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La 'tasa Tobin', una vieja idea que divide al mundo

       
  • La propuesta de Francia y España rescata la vieja fórmula de la tasa Tobin
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  • Suscita rechazo en Asia, Estados Unidos e incluso ciertos países europeos
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  • Si no se aplica universalmente daría lugar a la fuga de capitales

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"Las finanzas se han globalizado, por lo tanto ¿por qué no pedir que participen en la estabilización del mundo mediante un impuesto a cada transacción?".

Esta misma pregunta, planteada por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ante la Asamblea General de la ONU con motivo de la Cumbre del Mileniose la hizo en 1971 un economista estadounidense, James Tobin, que luego acabaría ganado el premio Nobel.

Los motivos, eso sí, eran bien diferentes: mientras Tobin quería frenar con la medida la volatilidad del mercado de divisas después de que el presidente de EE.UU. por aquel entonces, Richard Nixon, acabase con el patrón oro.

Propuesta francesa

Lo que no podía imaginar Tobin -que recibió el premio Nobel por sus investigaciones en 1981- es que más de 26 años después, en 1997, su teoría se convertiría en la bandera de los grupos antiglobalización, encabezados por la organización francesa ATTAC y el periódico Le Monde Diplomatique, dirigido por el español Ignacio Ramonet.

Y es que Francia ha sido siempre el principal 'caladero' de esta propuesta, rechazada abiertamente por el país de Tobin, Estados Unidos, y las principales potencias del mundo anglosajón, con gran peso del sector financiero, especialmente Reino Unido.

Trece años después de la propuesta de ATTAC y Ramonet -que fue rechazada por el propio Tobin al considerar que desvirtuaba su idea- la iniciativa ha llegado a los gobiernos, con el Elíseo a la cabeza, por obra y gracia de la crisis.

Ahora el objetivo es conseguir que los bancos paguen esta tasa para financiar posibles crisis, de forma que no tengan que acudir los estados con multimillonarios planes de rescate, tal y como ocurrió en 2008 y 2009.

Según sus promotores, el impuesto permitiría tanto para frenar la especulación que dió lugar a la caída de Lehman Brothers y con ella del todo el sistema financiero -en la mayor crisis desde el crack del 29- y ayudar a financiar el desarrollo de ayudas a los países pobres o la lucha contra el calentamiento global.

Ofensiva en el G-20 y la UE

Sin embargo, en la cumbre del G-20 de Toronto en junio, Europa se encontró aislada frente a la fuerte oposición de los países asiático, así como Canadá y Australia. Estados Unidos expresó sus reservas.

El principal problema es que si ese impuesto solo se impone en un país o un grupo de países puede dar lugar a la fuga de capitales hacia climas más favorables, provocando consecuencias económicas que podrían ser graves.

Suecia, que había introducido un impuesto sobre las transacciones financieras en la década de 1980, ya lo aprendió y decidió suprimir la tasa después de algunos años de fracaso.

Francia asume a partir de noviembre la Presidencia del G-20 y su presidente ha convertido esta tasa en su prioridad. Si -como es probable- no lo logra- cuenta con el apoyo de Alemania para implantarla a nivel europeo.

Con sus palabras ante la ONU, el presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, se sube a ese carro, pese a que cuenta con la oposición abierta de otros países europeos, encabezados por Reino Unido, que se revuelve para defender a la City londinense.

La Comisión Europea también se muestra escéptica. "Podría tener efectos adversos significativos y la posibilidad de evitar la tasa aumenta en función de la complekidad de las operaciones", advertía en un reciente estudio.

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