tono agresivo, decían los expertos tras la paliza del primer debate electoral.

Quizás no lo haga nunca, en un país en el que la sombra racial sobrevive digan lo que digan, y en el que cuando el ex secretario de Bush, Collin Powell, confirma que continuará apoyando la reelección de Obama este 2012 porque confía en su liderazgo internacional, en las tertulias llueven las teorías de si este respaldo tiene algo que ver con la cuestión racial.

Obama pide más tiempo.  Ha sido un presidente sólido que ha cumplido una larga lista de objetivos en su primer mandato, consolidando además un cambio de rumbo en el liderazgo internacional que vuelve al tablero de juego multilateral.

Pero las expectativas eran demasiado altas. Obama arrancó los votos emocionales en 2008. Esos votos, los del corazón y el nudo en el estómago, pueden correr el riesgo de perderse con la misma rapidez. Insiste el presidente en relanzar su mensaje, pero en la recepción pesan más los defectos que los logros. La palabra incumplida se convierte en una cuestión de honor. Y la lista de éxitos se difumina con el ruido electoral.

A Obama no le basta con ganar el 6 de noviembre. No puede llevarse el voto electoral por poco margen, como apuntan las encuestas. Ni mucho menos perder el voto popular frente a Romney. Sería la quinta vez en la historia de EEUU que esto ocurre, y la primera en una reelección. Abocaría la escena política a un cruce de reproches diarios sobre unas elecciones robadas y abriría una fractura en la legitimidad de un presidente que tropieza con un Congreso fracturado y un escenario legislativo escorado en los extremos.

Llueven las teorías de todas las formas y colores, porque nadie se atreve a aventurar qué viviremos la noche del martes. Obama no es el mismo, insisten. Pues claro que Obama no es el mismo. Cuatro años en la Casa Blanca no pasan en balde. Sólo hay que mirar las canas.