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Teatro

Concha Velasco, Premio Max de Honor 2019

  • El comité resalta su "vasta trayectoria" y su papel como "pionera del teatro musical español"
  • Los Premios Max de Artes Escénicas se entregarán el próximo 20 de mayo en Valladolid

Por
Concha Velasco, Max de Honor por su dedicación al teatro

El Comité Organizador de los Premios Max de las Artes Escénicas da a conocer el Premio Max de Honor 2019, que ha sido otorgado por unanimidad a la actriz Concha Velasco por ser una figura clave en la historia de las Artes Escénicas, según ha informado este jueves la Fundación SGAE en un comunicado.

El comité, que ha resaltado su "vasta trayectoria" como intérprete y la ha destacado como "figura pionera del teatro musical español y su compromiso con la figura femenina".

La intérprete pucelana recibirá el galardón el próximo 20 de mayo en el Teatro Calderón de Valladolid durante la ceremonia de entrega de la XXII edición de los Premios Max de las Artes Escénicas que organiza la Fundación SGAE con la colaboración del Ayuntamiento de Valladolid y la Fundación de Universidades y Enseñanzas Superiores de la Junta de Castilla y León.

La sala - Concha Velasco, Premio Max de Honor: "Se me estába resistiendo mucho"

Tras conocer la noticia, la actriz ha declarado recibir el premio "ilusionada y con un enorme respeto por lo que significa". "Además, me lo entregan en el Teatro Calderón de Valladolid, un escenario que me ha dado mucho", ha dicho.

Concepción Velasco Varona nació en Valladolid en 1939, ciudad de la que recibió la Medalla de Oro y en la que ostenta una calle con su nombre. Actriz de teatro y cine, cantante, bailarina y presentadora de televisión, ha participado en más de 80 películas y en una treintena de obras teatrales, convirtiéndose en uno de los rostros más queridos de la escena española.

Concha Velasco: "Estoy ilusionada por lo que significa para mí"

La intérprete, que en su palmarés cuenta con un Premio Max en 2002 a Mejor Espectáculo Musical por 'Hello Dolly!', ha destacado el valor de recibir el Max de Honor: "Estoy ilusionada por lo que significa para mí. Ya tengo un Max a la mejor productora y he sido finalista en varias ocasiones, que se me conceda ahora el premio Max de Honor es importantísimo", ha concluido.

Su trabajo en el teatro musical español el que la catapultó como intérprete y la consolidó como referente. Pisó el escenario por primera vez a los diez años, formada en baile español y danza clásica, trabajó en el ballet de la Compañía Nacional de Opera y en la compañía de flamenco de Manolo Caracol.

Para todos los públicos Imprescindibles - Concha Velasco, memoria viva - ver ahora
Transcripción completa

Gracias, José María.

Ay... Tengo agujetas.

-Hola, buenas tardes. ¿Qué desean tomar?

Un café con leche con la leche templada, por favor.

Café con leche con la leche templada con sacarina, por favor.

¿Cómo estás, José María? Contento.

Contigo en Barcelona y contigo aquí delante, feliz y contento.

Gracias, qué bonito.

¿Cuándo empezamos a ensayar otra función?

Yo es que tengo una sensación...

Quizá porque estoy... en la obra que hago,

"Olivia y Eugenio", no es un texto fácil.

Bueno, nada de lo que se hace es fácil nunca,

pero este me exige quizá una concentración constante,

puesto que trabajo con dos chicos Down

y no es un trabajo normal. Estás pendiente de él.

Claro.

Y eso hace que me cuestione muchas cosas.

También el texto hace que me cuestione cosas de la vida.

Tres, siempre tres, ¿eh?

¿Cómo es posible que después de diez años sigas poniendo tres cubiertos?

Nunca olvidas lo que aprendes, ¿verdad?

¿O esperas que algún día aparezca tu padre a cenar con nosotros?

Eugenio, esta noche pon solo dos cubiertos.

No, mami, se ponen tres.

Lo sé, pero esta noche pongamos solo dos para ti y para mí.

Yo siempre pongo tres. Lo sé, pero esta noche, Eugenio,

pongamos solo dos. ¡Tres, tres, tres, pongo tres!

¿Tú crees que realmente es necesaria tanta entrega?

Me pillas en un momento de análisis personal.

¿No crees que he dedicado demasiado tiempo a una profesión?

¿Que vale la pena o no? Yo es que he dedicado la vida...

Sí, pero eso responde a un concepto...

Pero desde el principio, ¿eh?

Porque cuando era bailarina, era lo mismo.

Yo soy una chica de postguerra y tenía unos profesores magníficos.

Me han exigido una barbaridad. De ahí procedo yo.

De aquella gente de los años 50 maravillosa.

Directores, escritores...

Es que yo nunca piso el escenario con zapatos de la calle, ¿eh?

Tienen que ser zapatillas o los zapatos del personaje.

Toda la vida...

Yo no sé si es un respeto o una superstición.

Y me santiguo tres veces.

Y además diviniamente, que para eso hice "Santa Teresa".

Vamos para allá.

Pero que ha valido la pena tanto sacrificio, tanto esfuerzo.

Pero eso eres tú misma quien debe decirlo.

Yo creo que sí.

Si dices que no, te estás engañando. Si no te hubieras retirado ya.

Pues no lo sé. Si no te hubieras retirado, seguro.

Todas las noches...

cuando salgo al escenario, lo último que le digo a la foto de mi madre

que tengo en el camerino es:

"Mamá, ¿de verdad dije yo que quería ser artista?".

(Música)

Por mucho que pase el tiempo,

por mucha experiencia que tengo,

cada vez que tengo que salir al escenario siento dentro de mí

algo tan especial.

He oído decir a alguien que son mariposas en el estómago,

nervios infantiles, e incluso Alberto Closas, con el que trabajé

decía: "Esos que están ahí no significan nada para nosotros.

Ni pienses en ellos. Estos igual no vienen".

Todo eso lo olvido en el momento en que suena la música si es musical

o simplemente oigo el ruido del telón que se abre.

Entonces desaparece todo.

En ese momento yo me siento como flotando.

Tendría que decir que levito porque para mí no existe nada más

que ese momento diario, irrepetible y único.

Es la historia de una hermosa muchacha obsesionada con la idea

de asistir a un baile calzada con zapatillas rojas.

Consigue las zapatillas y va al baile.

