El cerebro humano está diseñado para poder relacionarse con 150 personas aproximadamente

Somos supersociales por naturaleza

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Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva, Universidad de Oxfordredes

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Eduardo Punset y su equipo han logrado demostrar que ciencia y entretenimiento se pueden unir para que en este tercer milenio la ciencia, por fin, irrumpa en la cultura popular.

El programa se emite en La 2, todos los domingos, a las 21:30 horas; y se repite los domingos, a las 3:15 horas, y los jueves, a las 13:00 horas.

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EDUARD PUNSET (REDES)EDUARD PUNSET (REDES) - emisión 1 de mayo 2011 

Eduard Punset ha charlado con Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford, para entender cómo la evolución ha forjado nuestra manera de relacionarnos con los demás y descubrir los entresijos de la especie más social de las que habitan el planeta: la nuestra.

El cerebro humano está diseñado para poder relacionarse con 150 personas aproximadamente. Esta cifra –conocida como el “número de Dunbar”– se repite a lo largo de la historia y atraviesa todas las culturas.


El cerebro evolucionó para permitirnos organizar
las relaciones con los demás.

Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford

  • Entrevista de Eduard Punset con Robin Dunbar, profesor de Biología Evolutiva en la Universidad de Oxford, Reino Unido. Oxford, 16 de febrero del 2011.


Eduardo Punset:
Estamos hablando realmente de la irrupción de la ciencia en la cultura popular, y esto no sólo ha cambiado la estructura social y la manera de pensar que tenemos, sino que nos ha permitido reparar en cosas que antes nos costaba mucho. Por ejemplo, cuál es el impacto de la risa. Sabemos que es bueno, pero ¿cuán bueno y en qué condiciones? ¿Por qué nos gustan las estaturas más altas (si nos gustan las estaturas más altas) a la hora de buscar un trabajo? Hemos heredado del pasado cosas como el nepotismo, el dar trabajo a la gente que es familiar o que es conocida nuestra. ¿Las redes sociales en qué medida influyen en nuestra vida?
Para empezar, has escrito que las especies que viven en grandes manadas anónimas y que son promiscuas tienen cerebros más pequeños que las otras. A primera vista parece extraño, ¿verdad?

Robin Dunbar:
Sí que parece extraño, supongo. Pero lo fundamental es que el cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones con los demás. E imagino que, en el contexto de las manadas anónimas de muchos animales o las bandadas de muchas aves, en el fondo no importa tanto con quién se interactúe, y no es preciso un gran ordenador para entenderlo. En cambio, las especies que establecen vínculos de pareja, especialmente las que se unen para siempre, en lugar de cambiar de pareja cada año o en cada época de cría, tienen muchas dificultades para gestionarlo.

Eduardo Punset:
…es un reto para el que hay que tener un cerebro mayor, probablemente.

Robin Dunbar:
Sí; se requiere un cerebro mayor.

Eduardo Punset:
Te has hecho famoso en el mundo entero por un número que lleva tu nombre: el 150, el llamado "número de Dunbar". Afirmas que los chimpancés, los humanos, gestionamos bien un grupo de 150, ni más ni menos. ¿Nos lo puedes explicar un poco?

Robin Dunbar:
Pues bien, resulta que, a diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos o en las aves, el tamaño de los grupos sociales de las especies de monos y simios guarda relación con el tamaño de su cerebro. Creemos que lo que sucede es que los primates (los monos y simios) han aprovechado el tipo de cognición o psicología que otras especies utilizan para las relaciones monógamas y la han hecho extensiva a todos los miembros de su grupo, para crear amigos, por así decirlo. De ahí la relación tan estrecha entre el tamaño cerebral y el tamaño del grupo en los primates. El ser humano no es más que la versión más radical de este fenómeno: tenemos el cerebro más grande y también los grupos más grandes. Nuestros grupos sociales suelen incluir a unas 150 personas. En algunos la cifra es ligeramente menor y en otros mayor, pero por lo general tenemos unos 150 amigos y allegados, incluidos nuestros parientes.

