Nadar en el río Támesis, a su paso por Teddington (suroeste de Londres), se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Las aguas contaminadas por residuos fecales han alejado a los bañistas, y lo que antes reunía a más de un centenar de nadadores actualmente se encuentra vacío de actividad.
No es un caso aislado: en Inglaterra y Gales, la contaminación fluvial es endémica. Tras 30 años de privatización del sistema de agua, compañías como Thames Water —con 20.000 millones de euros en deuda— han priorizado dividendos y bonos sobre inversiones en infraestructuras. El resultado: ríos insalubres, multas reiteradas y una posible nacionalización a la vista. Mientras tanto, el alcalde de Londres promete un Támesis apto para el baño en 2034, una espera que la comunidad de Teddington considera inaceptable.
Foto: MATTHEW CHATTLE