Al principio todo va bien y es feliz.

Cuando cae la noche,

se siente cansada y quiere regresar a su casa.

Pero...

las zapatillas rojas no están cansadas.

Las zapatillas rojas no se cansan nunca, nunca.

Hay mucha gente que me pregunta que por qué me gusta tanto

la película "Las zapatillas rojas", que me la sé de memoria.

Es que esas zapatillas rojas es algo muy importante

para cualquier artista, bailarina o no.

Hay una frase en la película que yo me repito muy a menudo

cuando le dice el productor: "¿Por qué quiere usted bailar?".

¿Por qué quiere usted bailar?

Y responde ella...

¿Por qué quiere usted vivir?

Y contesta el productor: "No lo sé exactamente,

pero sé que debo hacerlo".

Pues porque no sé...

es un imperativo.

-Esa es también mi respuesta.

Pues eso me ocurre a mí. ¿Por qué me dedico al teatro?

Pues no lo sé por qué, pero sé que debo hacerlo.

Es mi vida desde niña.

(Música)

Mi madre era maestra republicana

y se le apareció mi padre.

Ella le puso un détente porque mi madre era muy religiosa.

Le puso un détente, se miraron a los ojos y aquí está una servidora.

Yo nacía en Valladolid, en la calle Recondo, que ya no existe

y al lado del cuartel donde estaba destinado mi padre

con las vías del tren.

A los militares, cuando les ascienden de categoría,

les trasladan.

Y mi padre, naturalmente, volvió a pedir otra vez

volver a Marruecos, que es lo que le gustaba a él.

Él hizo su carrera militar con Franco

en África.

Y volver a Marruecos para él era volver a sus recuerdos de juventud.

Y le dijo a mamá Concha: "Nos vamos a Marruecos"

y nos fuimos allí.

Yo iba a un colegio maravilloso en el que, bueno...

A mi madre la encantaba ponerme encima de una mesa,

que yo bailara, que yo cantara...

Yo creo que era un poco ella la que quería ser artista.

He heredado muchas cosas de mi madre.

Ese sentido de la justicia, de la libertad

y también ese sentido religioso que tenía mi madre.

Pero yo creo que yo he heredado de mi padre

esa disciplina militar que él tenía por encima de todo,

y que, con el paso del tiempo, agradezco muchísimo

ser hija de don Pío Velasco y de doña Concepción Varona.

En el año 1950 trasladaron a mi padre a Madrid,

seguramente porque lo pidió mi madre.

Aquella casa en la calle Maestro Alonso,

dos habitaciones con derecho a cocina,

doña Anita, Magdalena, Conrado, el señor que nos regalaba caramelos

a mi hermano y a mí.

Todos aquellos recuerdos que con el tiempo

se han hecho tan buenos, tan imprescindibles.

Iba por la mañana al colegio Santa Susana,

por la tarde a la escuela de Arenal 26.

Maravillosa escuela de formación profesional

de la sección femenina que costaba 15 duros al año.

15 duros al año.

En la que me enseñaban ballet, solfeo, canto...

Y naturalmente, cantábamos el "Cara al sol"

e íbamos a los festivales grandes que se hacían en aquellos momentos.

Yo me tuve que poner a trabajar por un problema grave

que hubo en mi casa y en mi familia.

Entonces mi madre, que no quería separarse de mí,

decidió venirse conmigo de sastra.

Mi madre, que para mí era y sigue siendo lo más, la inteligencia,

la bondad...

Pero a mí me pareció que aquello era demasiado

y decidí que mi madre se volviera a Madrid

porque yo no podía soportar aquello.

Además, ella estaba tan enferma. Siempre estuvo tan enferma...

Sufrió tanto...

Tengo una foto en la nevera de mi casa

que tiene unos ojos mi madre con una tristeza tan profunda.

Y el maestro Ramos, un coreógrafo maravilloso,

me dijo: "Celia Gámez está buscando gente

para el nuevo espectáculo del Teatro Maravillas".

Y yo fui y cuento siempre la anécdota

de que ella me dijo: "Levántate la falda, vos,

tenéis las piernas preciosas".

Lo he contado tantas veces que no quiero abundar en ello,

pero el caso es que me contrató para la revista "El águila del fuego".

Y ahí empezó mi buena suerte.

Si digo que el sentido de la disciplina del teatro

me la dio primero mi padre, como militar.

Luego después todo lo aprendí de Celia Gámez.

El respeto al público. El respeto a la compañía.

Cómo nos trataba, cómo nos quería.

Lo que supuso para mí un año de contrato a 60 pesetas diarias,

un año de contrato con Celia Gámez...

Eso fue lo mejor que nos ha pasado en la vida en mi casa.

Ahí empecé a ser un poquito conocida.

Y de ahí vino "Las chicas de la cruz roja".

¡Descarada! ¿Qué?

Malo el uno y malo el otro.

Y ahí parece Tony Leblanc.

¡Tunanta habría que llamarte!

Déjame en paz, que vas a llamar la atención.

Eso quiero, que se enteren. ¿Te enteras?

Se me aparece Tony Leblanc. Era una estrella...

Ya era una estrella.

Que me salgan paperas si te vuelvo a mirar.

Y a mí un golondrino gordo si me pongo ante tu vista.

Jurado.

El caso es que Tony estaba haciendo con Nati Mistral

"Ven y ven al Eslaba", entonces me dijo un día...

¿Tú te atreverías a sustituir a Nati Mistral?

Y en ese momento dije yo:

"Me atrevo a todo".

Me hicieron esta prueba delante de Luis Escobar.

Eso que hago luego en la película, "Pim, pam, pum, ¡fuego!",

en mi sombrero tiene un agujero, que me remando el vestido,

eso me lo enseñó Tony Leblanc para la presentación que yo hice

delante de Luis Escobar con el chachachá Patricia

y con el palo de una escoba,

haciendo como si fuera el palo de Jim Kelly

en "Cantando bajo la lluvia". Figúrate.

(CANTA) "Y un agujero, quién me lo habrá roto, vaya usted a saber".

Entonces en esta prueba Luis Escobar me eligió y me dijo:

(IMITA) "Muy mona, muy mona, esa niña es muy mona.

Esa niña es muy mona, pero esa niña no sabe hacer nada.

Esta niña lo que tiene es unas piernas estupendas,

un culo maravilloso y es muy divertida.