Eduardo Punset:
Con los que realmente podemos estar en contacto y saber algo de ellos; no hay que pecar de ambiciosos…

Robin Dunbar:
No. No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Eduardo Punset:
¿Sabes? Sugieres otra cosa fabulosa, y es que hemos subestimado la importancia de tocar a alguien en relación con verlo o escuchar su voz, ¿no? Dices que el tacto implica tantas cosas relacionadas con la confianza, con confiar en alguien de verdad, que no se puede subestimar su importancia. ¿Qué puedes decirme del tacto? Solamente tocamos a alguien cuando queremos a esa persona o intentamos conseguir un trabajo, o…

Robin Dunbar:
¡O cuando queremos despedir a alguien! La explicación se remonta a que la manera que tienen los monos y simios de crear amistades, de entablar relaciones con otros individuos, es a través del acicalamiento, y no se trata solamente de quitarle follaje u otra cosa de la piel a otro animal, sino que es como un masaje, produce una sensación de bienestar y felicidad parecida a la que se consigue con el ejercicio físico o el masaje hoy en día. Así pues, tocarse físicamente resulta muy importante a la hora de transmitir la fuerza emocional de una relación. Por supuesto, nosotros estamos muy dominados por el lenguaje: el lenguaje evolucionó y se ha convertido en una parte muy importante de nuestra psicología, por lo que tendemos a pensar primero en las palabras de los demás, sin acabar de entender las emociones subyacentes, y es el tacto lo que crea gran parte de las emociones, ¡porque con las palabras se puede mentir!

Eduardo Punset:
¡Efectivamente! Siempre digo algo parecido, ¿sabes? Cuando alguien me dice: «nos llevamos bien gracias a que podemos hablar», le respondo: «sí, ¡y hablando la gente se confunde también!». Es verdad, y probablemente el lenguaje, cuando pasó a ser escrito, al parecer (corrígeme si me equivoco) al principio no era más que un acuerdo contractual: «te daré lo que quieres a cambio de que tú me des una determinada cantidad de dinero», o lo que sea… así que, en realidad, el lenguaje se escribía para otorgar un contrato.

Robin Dunbar:
¡O para las declaraciones de impuestos!

Eduardo Punset:
¡Las declaraciones de impuestos! Es cierto, ¿no? Porque de eso se trataba. Volviendo al tema del tacto y de estar cerca de los demás, es fantástico cómo los chimpancés, con el acicalamiento, nos enseñaron lo importante que era. Lo aprendimos de ellos, lo copiamos de ellos.

Robin Dunbar:
Bueno, creo que todos los monos y simios y, por tanto, también nosotros (ya que formamos parte de la familia de primates) simplemente utilizamos el acicalamiento o el contacto físico de un modo natural, porque era muy importante para entablar relaciones estrechas. Además, en cualquier relación o interacción, se logra una idea mucho más clara de la intención de las palabras de alguien según la manera en la que te toque.

Robin Dunbar:
A menudo te recomiendan que, si vas a despedir a alguien, a echarlo del trabajo, es mejor tocarle en el hombro mientras le dices: «está usted despedido».

Eduardo Punset:
Para compensar…

Robin Dunbar:
Sí. Para reducir el dolor.

Eduardo Punset:
Increíble, ¿no? ¿Crees que la gente era consciente de todas estas cosas antes de que la ciencia irrumpiera en la cultura popular?

Robin Dunbar:
Me parece que la respuesta es que, intuitivamente, más o menos lo entendíamos, pero sin una comprensión completa, puesto que todo lo que pertenece a la parte emocional de nuestra psicología se halla en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que el lenguaje está en el izquierdo, y no termina de haber una buena conexión. Podemos hablar de las emociones en cierta medida, pero no podemos expresarlas demasiado bien con el lenguaje. Solamente pueden hacerlo los poetas.

