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Amin Maalouf, identidad y reconciliación

  • El Príncipe de Asturias de las Letras 2010 es un libanés que vive en París
  • Sus novelas y sus ensayos buscan una identidad que no lleve al enfrentamiento
  • Su obra mayor es La Roca de Tanios, ganadora del Premio Goncourt en 1993

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El escritor libanés Amin Maalouf es galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010

Sobre el mundo árabe

"Los árabes están persuadidos de que van a perder todas las batallas en las que se metan. Han perdido la confianza y tienen una terrible mentalidad de perdedores. Este sentimiento que embarga a los árabes es precisamente uno de los motivos que les hace mirar con admiración a todos aquellos que toman una actitud de rechazo radical hacia Occidente" (La Vanguardia, 23.II.1991)

Sobre la religión

"Creo que en los próximos años se acentuará aún más el papel de la religión como seña de identidad. Forma parte de la respuesta a la globalización. También servirá de refugio a los que no saben qué hacer con su propia libertad. Pero una vez nos hayamos adaptado a todos esos cambios y tengamos todos el sentimiento de pertenecer a una civilización común, creo que la religión será una práctica interior más relacionada con una necesidad espiritual y los interrogantes que plantea la existencia" (El País, 8.VIII.1999)

Sobre su idea de Dios

"Soy bastante escéptico. No soy en absoluto ateo, al revés, tengo un sentimiento de la divinidad, de lo sagrado, y al mismo tiempo no estoy vinculado a ninguna religión concreta. Si tuviera Dios, no sería el Dios vengativo, omnipotente y lejano, sino un Dios con sentido del humor, fantasía, libre y libertador: un Dios que cree en la libertad del hombre" (El Correo, 9.IX.2001)

Sobre la tradición y los orígenes

"Sin pasado, el presente es tan ligero que se parece sospechosamente a la muerte" (La Vanguardia, 12.XII.2004)

"En el marco mundialista [globalizado] en que vivimos, el orden social debiera basarse en el derecho a las más diversas pertenencias. Fuera de esto sólo veo un suicidio frontal y enfrentamientos sin fin".

Lo decía en la recepción del prestigioso Premio Goncourt, obtenido por su novela La Roca de Tanios, el novelista y ensayista Amin Maalouf (Beirut, 1949), árabe de familia melquita católica pero religiosamente escéptico, libanés de origen y francés de adopción, ex periodista, novelista y ensayista. Era 1993.

Europa estaba enredada en el comienzo de una guerra que llenaría los Balcanes de sangre y odio toda la década, preludio nacionalista del enfrentamiento religioso que Samuel Huntington teorizó a su manera en un artículo -"¿El choque de civilizaciones?"- ese mismo año. Y que tuvo su más abrupta expresión el 11-S.

La concesión a Maalouf del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010 es, sin lugar a dudas, una apuesta por el entendimiento y la creación de puentes entre culturas desde el ámbito intelectual.

La inversión en cultura es una inversión en paz cívica

"Hay que volver a pensar el mundo dando primacía a la cultura -señalaba el libanés en septiembre de 2009, a su paso por España-. La construcción de Europa sin cultura no existirá. Si no se le da prioridad a la cultura, irá para atrás. La inversión en cultura es una inversión en paz cívica".

Cuando recibió el Goncourt, el ahora Príncipe de Asturias de las Letras había dado ya a la imprenta un ensayo, Las cruzadas vistas por los árabes (1983), en el que concluía que éstas son el origen de que Oriente vea a Occidente como un enemigo y por lo tanto se niegue a asumir la modernidad ilustrada. Según Maalouf, por eso mismo el mundo musulmán se replegó sobre sí mismo.

Antes, el galardonado había sido periodista enviado especial a Vietnam y Etiopía y director del diario libanés An-Nahar. Había huido de su país a Francia cuando estalló en 1975 la guerra civil que se prolongaría hasta 1990. Además de novelas y ensayos, Maalouf es autor de varios libretos de ópera para la compositora finlandesa Kaija Saariaho.