Entonces, lo que vamos a hacer, es aprovechar que es muy divertida

y que es muy mona y que tiene un culo estupendo

para resaltarlo, pero no se parece nada a Nati Mistral,

con lo cual, no va a hacer nada de lo que hacía Nati Mistral".

Y gracias a Tony Leblanc y a don Luis Escobar,

que ha sido realmente mi Pigmalión.

Yo he sido para Luis Escobar su hija queridísima.

La que no tuvo.

Me enseñó a hablar,

me enseñó... Quería que estudiara inglés y francés, que pesadez.

Me tenía todo el día estudiando. Todo el día estudiando.

Me enseñó a sentarme a la mesa, a vestirme.

Me llevaba a los mejores modistos para que me vistieran bien.

Fue mi verdadero Pigmalión.

Tony sintió por mí lo mismo que le pasó a Luis Escobar.

Pues esta chiquita que sabe cantar, que sabe bailar

y que sabe interpretar...

Para mí lo eres todo. Eres como mi novia.

La voy a querer y vamos a ser amigos.

Y no solamente soy amiga de Tony, sino de su mujer Isabel,

que siempre estaba en el camerino

y con la que me une, hasta el día de hoy,

una grandísima amistad de hermanas.

¿Usted es el zorro? Claro.

Y ahora le voy a dar el premio.

Julio suspendió una obra de teatro

el día que tuvo el accidente Tony Leblanc

y me acuerdo que Lina Morgan y yo fuimos las dos primeras

en entrar en ese hospital a ver y a abrazar a Isabel

y ellos me han dado todo.

Lo peor de hacerse mayor es que se te van muriendo

las personas que más quieres.

No solo las de la familia.

Para mí la pérdida de mi madre, mi padre, mi tía Carmina

y luego mis compañeros: Alfredo Landa, López Vázquez,

Agustín González, hace poco Saza.

Y hay uno... especialmente, que es Paco Valladares.

Hemos sido hermanos.

La noche que muere Paco, me llama por teléfono y me dice:

"Estoy malito". Bueno, ya sabíamos...

"He tenido una recaída, pero ya estoy en casa y estoy bien".

A las dos horas me llama Agustín

y me dice que acaba de morir Paco Valladares...

Paquito, Manuel y yo todavía no nos hemos recuperado

de la muerte de Paco Valladares.

Yo, cuando murió mi padre, seguía llamando por teléfono

a su casa para ver si se ponía.

¿Pues quieres creer que tengo el teléfono de Paco Valladares

y que no lo puedo borrar?

"Se me han ido muriendo los amigos, se me han ido cayendo del abrazo.

Me he quedado sin ellos en el día, pero vuelven en uno que otro sueño.

Es una nueva forma de estar solo, de preguntar sin nadie que responda.

Queda el recurso de tomar un trago sin apelar al brindis de los pobres.

Si pudiera saber dónde se ríen, dónde lloran, o cantan

o hacen niebla, les haría llegar mi añoranzas

de una fuente con uvas, mis dos versos".

He ido a todas las escuelas habidas y por haber

porque mi madre dijo: "¿Ya no vas a ser bailarina?

¿Ahora vas a ser actriz? Pues a estudiar.

Lo de cantar no se me daba bien.

Mi madre decía: "Hija mía, procura cantar lo menos posible.

Pero luego, en "La verbena de la Paloma" que hice,

dirigida por José Luis Sáenz Heredia,

en la que canto divinamente, porque además,

como yo era novia de Sáenz de Heredia,

para qué nos vamos a engañar.

Dijeron: "Pues vamos a hacer una prueba a Conchita".

(CANTA) "A lucirme y a ver la verbena

y a meterme en la cama después".

José Luis quería hacer un gran musical a la americana

tipo "West Side Story", pero yo...

como era la novia del director le dije:

"Hombre, 'La casta y la Susana' está muy bien,

y 'Dónde vas con mantón de manila' está muy bien y el mambo final

está muy bien, pero yo quiero hacer "Las soleares".

Y me hice "Las soleares".

(CANTA) "En Chiclana me crié.

En Chiclana me crié".

Ole la gracia, vecina.

¡Viva Chiclana y su alcalde!

Eso es un regalo que me hizo José Luis.

Ya que estamos contando cosas personales...

Porque "Las Soleares" en "La verbena de la Paloma"

siempre lo suele cantar una cantante de flamenco, ¿no?

Pues ahí estoy yo, en Chiclana me crié.

"Si me llegara a perder".

Sáenz de Heredia es uno de los grandísimos directores de este país

con el que yo he tenido la suerte de hacer películas estupendas.

¿Que por qué se metían con nosotros?

Porque tocaba.

Franco era el dictador y había una censura.

Entonces había una serie de productores,

de escritores y de directores que empezaron a llamar a este cine

"el cine de consumo"...

Ya quisiéramos hoy en día tener cine de consumo.

Cuando se puso enfermo José Luis Ozores,

teníamos un grupo de amigos que éramos Mingote,

José Luis Sáenz de Heredia, Tony Leblanc,

José Luis López Vázquez, Alfredo Landa

y, sobre todo, Forqué.

También estaba Conchita Montes.

También estaba Edgar Neville, también estaba Tono.

Fíjate qué gente tuve yo la suerte de conocer

a través de José Luis Ozores.

Esta gente me han ayudado a mí a ser la persona que soy hoy en día.

Luis Escobar me tenía tanto cariño que me llamó

para hacer un "Don Juan Tenorio" en el teatro español.

Con Carlos Ballesteros de galán.

Entonces empezamos a ensayar ese Tenorio maravilloso

con decorados de Dalí.

Ya lo había hecho en el María Guerrero años antes

Luis Escobar, pero ahora era... en el teatro español.

Se le ocurrió una cosa a Dalí tan adelantado a su época.

Era que la escena del cementerio, en lugar de haber estatuas

era televisión en circuito cerrado.

Es decir, se estaba rodando a los actores dentro del camerino.

Y los nichos eran televisores con las figuras reales de los actores.

Llegó el ensayo general...

Yo llevaba ese traje maravilloso con el que estaba tan guapa

y me tenía que coger en brazos Carlos Ballesteros

y dijo que no me cogía, que no podía conmigo,

que se le metía la pluma en la boca, que no sé qué.

(IMITA) Y se adelantó por el patio...

