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Maximiliano Barrientos, escritor

"Disfruto al saber que puedo mirar mis fantasmas del pasado con cierta distancia"

  • Barrientos cuenta a RTVE.es cuáles son las claves de su libro
  • Busca en su lenguaje cortado acercarse a "la poesía silenciosa"

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Por
Maximiliano Barrientos nació en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)
Maximiliano Barrientos nació en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).
  • Lo que más me ha impresionado del libro es ese lenguaje tan directo, con frases tan cortas y sin maquillaje. ¿Lo utilizas en otros libros?

Es un lenguaje que está en otros libros, con algunas variaciones, claro. Algo que exijo como lector es que los textos tengan ritmo. Me parece que en el ritmo radica la verdadera poesía, la poesía silenciosa. Y no tanto así en un lenguaje rebuscado, gordo, pretencioso, de corte “intelectual”. Pienso en escritores como Fabián Casas, Fogwill, Joan Didion, James Salter, Colum McCann o Cormac McCarthy. Sus escrituras son depuradas pero violentas, precisas. Sus frases te cortan como cuchillos porque tienen un ritmo único, despiadado, donde —insisto— radica la verdadera poesía. Solo un lenguaje así captura la vida, y supongo que leemos ficción para comprender mejor ciertas situaciones vitales. Para vivir la vida que quisimos tener y no tuvimos. Para saber que lo que nos pasó también le sucedió a alguien más.

  • ¿En qué tipo de público pensaste cuando lo escribiste, si es que lo hiciste?

Cuando escribo no pienso en lectores, eso me inhibe. Me interesa que el libro los encuentre por ahí, y si así sucede nada me pone más contento. Nada me hace sentir menos solo.

  • ¿Piensas que deberíamos como seres humanos despojarnos más de los recuerdos o encuentras sano tenerlos en mente?

Hay una parte en Psicosis donde el personaje de Anthony Perkins le dice al de Janet Leigh: “Todos vivimos en nuestras trampas privadas”. Creo que es una buena definición de la memoria. Todos, en mayor o menor medida, vivimos a la sombra de lo acontecido, de lo que nos decimos que ha sucedido. Es nuestra cárcel privada. Una cárcel que, en buena medida, inventamos para convencernos que nos ha pasado algo. Que tenemos una o dos experiencias que lo justifican todo. Puede que sea puramente ilusorio, pero es lo único que evita que nos volvamos seres ingrávidos.

El problema radica cuando el pasado convierte en parodias todas las demás experiencias, cuando se da un cierre total, cuando no hay apertura. Ahí están, por ejemplo, los hermosos y tristes personajes de Won Kar Wai, que viven como insectos dando vueltas una y otra vez alrededor de la lumbre de lo acontecido. Yo estoy en paz con mi pasado. Disfruto saber que los fantasmas están ahí, flotando en la cabeza, sin producir más daño. Me gusta tomarme unas cervezas solo y verlos desde cierta distancia. Me gusta saludarlos desde lugares seguros.

  • ¿Por qué quisiste escribir un libro de historias frustadas, de lo que no se dice, de la soledad, del paso del tiempo?

Porque esas son las historias que puedo contar. Supongo que uno escribe un libro por la misma razón por la que se enamora: para buscar algún tipo de contacto, para salir por un rato de la cabeza, para volver al mundo.

  • ¿Qué es lo próximo que vas a escribir?

Ya tengo tres novelas acabadas y corregidas. Se las pasé a Julián Rodríguez, mi editor, para que las lea y para que vea cómo las sacamos, si como una trilogía o como novelas independientes. También tengo acabado un libro híbrido formado por breves ensayos autobiográficos, textos fragmentarios, apuntes de mi diario y poemas. Un cruce, por decirlo de alguna forma, del “Crónicas de motel” de Sam Shepard y de “Las pequeñas virtudes” de Natalia Ginzburg. Y tengo varios cuentos. Ando escribiendo cuentos como loco, quiero seguir en ello un año más por lo menos y luego empezar a seleccionar y a formar un volumen.

  • ¿En qué película te gustaría vivir?

Me gustaría vivir en Días en el cielo, de Terrence Malick. En Fallen Angels, de Won Kar Wai. Y en Los Excéntricos Tenenbaums, de Wes Anderson, una peli en la que Gwyneth Paltrow salió bella como nunca.

  • ¿Tanta descripción no será resultado de tu experiencia cinematográfica?

Seguramente el cine ayuda a darte ciertas nociones de narración, a agilizar la historia. A no caer en abstracciones. Sin embargo, como te decía en la primera respuesta, el lenguaje que empleo se conecta más bien con cierta tradición literaria de búsquedas vitalistas. A veces quisiera escribir historias sencillísimas que produzcan lo que algunas canciones country producen. Ese golpe seco en la mandíbula, todas esas emociones dando vueltas, llevándote a todos esos lugares. Es dificilísimo, pero ahí está: hay que soñar con algo.