Eduardo Punset:
Solamente los poetas, tienes razón…
Oye, hay otro secreto de la vida: se trata del tema de la risa. Especialmente la risa colectiva, cuyo efecto es claro… lo he visto en películas y vídeos… la risa colectiva une a la gente, ¿no? ¿Qué opinas?

Robin Dunbar:
Creemos que la risa evolucionó cuando el tamaño de nuestros grupos empezó a aumentar más allá de lo que se podía cohesionar únicamente con el acicalamiento. La cantidad de tiempo que se puede dedicar al acicalamiento social tiene un límite claro, porque intervienen solamente dos personas… cuando estamos en un grupo, lo primero que hacemos es reprimir las manifestaciones de este tipo: las caricias, arrumacos, etcétera. Es cosa de dos, y normalmente se crea un problema si se intenta hacer a tres. Y, para poder mantener grupos tan grandes como los que surgieron con la evolución del ser humano y tenemos ahora, es necesario un mecanismo que traslade los componentes más emocionales a las relaciones a mayor escala. Y creemos que la risa lo permitió, porque puede haber cuatro o cinco personas riendo a la vez, mientras con el acicalamiento es cosa de dos.

Eduardo Punset:
Imaginemos ahora (porque también has investigado sobre este tema) imaginemos que tengo que encontrar una pareja, buscar una pareja, o encontrar un trabajo, cualquiera de los dos ejemplos me sirve. Lo primero que deberé cuidar es la ropa: si es adecuada o elegante o lo que sea… otra de las cosas importantes será también si soy alto o muy bajito. Y es gracioso, porque me he dado cuenta (corrígeme, Robin, si me equivoco)… he constatado que la gente está convencida de que no puede modificar su estatura, ¿verdad? Su altura. En cambio, cree que fácilmente puede cambiar su… ¿cómo llamarlo? Gordura.

Robin Dunbar:
Gordura, sí.

Eduardo Punset:
Muchos creen que pueden adelgazar si quieren, pero saben que no pueden cambiar su altura. ¿Todas estas cosas importan realmente en una relación amorosa, o cuando uno busca trabajo, o las hemos exagerado un poco? Los tacones en las mujeres… ¿Qué opinas de estas cosas?

Robin Dunbar:
En las relaciones amorosas, hay una serie de criterios que cada sexo utiliza para conseguir la mejor pareja, o por lo menos la mejor pareja que se pueda permitir: nunca puedes conseguir la pareja perfecta, no es posible, más bien la mejor que esté disponible y por la que puedas competir con éxito. Y este tipo de decisiones suelen ser mucho más complejas en las mujeres. Ellas barajan muchos más criterios a la hora de hacer balance. Algunos son físicos, como por ejemplo la forma del rostro, la estatura… ambas cosas suelen indicar la presencia de buenos genes y, por tanto, que el hombre puede engendrar niños con la mejor combinación posible de características. Otros criterios son sociales, psicológicos: ¿Se te da bien el lenguaje? ¿Bailas bien? Las mujeres utilizan esas características para juzgar la calidad de un hombre. Hay muchas cosas así, que los hombres pueden utilizar y aprovechar para mejorar su manera de presentarse. Incluida la ropa, sí.

Robin Dunbar:
Y hay otro criterio que, sobre todo en las sociedades tradicionales, es muy importante en las elecciones de pareja de las mujeres: la riqueza que pueda ofrecer el hombre, especialmente en las sociedades agrícolas. Tener una granja grande o pequeña influye en lo bien que se puede criar a los hijos y, si analizamos la historia de Europa, veremos que las familias en las que sobrevivieron más niños hasta la edad adulta fueron las que tenían más tierra, y no hablamos aquí de la nobleza, sino de campesinos.

Eduardo Punset:

Afirmas algo que no estoy seguro de que todo el mundo que nos escuche …en nuestra… de nuestros telespectadores lo aceptará, y es que el profesor dice que la manera de… contar chismes de los hombres difiere de la de las mujeres. Las mujeres tiene una manera muy, muy especial de chismorrear, y los hombres suelen ser muy distintos. ¿Cuáles son estas diferencias y por qué?