"Hija mía, a ver si te vas a ir.

Te vas a ir por esta puerta, no vas a volver más y se acabó.

Ya no haces la función".

Y entonces todos en el camerino diciendo:

"¿Y quién puede hacer, mañana, que es el estreno?".

Y dijo Luis: "Va a venir Guillermo". Y apareció por el patio de butacas.

Guillermo Marín con su calva, chaquetita de cuadros,

pantalón gris y su perro Willy.

Se sube al escenario, se puso de rodillas y me dijo:

"Doña Inés del alma mía, luz donde el sol la toma.

Hermosísima paloma privada de libertad".

Y yo me enamoré de este señor.

Nadie ha dicho los versos...

Lo hice con Paco Rabal en televisión,

pero yo aprendí a recitar escuchando a Guillermo Marín.

Aunque luego nadie...

Nadie, nadie, nadie, me ha querido llamar

para hacer teatro clásico. Esto es lo que hay.

Yo creo que la primera vez que yo estuve

delante de unas cámaras de televisión

fue en el "Paseo de La Habana" y ya sabes que las madres,

las abuelas, siempre hacen así.

Se sientan y se bajan la falda, ¿no?

Como para taparse.

Pues yo tengo la costumbre inversa y es que yo me siento y hago así.

Y es lo primero que hice al sentarme enfrente

de José Luis Uribarri y cortaron,

me bajaron la falda y además me pusieron la primera multa.

Era la época de las multas. 50 pesetas de multa.

Hice durante esos años "Estudios 1" estupendos,

pero también presenté el festival de la canción en Barcelona,

en el mediterráneo.

También presentaba yo el festival de Benidorm.

Y hacía todo lo que me ofrecían.

Hice una película con José María Forqué.

"Casi un caballero". Y ahí me descubre Alberto Closas.

Y me dice: "Voy a hacer una comedia musical en el teatro.

'El cumpleaños de la tortuga',

y creo que si te atreves haciéndote una prueba".

Siempre había que hacer una prueba, ahora le llaman casting.

"Si te haces una prueba, te voy a hacer la protagonista

de ese musical, Conchita Velasco". Y así fue.

Hicimos, en el Teatro de la Comedia, "El cumpleaños de la tortuga",

que ha sido uno de los mejores trabajos que yo he hecho en teatro,

gracias a Alberto Closas.

Señorita, ¿usted habla catalán?

José Luis Sáenz de Heredia ahí tenía celos

e hizo que me despidiera de esa obra

para hacer "Una chica en mi sopa".

Ahora, si volviera a pasar eso...

Pero como no se puede volver atrás, yo le hubiera dicho:

"José Luis Sáenz de Heredia, bastante tienes con lo que tienes,

déjame que yo siga con lo mío".

Pero bueno, eso es lo que hice.

Tenemos el gusto de presentarles a una mujer sin apellido.

Se llama Bárbara.

Yo estaba pasando un momento personal

que necesitaba... cambiar.

Había cumplido 30 años, fíjate.

Parecía que cumplir 30 años ya era el final

de la carrera de cualquier actriz.

Las películas con Manolo Escobar fueron estupendas.

La primera, "Pero en qué país vivimos", maravillosa.

En la que yo le pego el tortazo más grande

que se le puede pegar... Que le moví hasta el peluquín.

¡Es usted un miserable! ¿Yo? ¿Por qué?

¡Ha sobornado al de la cuerda! ¿Me cree capaz de una cosa así?

¡Sí! Y de vender a su padre en lonchas.

Si quiere guerra, habrá guerra.

Por favor, ¿le importaría darle otra? Se me ha estropeado el flash.

No creo que lo resistiera... Seguro que no.

Tenía mucho éxito, ganaba mucho dinero

y yo quería cambiar porque me había dolido enormemente

que "Los gallos de la madrugada", que fue otro regalo

de José Luis Sáenz de Heredia

iba al Festival de San Sebastián.

Y no hemos recibido un pateo más grande.

Yo creía desde la calle que había un terremoto.

Fernando Fernán Gómez salió del escenario irritado...

"¿Por qué patean ustedes, si no han visto la película todavía?".

Pero no nos dejaron hablar.

Porque querían que "Canciones para después de una guerra",

que era la elegida para representar a España

fuera la película que representara a España

y no "Los gallos de la madrugada", de Sáenz de Heredia,

que naturalmente, siempre tuvo el estigma de que había hecho

primero "Raza" y después "Franco, ese hombre".

El pateo fue tan grande

que yo no estuve bien, personalmente.

Ya tenía 30 años y estaba empezando a tomar consciencia de las cosas.

Y llamo a mi representante, Damián Rabal y le digo:

"Damián, hay que cambiar, ¿eh? Esto se me va de las manos.

Entonces me dice Damián Raval: "Buero Vallejo me ha ofrecido

una obra de teatro.

No eres la prota, vas a ir la tercera en el reparto.

No te van a pagar mucho, pero es Buero Vallejo".

Esas cosas que pasan en la vida. Yo hago "Llegada de los dioses".

Éxito enorme en el Teatro Lara y coincide con un momento político

en España, reivindicativo sindical.

Nos reuníamos.

Fue una cosa preciosa porque se unió la profesión,

porque yo me sentía estrella, porque fuimos Juan Diego y yo

los que nos despedimos del Teatro Lara

en "Llegada de los dioses".

Juan Diego yo teníamos ya una relación personal,

como todo el mundo sabe.

Entonces yo me sentí prota de un momento político muy importante.

A partir de ahí cambia mi carrera, porque cambia mi vida,

como es lógico y natural.

Concha Velasco era número uno en nuestro país.

Enorme... Una estrella.

Se puso, junto a la democracia, a luchar con nosotros mano a mano.

Y la costó muchas críticas y muchos insultos.

No lo pasó nada bien Concha.

Esto supuso terminar mi amistad con José Luis Sáenz de Heredia.

No terminamos bien, la verdad...

Y lo siento muchísimo, ahora que han pasado los años,

pero bueno...

Así es la vida y esa fue parte de mi vida.

Antonio Gala había escrito una obra que era

"Las cítaras colgadas de los árboles".

Según Antonio Gala, había escrito ese papel para mí.

Mira, un papel maravilloso.

Y ahí pasó una cosa que también me ha hecho darme cuenta

de que no somos nada para el público.

Que somos mucho menos de lo que nos creemos.

