Como muchos bielorrusos estos días, Nina Bagínskaya está muy decepcionada con la nueva deriva autoritaria de su país. Las protestas contra el fraude electoral y la represión masiva, así como la huida de los opositores de Lukashenko al exilio recuerdan ecos de otro tiempo. Bielorrusia es el único lugar del mundo donde parece que la URSS nunca cayó. Allí, la temida policía secreta incluso se sigue llamando KGB.
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