Robin Dunbar:
Sí, son distintos en algunas cosas y no en otras. El chismorreo, en este sentido, es la manera de pasar el tiempo con alguien. Con chismorreo no me refiero a los cotilleos malintencionados, sino más bien a la charla informal, por así decirlo. En las conversaciones, descubrimos que, aunque los hombres y las mujeres dediquen la misma cantidad de tiempo a hablar sobre chismes, en realidad…

Eduardo Punset:
¿Cuánto tiempo?

Robin Dunbar:
Pues… en tiempo social representa unos dos tercios…

Eduardo Punset:
¡Dos tercios!

Robin Dunbar:
Sí, un 65% del tiempo total de conversación. Esto no es así en el entorno laboral: en el trabajo se habla de trabajo; pero en una situación social, en una situación cotidiana, dedicamos la mayor parte del tiempo a hablar de…

Eduardo Punset:
¡Chismes!

Robin Dunbar:
¡Chismes! Sobre uno mismo, sobre los demás… Sí… pero lo que pasa es que los hombres y las mujeres utilizan el lenguaje de forma muy distinta. Los hombres lo usan mucho más para exhibirse: cuando conversan, especialmente con mujeres, suelen hablar sobre temas técnicos, más basados en conocimientos, por ejemplo: «¿a que no te sabes los números de todas las composiciones de Mozart?» Conocimiento técnico y objetivo. En cambio, las mujeres tienden a charlar mucho más sobre la naturaleza de las relaciones.

Eduardo Punset:
Las mujeres hablarán de lo social…

Robin Dunbar:
Sí, las relaciones sociales.

Eduardo Punset:
Las relaciones sociales. Y es importante, porque saben construir mejor que los hombres la base de la vida social, ¿no?

Robin Dunbar:
Sí, sí. Esto es así en todos los primates. Tanto en monos y simios como en humanos, el núcleo de la vida social lo forman las hembras, las mujeres, y es como si los machos estuvieran más al margen. Por eso, las relaciones masculinas suelen ser menos estables a largo plazo, un poco más políticas, se basan en un objetivo aquí y ahora; mientras que las relaciones entre mujeres son mucho más duraderas y suelen basarse más en la familia y a ser más sociales, en este sentido.

Robin Dunbar:
Hay otras cosas que, al mirarlas, notamos que implican algo crucial… los seres humanos tienen una capacidad extraordinaria de contemplar el mundo que les rodea y encontrar correlaciones entre cosas. A veces, este conocimiento se transmite a otras generaciones mediante la sabiduría popular. Aprendemos pequeños trucos, por así decirlo sobre cómo juzgar a los demás. Pero, en este contexto, lo raro es lo que mencionabas antes, que a la hora de conseguir un trabajo… Resulta que la estatura, la altura, tiene consecuencias muy, muy importantes sobre el salario, sobre el éxito en los negocios y el rango salarial. Tanto en Wall Street como en el distrito financiero de Londres, por ejemplo, los hombres más altos ganan más que los bajos por el mismo trabajo. ¡Y esto no se aplica a las mujeres! No existe esta discriminación en las mujeres, pero sí en los hombres.

Eduardo Punset:
No. Lo que demuestra que los conocimientos que se transmiten durante siglos a veces pueden ser erróneos.

Robin Dunbar:
Bueno, sí. Y no sabemos por qué ocurre esto en concreto. Puede que los hombres altos sean más listos, por ejemplo, pero también puede ser que en el patio del colegio, de pequeños, hayamos aprendido a temer a los niños más altos que nosotros, a los chavales de nuestra edad más corpulentos y altos, así que, si entrevistamos a varios candidatos para un trabajo, tenderemos a sentirnos, cómo decirlo… más asustados, más impresionados, por los candidatos altos; por eso les daremos el trabajo a ellos. Pero no comprendemos por qué se producen estas discriminaciones.

 

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