Manolo Dicenta hacía un personaje que llevaba un ataúd con su brazo.

Nunca debió conquistarse de la nada.

Las ovaciones a Dicenta cada vez que decía:

"Nunca debió conquistarse Granada".

El éxito de esa función fue inmenso.

Y se muere Dicenta.

Ningún actor de España quiere sustituir a Manuel Dicenta.

Y uno de los figurantes se adelanta y le dice a José Luis Alonso:

"Yo puedo hacerlo, José Luis".

Todos miramos a este señor, con cara de... de arriba abajo.

Dice: "Yo es que me lo sé".

Hizo la función y cuando se adelantó a saludar,

la gente se puso en pie.

Y siguieron poniéndose en pie durante todo el tiempo

que este señor hizo "Las cítaras colgadas de los árboles".

Y ahí empecé yo a pensar que el divismo personal

se nos cae al suelo, porque a veces no eres tú,

es el personaje, es el autor y es el escenógrafo,

y es el director y es todo.

Yo preparaba "Tormento" y Concha tenía muchas ganas

de trabajar conmigo y yo con ella.

Nos conocíamos de antes a través de Juan Diego,

de Luis de la Iglesia y de amigos comunes.

Y nos teníamos muchas ganas el uno al otro.

Y que el papel de "La de Bringas" se le han ofrecido

a Aurora Bautista, que no ha querido y a María Asquerino,

que no ha querido.

Y entonces ya Concha se abalanzó sobre el papel.

¡Dejadme las pruebas que quieras, pero este es mi papel.

Concha, que eres muy joven y muy guapa.

Tienes que ser más madura, más resabiada, más gordita...

Y yo me voy exactamente igual que Marlon Brandon en "El Padrino".

Me lleno la boca de algodones, me pongo...

Yo, por mi cuenta, me hago una especie de corsé

con algodón y con bolsas.

Hizo una prueba genial, porque es una actriz maravillosa.

Es la más completa. Mejor no la hay. Igual puede haberla, no lo sé.

Y engordo 15 kilos a base de tomarme Dacortin.

Es decir, cortisona.

Y dice Pedro Olea al día siguiente del rodaje:

"A mí me parece que estás haciendo una caricatura".

Se quitó los algodones y...

Salió la maravillosa Rosalía que se llevó

todos los premios habidos y por haber.

Fue como un descubrimiento.

El aquel "puta" final en la estación.

Yo ahora cuando veo la película digo:

"Es que, hija mía, no es que tú estés muy bien..."

Puta...

Puta.

Puta, puta, puta...

Fue tan grande el éxito de "Tormento",

que Frade y Pedro Olea deciden hacerme un regalo.

Que tuvieran una gama completa.

Que amara, que sufriera, que cantara, que bailara,

que follara, que muriera... Todo, todo, todo...

-Buenas noches, señorita.

Y decidí hacer "Pim, pam, pum, ¡fuego!"

con un guión de Azcona, al que yo no conocí nunca.

Estaba basado en el "Pim, pam, pum" de Celia Gámez,

porque a esta pobre mujer la mata el extraperlista

y la tira a la basura y no pasa nada.

Era muy franquista... No le gustaba la película.

Se estrenó en septiembre, Franco muere en noviembre,

y haciendo una recaudación increíble,

le dio un remordimiento de conciencia franquista y la retiró del cartel.

Hicimos "Yo soy fulana de tal", que es una película

que tuvo mucho éxito, muy atrevida, en la que yo salgo desnuda.

Es mi primer desnudo.

Tuvo un éxito enorme, pero coincidió con la huelga, con la gran huelga,

y Vicente Patuel, que era dueño de todos los cines de Madrid,

me vetó.

Es gracioso, porque a mí no me vetó ni el Estado, ni TVE,

pero Vicente Patuel decidió que yo ya no trabajaba

en ninguno de sus cines.

Gracias a Pedro Lazaga, a José Luis López Vázquez

con la película "El vikingo",

y en la que casi iba a escondidas en el reparto,

porque se jugaron tanto Lazaga con José Luis López Vázquez

el que esa película se quedara en un cajón,

si el señor Patuel se empeñaba.

Una vez más me demostraron mis amigos

lo muchísimo que me querían.

(Música)

Yo no he conocido a nadie más guapo que Paco Marsó.

Coincidimos en una película que se llamaba

"Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe".

Se pegó un tango conmigo. Esas cosas no se cuentan.

El caso es que mi destino era Paco Marsó,

y tengo que decirte que me enamoré locamente de Paco Marsó.

Lo sigo estando.

(Música)

Yo no sé lo que daría porque Paco Marsó viviera

y porque Paco Marsó estuviera en casa

compartiendo la vida de sus hijos y su nieto en este momento.

(Música)

Adolfo Marsillach quería que yo hiciera de Mariana Pineda,

"Las arrecogías en el beaterio Santa María Egipciana".

Empezamos con las arrecogías, empezamos con nuestra relación,

decidimos casarnos, era un espectáculo maravilloso,

en el que yo, cada vez que íbamos de gira

y se levantaba alguien del público, yo decía:

"Aquí se acabó mi vida". Pasó una vez en Sevilla.

Estábamos haciendo la obra en Sevilla,

y de repente se levanta un espectador

con un bulto en la mano y digo yo,

porque se hablaba de la amnistía, del fusilamiento, digo:

"Ya está, ya está, este saca un cuchillo, una pistola,

y me da". Era la bandera de Andalucía.

Se subió al escenario y me envolvió en la bandera de Andalucía,

que yo conservo.

Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?

(Música)

Para el de Chichón, que soy yo, había unos nombres y unas caras,

Fernando Fernán Gómez, Marsillach, en fin, unos cuantos,

y en lo femenino, doña Concha Velasco.

Cuando nos hemos dado la mano y...

Nos casamos, a los 30 días.

Ya caminamos, me atrevo a decir, no de igual a igual,

al menos, no a tanta distancia.

Es uno de los logros que yo considero más efectivos en toda mi carrera.

A Adolfo Marsillach yo siempre le caí bien.

No entendía mis relaciones personales,

no entendía mi manera de ser, él era un hombre de izquierdas,

y todo lo que hacía Adolfo siempre tenía

un significado político de izquierdas.

Nos creó un vehículo formidable, no solamente de ingenioso, divertido,

satírico, crítico.

