En Inglaterra la sequía ha obligado a los agricultores a agudizar el ingenio. Sam Squier ha sustituido sus viejos cultivos por pasto para ganado. No es la hierba más apetitosa del mundo, pero "si concentras las vacas es un espacio pequeño, compiten por comer y así salen adelante", explica y espera que lleguen los 76 millones de ayudas a la sequía que ha prometido su Gobierno.
También en Europa, el Danubio, el segundo río con más caudal del continente, ha alcanzado su mínimo histórico "y en su agua, a 28 grados centígrados, crecen bacterias que matan la flora y afectan irremediablemente a la fauna", explica la hidróloga serbia, Jelena Jerenic. "Es lo mismo que hemos visto en Hungría. la historia se repite", apunta otro turista, uno más de los que se hacen selfies en los viejos naufragios que la sequía ha descubierto por primera vez.
Los caballos salvajes de Livno, en Bosnia-Herzegovina, también son una gran atracción turística. Hoy, hacen equilibrios para llegar al agua de uno de los pocos pozos que no se han secado. "Los vecinos estudiamos la forma de traerles agua potable de otra parte", dice un guía turístico, que ha vivido años mostrando lo que era un paisaje de pastos verdes.
Los productores de champagne han adelantado la cosecha a primeros de agosto; los ríos que nacen en los Alpes lucen este pobre aspecto y los apicultores saben que sin agua, no hay flores y sin flores, sus abejas no saldrán adelante.
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