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La sangre y el horror, la muerte gratuita, son espectáculos poderosos a corta distancia, pero en la lejanía, bajo la forma de un titular de prensa que se repite una y otra vez, su efecto en las conciencias se diluye. La desgracia en serie, convertida en rutina, se vuelve invisible. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con la guerra de Siria, que desde 2011 inunda las portadas con cifras escalofriantes que, a fuerza de repetirse, han dejado de helar el alma del acomodado primer mundo.

¿Cómo recuperar la atención del público ante estos problemas? La respuesta a esta pregunta son más preguntas, las que pueden formularse directamente a SIRIA, una aplicación móvil lanzada por la ONG Médicos del Mundo.

SIRIA utiliza la Inteligencia emocional para trasladar la vida de personas de carne y hueso ante ojos y oídos del que pregunta; la dura realidad, directamente, relatada por sus protagonistas. La primera respuesta una evidencia: cualquiera puede convertirse en un desheredado y ser condenado a la peor sentencia, la del olvido y el anonimato. A través de esta aplicación llegan las voces de personas como Baker, un joven sirio de 24 años que desertó del ejército y tuvo que escapar de su país, dejando allí a su familia. Llegó a Grecia en una balsa. Ahora vive en Barcelona, mientras continúa sus estudios. Magdalena, de 61 años, llegó a España desde Rumanía con un supuesto contrato de trabajo, pero fue víctima de un engaño y se encontró sin dinero y sin ningún sitio adonde ir. Actualmente vive en una residencia de Sevilla. También responde a tus preguntas.

Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes de la Universidad de Alicante, no espera grandes avances en las negociaciones de paz de Ginebra sobre la situación en Siria. En Las mañanas de RNE explica que hay grandes diferencias entre la oposición y el régimen. Además a pesar de las presiones de Arabia Saudí, es Rusia e Irán los que se están imponiendo, dice. Para ambos países cualquier acuerdo pasa por la permanencia de Bashar al Assad.

Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes de la Universidad de Alicante, no espera grandes avances en las negociaciones de paz de Ginebra sobre la situación en Siria. En Las mañanas de RNE explica que hay grandes diferencias entre la oposición y el régimen. Además a pesar de las presiones de Arabia Saudí, es Rusia e Irán los que se están imponiendo, dice. Para ambos países cualquier acuerdo pasa por la permanencia de Bashar al Assad.

Albukamal era el último gran feudo urbano que quedaba en manos de los yihadistas del estado islámico en Siria, en la frontera con Irak. Tropas sirias y aliadas lograron recuperar su control hace unos días y liberar a decenas de civiles. Ahora Siria y sus aliados Rusia e Irán empiezan a lanzar mensajes sobre el inminente final de las operaciones militares y afirman que el estado islámico apenas da sus últimos coletazos. Aunque este analista político advierte de que muchos yihadistas huyeron y pueden reagruparse en otras zonas, incluso en el area rural de Damasco. Es esta zona, en concreto Guta, una de las que más preocupa a Naciones Unidas. En su último informe señala bombardeos intensos a diario y decenas de víctimas civiles. Y a los mensajes triunfalistas la ONU alerta que en el séptimo año de guerra, el éxodo continúa y siete de cada 10 sirios necesitan asistencia humanitaria.

Las autoridades de Siria han proclamado este viernes la reconquista total de la ciudad de Deir el Zor de manos del grupo terrorista Estado Islámico, que pierde así la última gran población que mantenía bajo su control en territorio sirio, si bien conserva algunos reductos a uno y otro lado de la frontera con Irak. Deir el Zor, situada en la orilla occidental del río Éufrates, es la ciudad más grande y más importante del este de Siria, además del principal centro de producción de petróleo del país. Su pérdida, apenas tres semanas después de la caída de Raqqa, la capital del autoproclamado califato, representa un nuevo golpe para los yihadistas, que ven como se esfuman las conquistas que lograron en 2014.

Ahmad y Énas, junto a sus dos hijos, componen una de las familias de refugiados sirios que viven en España, en este caso en Cantabria, donde han podido empezar una nueva vida. Son de Damasco, él era contable y ella profesora de matemáticas, pero la guerra en su país les condujo a Líbano donde vivieron cinco años. España ha acogido a cerca de 2.000 refugiados, aunque se ha comprometido a recibir algo más de 17.000.