Parecía que estaba escrita para mí y en la que tenía

al mejor compañero que se puede tener en esta vida,

que es José Sacristán.

Sobre todo en el que se identificaban por un lado o en otro

la mayor parte de españoles y españolas de aquel tiempo.

Pobre Pepe Sacristán.

Venía con su gabardina al camerino mientras yo terminaba de pintarme,

para que yo le contara: "Esta noche ha venido tarde Paco",

2pues ahora he venido en un taxi porque Paco, porque Paco".

Este pobre Pepe aguantaba lo que no estaba en los escritos.

Cuando la mujer Concha Velasco le confiesa o habla al de Chinchón

en calidad de amigo, de íntimo amigo,

yo me considero muy honrado por esa confidencia,

porque realmente fue una época tormentosa,

no de fácil tránsito para Concha.

(CANTA) Con este nombre de mujer.

Fue un éxito tan grande,

"Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?"

que ahí le ofrecieron a Pepe Sacristán hacer "La colmena".

Yo le dije: "Pues que te sustituya Adolfo Marsillach".

Le sustituyó Adolfo Marsillach, con tal mala suerte,

que me ofrecen hacer "Santa Teresa",

y dejé colgado a Adolfo Marsillach.

(CANTA)

¿Quién era en España, en ese momento, una actriz que tuviera

lo que tenía Teresa de humana, que era simpatía, don de gente,

creatividad, impulso

y luego una especie de línea muy clara de lo que quería?

Ensayaba en mi casa, venían a mi casa Carmen Martín Gaite,

Víctor García de la Concha,

que era el asesor eclesiástico de la serie,

y Josefina Molina me hacía estar vestida de monja en mi casa.

Fuimos a conventos, estuvimos hablando con las monjas,

fue un trabajo muy exhaustivo.

Pues era noche, me hizo ver la grave inconveniencia de esa fundación.

Ahí, ¡mierda!

Me ha puesto ante los ojos la idea de Madrid.

¿No le parece bien?

Creíamos que era la única que podía sacar adelante una serie

que iba a durar ocho meses de rodaje.

Que tenía que tener a una actriz fuerte y disciplinada.

Ella dio muestras, a lo largo de los ocho meses.

A mí me dio lecciones continuas de entusiasmo,

de disciplina, de colaboración,

de aguante, de fuerza.

-El castillo uno, primera.

Un día, rodando una escena,

terminó el plano, y yo no dije "Corten".

Yo me quedé como espectadora, allí, viéndola,

y diciendo, ¿es posible que esto...?

Hay que ver qué bien, qué bien lo ha hecho.

Me dijeron: "¿Qué, cortamos o no?", "Pues sí, cortad".

Ya no quiero conversación con hombres,

sino con ángeles.

Concha es una persona que está en el imaginario colectivo

de las personas, de todo español.

Tú vas con ella por la calle, y la gente se abalanza sobre ella.

La toca, la besa, la abraza, le habla de su familia,

de sus cosas, como si fueran parientes.

Eso es muy difícil de sobrellevar.

Es una avalancha de afecto, una avalancha de admiración,

que realmente te choca, te impacta mucho.

Con gran sorpresa, yo creo que por parte de TVE,

de la iglesia católica,

"Teresa de Jesús" tuvo un éxito enorme.

No solo porque se veía la historia de Teresa de Jesús,

era la historia de España.

Los decorados, la ambientación, nunca se ha hecho

una cosa tan importante, perdonadme que os lo diga.

(Música)

Yo creo que como actriz mi mejor trabajo sigue siendo

"Teresa de Jesús".

Al día siguiente de la muerte de Santa Teresa,

aparecía yo diciendo: "Soy el águila de fuego".

Soy el águila de fuego,

por el día soy mujer.

Con unas piernas hasta donde se podían enseñar,

que ya se podían enseñar, con aquel traje rojo,

y mucha gente me dijo: "¿Por qué?".

Yo no quería ser Chanquete, fíjate qué tontería.

A mí, Antonio Ferrandis me había comentado

que Chanquete había sido para él un gran perjuicio en su carrera,

profesional y personal, porque él,

que era un grandísimo actor de teatro, de cine, de televisión,

desde que murió Chanquete no volvió a hacer nada.

Yo dije: "No quiero ser Chanquete".

Hice "Las revistas de televisión".

Vespa, Vespa.

A mí me gusta, me gusta la Vespa.

A mí me gusta, me gusta la Vespa.

A mí me gusta, me gusta la Vespa.

Yo siempre he querido trabajar con Mary Carrillo,

y entonces llega a mis manos el texto de "Buenas noches, madre".

Nadie me veía en ese personaje,

porque había que salir con la cara lavada.

No sabes lo que fue.

El éxito de "Buenas noches, madre", fue una cosa... extraordinaria,

que estuvimos varias temporadas.

Yo ahí ya veía que Paco Marsó se me iba de las manos.

Entonces, decidí, le dije: "Paco, a mí me gustaría

que hiciéramos una producción, que fuéramos productores".

(Música)

La primera obra que hacemos como productores

fue "Mamá, quiero ser artista", en el Calderón.

(Música)

Una revista de no te menees con mi queridísimo Paco Valladares,

Margot Cottens.

(CANTA) No te mires en el río,

niña de mi corazón, porque tengo, niña, pelo.

Era un poco historia de mi vida que yo le conté

a Ángel Fernández Montesinos y a Arteche en su casa.

Me ponían un magnetofón y un vaso de whisky, y yo les conté

"Mamá, quiero ser artista", entera.

(Música)

Mamá, mamá, es inevitable,

quiero ser... ¡artista!

(Música)

Yo tenía "Carmen, Carmen" en un cajón,

y después del éxito tan grande

de "Mamá, quiero ser artista" en Barcelona,

que Colsada se quería llevar a Paco Marsó

de representante y coempresario,

y celos, celos, celos. Dije: "Yo la produzco".

El éxito de "Carmen, Carmen" fue tan grande, tan grande,

tan grande, tan grande, que no ha habido

otro éxito tan grande en el teatro todavía.

A partir de ahí,

mis producciones con Paco Marsó fueron estupendas.

Después "La rosa tatuada", "La truhana".

Ver ensayar a Concha es algo que poca gente ha visto, pero yo sí.

Verla ensayar cuando ella se entrega, es que rompe los esquemas.

Actuaba, era es desgarro personificado y el dolor.

