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Los sistemas de vigilancia son cada vez más intrusivos y masivos; la privacidad de nuestras comunicaciones, más vulnerable; y la libertad de expresión, más restringida. Es la deriva que se está viendo en Occidente, también en Europa, en la lucha contra el terrorismo, advierte Amnistía Internacional. De forma que la seguridad, según esta ONG, ha terminado convirtiéndose en arma electoral. Por primera vez, países muy poderosos como Rusia, EEUU, Turquía, Hungría cuestionan concepto DDHH. La organización también critica la política de acogida de refugiados. El año pasado, 36 países violaron el Derecho Internacional al enviar de forma ilegal a personas a países donde sus vidas corrían peligro. Uno de ellos es España. Una ola de refugiados provocada por los conflictos que asolan África y Oriente Próximo desde hace años, ante la inoperancia de la comunidad internacional.

Con este documental, Unicef quiere retratar la realidad de tantos menores no acompañados llegados a Italia desde África, unos 25 mil el año pasado, casi todos chicos entre los 15 y los 17 años. No solo chicos sin familia, son chicos sin familia que han vivido 2 años de experiencias brutales. Por eso son muy importantes las primeras 72 horas. Unicef advierte que del éxito de estos esfuerzos de integración dependerá que tantos de estos menores puedan evitar la marginalidad y el aislamiento que son el caldo de cultivo de tantas formas de criminalidad e incluso terrorismo.

La frontera de Turquía está cerrada para decenas de miles sirios que huyen de la guerra en su país. En la provincia de Gaziantep, al sur de Turquía, se encuentra el campamento de refugiados de Nizip-2 donde viven miles de sirios que huyeron de su país por los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales y los combatientes del autoproclamado Estado Islámico, sobreviven a la espera de una solución. Informe semanal se ha desplazado a la frontera turco-siria para mostrar cómo es la vida de los refugiados en unos campamentos cuyo coste y mantenimiento está sufragado por la Unión Europea. El reportaje cuenta con múltiples testimonios de refugiados y el análisis del prestigioso politólogo Murat Belge.

Me acerco a la asociación sevillana Tararíquetevi Teatro, que está en el barrio de Triana, porque es el primer día de ensayo de muchas personas refugiadas, familia también, que participan del proyecto NICeR, financiado por el Fondo de Asilo e Integración Europeo (FAMI) para fomentar la integración de estas personas en su entorno a través del teatro.

Un proyecto que en nuestro país se coordina desde la Fundación Juventud y Cultura conjuntamente con organizaciones como CEAR, Cepaim, Cruz Roja y Accem y se replica en barrios y ciudades europeas con problemática migrante como Molenbeck en Bruselas, Liverpool, Roma, Berlin, Timisoara y Nicosia, entre otros. En España los talleres se imparten en la capital andaluza, donde vamos a conocer las historias de estos luchadores por una vida sin miedo.

Hay personas llegadas de todo el mundo, de lugares muy lejanos como Afganistán, China, Ucrania, Palestina o Venezuela. Pero todos vivían con miedo. Las circunstancias eran distintas, pero tenían claro que tenían que emigrar, dejar allí a amigos, familia, recuerdos. A todos ellos les une su valentía para atreverse a decir adiós al pasado y enfrentarse a un futuro incierto pero lleno de esperanza.

Muchos llevan apenas unas semanas entre nosotros y se han apuntado voluntariamente a este proyecto con la idea de integrarse con los vecinos y asistentes españoles al taller y fomentar el encuentro entre unos y otros. Este es el objetivo del proyecto en todos los países donde tiene lugar: derribar los prejuicios que pueda haber hacia las personas refugiadas, compartiendo con ellos y con ellas, conociéndose mutuamente. Dándoles la oportunidad a los recién llegados de contar sus experiencias, su viaje interior también y todo lo que implica tomar decisiones como la de pedir refugio en otro país porque temes por tu vida y la de tu familia.

En un tribunal de apelaciones en San Francisco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se juega una nueva batalla legal. Tres jueces decidirán sobre su decreto que cierra temporalmente la puerta a refugiados y a personas de siete países de mayoría musulmana. De momento los elementos básicos de ese decreto están suspendidos por un juez federal mientras se aclara quién tiene razón.