El pasado para entender el presente

En 1986 publicó en francés, su lengua, León el africano, su primera novela, con la que lograría un gran éxito de ventas y crítica. En ella, literaturiza la vida de un intelectual musulmán que vivió durante el Renacimiento y fue así bautizado por el papa León X.

Samarcanda (1989) es otra novela histórica que recorre la historia de Persia al hilo de un célebre manuscrito de poemas. La Historia como lugar de autoconocimiento.

Tras Los Jardines de Luz y El primer siglo después de Béatrice, obras menores, que se mueven de nuevo en torno al Mediterráneo, llegó la citada novela La Roca de Tanios, una historia ambientada en su país durante el siglo XIX, en la que quedan perfectamente dibujados los enfrentamientos entre el Imperio Otomano y Egipto, entre las potencias occidentales y las minorías que habitaban sus colonias y protectorados en la región.

La obra es una llamada a la reconciliación y contiene múltiples lecturas, la política, la patriótica o la amorosa.

Las relaciones humanas son muchísimo más importantes que los vínculos históricos

En otra de sus grandes obras, Las escalas de Levante (1996), una novela que recorre todo el siglo XX, vuelve a tender puentes. "Las relaciones humanas son muchísimo más importantes que los vínculos históricos. Lo que salva y libera a los seres humanos es el amor que en mi novela utilizo como un elemento de redención o antídoto", decía Maalouf entonces.

Su condición de libanés y de árabe residente en Europa le convierten en un testigo privilegiado y un agudo analista de algunos de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo.

Identidad personal frente a pertenencias enfrentadas

En 1999, Maalouf publicó un ensayo titulado Identidades asesinas, en el que realizaba un enorme esfuerzo intelectual para hacer un diagnóstico y apuntar soluciones a los enfrentamientos por motivos de identidad, sea ésta nacional, religiosa o cultural.

En el país del Cedro han convivido diversas comunidades que se han enfrentado durante mucho tiempo por poder y territorio, incluyendo el conflicto fraticida tras cuyo final se logró una precaria estabilidad amenazada por la guerra entre Hizbulá e Israel en 2006.

Las novelas y ensayos de Maalouf están impregnados de esa condición de exiliado originario del ojo del huracán del mundo contemporáneo, un Oriente Medio que soñaba con poder llamar algún día "patria", sueño que se extendía al desear que sean "compatriotas" todos su habitantes, sean de la religión que sean.

Maalouf, que en Orígenes (2004) buceó en su genealogía, llena de viajeros y exiliados como él mismo, cree que "la identidad es algo vital para no perderse en la masa de la uniformidad" que impone la globalización. Su apuesta es la identidad personal, más allá de patrias, lenguas y religiones.

Pesimismo sobre la relación Oriente-Occidente

Diez años después, en su siguiente ensayo, El desajuste del mundo. Cuando las civilizaciones se agotan, Maalouf reconocía que el sueño de un panarabismo tolerante estaba más lejos.

"Creo que estos problemas y desajustes [en Oriente Medio] vienen del agotamiento simultáneo de dos modelos sociales, del mundo occidental y del mundo árabe -aseguraba en septiembre de 2009 al presentar el libro en España-. El discurso de Obama en El Cairo fue excelente, pero hoy estoy impaciente y desilusionado por no producirse avances, y creo que se están dando vueltas en círculo".

El mundo árabe tiene "un déficit de legitimidad democrática"

Entonces, Maalouf consideraba que el mundo árabe tiene "un déficit de legitimidad democrática" y que se encuentra en un momento que lleva a la "regresión al resto del mundo".

Al mismo tiempo, reclama en la obra un referente cultural válido para "este siglo sin brújula". "Occidente, que ha sido el que ha ido aportando estos valores históricamente, ha fracasado en su universalización", sentencia.

Y aun así, Maalouf todavía abogaba por lograr un marco común de valores éticos y reclamaba "un proyecto que deje de envenenar las relaciones entre Occidente y el mundo árabe. Si esto no se resuelve, no se podrá abolir la desconfianza entre esas dos partes del mundo".

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