Las escenas de dolor eran realmente sobrecogedoras,

yo la frenaba. "Que estamos ensayando, Concha".

¿Y yo intentara hacerme creer a mí misma

que eso es hacer el amor?

No sé lo que es hacer el amor.

De repente, me llama Fernando Navarrete,

porque quiere hacer un programa en directo en Florida Park

que se va a llamar "¡Viva el espectáculo!".

Mi opción primera para hacer cualquier cosa,

prácticamente un programa de variedades o de poesía,

o de tráfico, mi primera opción podría ser Concha,

porque sé la fuerza que siempre ha tenido,

y el cariño, sobre todo, el cariño que todo el mundo ha tenido.

Todos los espectadores han tenido por ella.

Digo, como músico, y con la orquestra

me gustaría que estuviera Augusto Algueró.

Me dijo: "Augusto Algueró está vetado en esta casa".

Dije: "Yo, perdóname, Fernando, pero si no viene Augusto Algueró

me parece que no lo voy a hacer".

Esta es nuestra forma de vivir.

Augusto Algueró ha compuesto más canciones para mí que para nadie.

Fernando Navarrete, que es un señor estupendo,

llamó a Augusto Algueró

y consiguió que estuviese conmigo siempre.

Así es para bien o para mal.

Vinieron todos los grandes artistas habidosy por haber.

Ha sido fantástico.

Se hacía en directo desde Florida Park.

Aquí tenemos una pareja de los 90, señoras y señores.

En directo, con público en las mesas.

Hijo del rock & roll, los saludan los aliados de la noche.

Fue una cosa preciosa el "¡Viva el espectáculo!",

que yo canto con Montserrat Caballé "El dúo de los gatos".

Miau,

miau.

-Miau. -Miau.

Miau.

(AMBOS) Miau.

Miau.

(Aplausos)

El día que murió mi madre

yo estaba ensayando con Algueró un número musical

que se llama "Un día en la vida de Concha".

Ese día murió mi madre y me dijo Fernando Navarrete:

"Si quieres suspendemos".

Yo le dije: "Como dice Mary Carrillo,

suspender, no conozco esa palabra".

Los grandes actores, todos quieren y respetan tanto al público,

que se pasan.

Concha me dijo, mirándome a los ojos:

"No, Fernando, no vamos a suspender nada", pues ya está.

Siguió la función.

Enterré a mi madre e hicimos ese "Viva el espectáculo"

en los estudios Buñuel, con ese número musical.

Me espera Luis del Olmo, preocupado,

no llegó y el programa ya empezado.

No llego, el programa está parado.

No encuentro ni las gafas ni el papel.

Era un número musical autobiográfico maravilloso.

Lo hice con un abrigo de visón azul,

que siempre me había lamentado de habérmelo comprado,

porque mi madre nunca tuvo un abrigo de visón.

Yo me fui a Elena Benarroch

a comprarle un abrigo de visón a mi madre,

y resulta que me lo compré yo, mi madre murió

y no lo pudo estrenar.

En un minuto

ya podré dormir.

Llega por fin "Más allá del jazmín".

Otra vez la lucha por conseguir un papel,

porque a mí todo me cuesta trabajo, que yo siempre...

Me entero que va a hacer "Más allá del jardín" Pedro Olea,

y le digo: "Pedro, yo quiero hacer la película".

Y Pedro me dice:

"Yo quiero que la hagas tú, pero no quiere Antonio Gala".

"¿Cómo que no quiere?"

Yo he hecho cinco obras de teatro de Antonio Gala, escritas para mí,

y maravillosamente bien escritas, con éxito de taquilla enorme,

pero él decide que "Más allá del jardín" no me va,

y a quien le va es a Catherine Deneuve o a Marisa Paredes.

Le dicen: "¿Qué te parece Conchita Velasco?"

"Conchita Velasco, un horror", según me contaba Pedro Olea.

"Un horror, hay que ver como va vestida por la vida esa mujer".

Concha lo pasó muy mal, porque se tiñó de rubio,

como el personaje que quería Gala, como Palmira Gadea,

iba a los estrenos de rubio, y estaba siempre,

hasta que llegó el momento y dijo: "Pedro, tiro la toalla".

Ahí entra Alcaine.

Los directores de fotografía han sido muy importantes en mi vida.

Alcaine me hizo unas pruebas que no se puede estar más guapa,

porque decía Antonio Gala: "Cómo va a estar Conchita Velasco

en África sin pintar,

si está no va sin pintar a misa".

Pero ese Alcaine de mi vida consiguió que hiciera la película.

Firmamos con Concha Velasco, a pesar de todo.

Luego, pues a Gala le pareció bien.

Todo ese rodaje en África,

creo que es una de las cosas más importantes

que se han hecho en el cine español.

Cuando está de enfermera en África, yo no controlaba la figuración,

pero mientras esperaba a decir "Acción",

ella estaba rodeada de gente con la cara destrozada y tal,

yo se lo había puesto a propósito para motivarla,

porque era los principios del rodaje,

y pensaba que quería sacarle más fuerza.

(Disparos)

(Llanto)

Lo pasó mal, Concha lo pasó mal en ese rodaje,

porque fue muy duro, muy duro, muy duro.

Todo el rodaje en África fue muy duro,

pero ella está estupenda.

(Música)

"Hello, Dolly" fue nuestra metedura de pata.

Fue un musical extraordinario,

en el que no consiguió Paco Marsó ni un duro de suerte.

Tienes aquí al productor.

¿Cómo estamos de gente? Bien, lleno, completamente lleno.

(Música)

No fue un éxito "Hello, Dolly" en Madrid.

Era un espectáculo muy costoso, costó 600 millones de pesetas,

que tuvimos que pagar Paco Marsó y yo.

La ruina económica propició también la ruina personal.

(Explosión)

(Música)

Había perdido mi casa de La Moraleja,

mi piso de la Avenida de San Luis,

estaba pasando un mal momento personal,

vivía en un hotel, y ahí se presentaron

a ofrecerme Lola Moreno esta serie para TVE

que se llamaba "Toreros",

pero coincidió con que los toros empezaban a no estar bien vistos

en España y sobre todo en TVE.

Entonces, se llamó "Herederos".

(Música)

Ha sido uno de los mejores trabajos que yo he hecho en mi vida.

Era un personaje que ahora todavía se sigue recordando,

que decía frases lapidarias.

