El Barcelona reconquista Europa y cierra una temporada con pleno de títulos
- Los azulgranas, liderados por Nielsen, han ganado en la final al Füchse Berlín (37-34) y suman su 13ª Champions
- También se llevaron la Copa de España, la Liga Asobal, el Mundial de Clubes, la Supercopa Ibérica y la Copa del Rey
Ficha técnica:
37 - Barça (20+17): Nielsen; Aleix Gómez (6, 3p), Mem (4), Fàbregas (1), Carlsbogard (2), Frade (7) y Fernández (2), -siete inicial-, Hallgrímsson (p.s), Makuc (5), Djordje Cikusa (1), Janc (6), Sola (-), N’Guessan (2), Elderaa (-), Petar Cikusa (1) y Barrufet (-).
34 - Füchse Berlín (16+18): Milosavljev; Gidsel (8), Lichtlein (6), Andersson (7), Marsenic (1), Herburger (-), -siete inicial-, Ludwig (p.s), Darj (-), Prantner (-), Ariño (-), Grondahl (3, 3p), Freihofer (7, 2p), Cehte (-), Pichiri (-), Langhoff (-) y Av Teigum (2).
Árbitros: Lars Jorum y Harvard Kleven (NOR). Mostraron tarjeta roja a Ludovic Fàbregas (min.45) y a Max Darj (min.53).
Lanxess Arena de Colonia. 20.122 espectadores.
El Barça se proclamó este domingo campeón de Europa por 13ª vez en su historia tras imponerse al Füchse Berlín por 37-34 en una final de Champions en la que construyó su triunfo desde la defensa y la portería liderada por un estelar Emil Nielsen, autor de 14 paradas.
El conjunto azulgrana volvió a reconocerse en su seña de identidad más fiable para dominar un partido que obligó a trabajar cada posesión hasta el final. Con ese rigor atrás y una constancia competitiva incuestionable, el FC Barcelona recupera el trono continental dos años después y cierra una temporada perfecta en la que ha levantado los siete títulos por los que compitió (Copa de España, la Liga Asobal, el Mundial de Clubes, la Supercopa Ibérica, Supercopa de Cataluña y Copa del Rey, antes que esta Liga de Campeones de la EHF)
Y si existía el temor de que la semifinal ante el Aalborg, resuelta tras una prórroga menos de 24 horas antes, pudiera pasar factura, el conjunto azulgrana se encargó de disiparla desde el primer minuto. La ambición por recuperar el cetro europeo pesaba mucho más que el cansancio acumulado.
La defensa seca a Gidsel
El plan diseñado por Carlos Ortega se adivinó desde los primeros compases. La prioridad era clara: minimizar el impacto de Gidsel, el mejor jugador del mundo. Para ello, Carlsbogard asumió una vigilancia prácticamente individual que le impidió generar ventajas con la continuidad habitual. A partir de esa solidez defensiva, el Barça encontró el escenario que buscaba. Corrió más y mejor que en la semifinal y encontró pronto recompensa para tomar el mando del marcador (9-6, min.10).
Con su gran estrella contenida --dos goles en la primera mitad--, quería ser Andersson la vía para sostener el caudal ofensivo. Sin embargo, el lateral danés también se topó con otro de los nombres propios de la final. Nielsen, decidido a dejar un último gran servicio antes de emprender su aventura en el Veszprem, levantó un muro bajo palos que impulsó la máxima ventaja azulgrana (14-9, min.21).
Y cada vez que el partido planteaba una nueva exigencia, el Barça encontraba una respuesta. Lo hacía desde una defensa agresiva, solidaria y perfectamente sincronizada, pero también desde la lucidez de Makuc.
El central esloveno volvió a ejercer de faro en los ataques posicionales, aportando claridad a la circulación y criterio en cada decisión para que el conjunto azulgrana llegara al descanso con una ventaja de cuatro goles (20-16).
Y si existía la duda de que, tras el paso por vestuarios, el Barça pudiera acusar el desgaste, se esfumó de inmediato. En una superioridad numérica en la que el Füchse podía amenazar la diferencia, el conjunto de Carlos Ortega no solo resistió el envite, sino que lo desactivó por completo, ahogando cada intento alemán para ampliar aun más la brecha (25-19, min.37).
Susto en la segunda parte
El reloj avanzaba y el Barça se veía cada vez más cerca de la gloria, pero fue entonces cuando el partido cambió de rasante. Llegaron los primeros nervios: pérdidas impropias de Janc, una acción fallida de Barrufet y un Milosavljev que empezó a multiplicarse bajo palos. El contexto se tensó aún más con una decisión que amenazó con alterar el desenlace.
Una controvertida tarjeta roja directa a Fàbregas por la dureza de una acción sobre Gidsel encendió todas las alarmas. El Barça, que mandaba con una renta de tres goles (28-25) a menos de un cuarto de hora del final, perdía de golpe a su gran sostén defensivo, al eje que había controlado la primera línea alemana.
Era el momento de la personalidad, de jerarquía, de no dejar que el trabajo de 45 minutos se deshiciera en un instante. Y el Barça lo sostuvo. Con oficio, con defensa y con sangre fría, fue capeando el tramo más delicado hasta conservar la ventaja (35-32, min.56).
Y cuando el partido más lo exigía, apareció de nuevo su sello: la defensa. Un robo de Djordje Cikusa, una parada de Nielsen con valor de oro y el golpe final de Janc terminaron de sentenciar la final con el 37-34 definitivo.