La ley es elástica.

A esta familia no la separa ni Dios.

¿Qué has hecho, Carmen? Parece más de lo que ha sido.

Me fío más de mí que de Dios.

Eres una hija de puta. Hoy no te voy a decir que no.

Y en este teatro hice yo

uno de los éxitos más grandes de mi carrera,

que fue Madame Rosa, que se llamó "La vida por delante",

que dirigió José Mari Pau.

Estar sentados en las lecturas del espectáculo,

uno frente al otro, y ver la disciplina enorme,

casi el temblor de Concha y buscando

la mirada de aprobación mía después de cada frase,

a mí me ponía un nudo en la garganta, me emocionaba.

Cada trabajo se lo toma como si no tuviera carrera,

como si no tuviera currículum, como si tuviera que ganarse

ese personaje y esa función cada vez.

(Música)

A mí esa Madame Rosa, que recogía a niños

de distintas ideologías, religiones y tradiciones,

y los cuidaba, y los educaba

respetando su religión, su tradición y raza

me pareció tan importante que decidí que esa era mi última obra.

Yo dije a todo el mundo, con esta cierro y no trabajo nunca más.

Debería haberlo hecho.

(Música)

Y "Hécuba" no la había hecho nadie en España

ni Margarita Xirgu tampoco.

Se habían hecho recitales, porque es una obra muy política,

muy tremenda, en la que esta mujer, "Hécuba", la reina de Troya,

sensible, culta,

termina matando con sus manos a un niño.

Se lo dije a José Carlos Plaza hijo

y decidieron hacer "Hécuba" en Mérida.

100 personas en escenas, las ruinas de Mérida,

aquel caballo de Troya en un rincón.

Ojalá se viese así Helena, cuyos bellos ojos

me han traído tanta soledad.

Concha se presentó con un texto

de una "Hécuba" de la versión de Juan Mayorga,

que es un monólogo, monólogo de hora y media,

que arranca con la muerte

de uno de los últimos hijos que le quedan.

Entonces, claro, el nivel de fuerza dramática

llega a un límite escalofriante desde la primera escena.

A partir de ese momento, se van sucediendo las desgracias

en un monólogo dificilísimo, pero que hizo que Mérida se levantara

a gritarla ¡Bravo!

A mí me da un dolor espantoso y me voy al camerino.

Empiezo a devolver, y a devolver y a devolver.

Yo pienso: "Esto es algo malo". Sigo haciéndolo.

Estuvimos 11 días en Mérida, nadie ha estado 11 días llenando,

y cada vez que terminaba la obra a devolver.

Cada vez que comía yo algo, a devolver.

Si yo lo hubiera dicho en ese momento,

a lo mejor hubiera sido una apendicitis normal y corriente

y no hubiera ido a más, pero seguí y seguí.

Yo no quería parar.

"Hécuba" era para mí el sueño imposible.

Maldita la madre que no sabe guardar a sus hijos.

Yo le pedí: "Concha, coge la tierra, y ponte un poco de tierra,

como si... pero muy poquito, no te hagas grandes cosas".

Llega el ensayo general con público,

una tonelada de tierra por encima. Esa es Concha Velasco.

Tú le pides un poco y ella... Ahí y en todas las funciones.

Ya no había posibilidad que hiciera un poquito más.

(GRITA)

Era decir Mérida, "Hécuba", premios, críticas.

Era la primera vez que había tenido una crítica unánime.

(Aplausos)

Y ya no hubo más remedio.

El 4 de abril, estaba en casa, empecé a ponerme mala,

me llevaron mis hijos al hospital.

Era una peritonitis que se había extendido,

que me había perforado, los médicos vieron que...

Bueno, total, que se suspendió "Hécuba",

que el tratamiento fue doloroso,

que entré varias veces en el quirófano.

(Música)

Y que... y que me cambió la vida, mi manera de pensar,

mi manera de ser.

Yo veo las cosas ahora de otra manera.

Eso pasó en el mes de mayo, me parece que fue,

al final de junio estábamos ensayando "Olivia y Eugenio",

esa es Concha Velasco.

Nadie está de acuerdo con la eutanasia,

claro, hasta que se trata de uno mismo.

Me ha costado mucho entrar, porque como es

la historia de una mujer que tiene cáncer terminal,

que vive con un hijo Down y que decide suicidarse

y acabar con el hijo.

Las convicciones duran mientras no afectan a tu persona.

En mi caso lo tengo muy claro, en el tuyo también,

porque sé que tu felicidad desaparecería

cuando mi cadáver estuviese todavía tibio.

Bi-bi-bi.

-Concha es el ejemplo de lo que es un artista en este país.

Tiene dos cualidades que para mí son fundamentales.

La primera es su amor al trabajo.

Yo creo que es un país bastante vago, ya con la edad que tengo

lo puedo decir, en que me parece que no hay rigor en los trabajos,

y Concha es el rigor personificado.

La segunda cosa que para mí es fundamental

es que Concha es como un poliedro, tiene muchas caras, muchas,

y no le importa mostrarlo.

Concha es maligna y es buena.

Concha es egoísta y altruista, Concha es rencorosa hasta no decir basta

y es la persona más buena que perdona más.

Es decir, es lo que es un artista, una cantidad de fuerza interior

y no tiene ningún pudor, yo lo cuento todo.

Ella lo hace todo en el escenario.

(Aplausos)

Yo he vivido la época de Franco

y he vivido la época de la Transición.

He tenido un novio que era de derechas,

otro novio que era de izquierdas,

yo he tenido un compromiso político durante un tiempo,

yo me he comprometido, yo he hecho campañas políticas,

y ahora, desde que yo estuve en el hospital,

y paseaba con otros por el pasillo

y me hablaban y me contaban y me formaban como persona

he decidido que no quiero intervenir en nada,

pero no porque escurra el bulto, no porque sea chaquetera,

nada más lejos, todo lo contrario.

Yo creo que cuando una persona dice como yo, con 75 años,

que no quiero participar en nada, es porque estoy decepcionada,

y eso es lo peor que le puede pasar

a un país y a una generación, la mía.

Me gusta la democracia, es la única forma posible

que tenemos de vivir y no sobrevivir,

que me horroriza el significado de la palabra "sobrevivir".

"Tú eres una superviviente". Cada vez que me dicen eso, digo:

"No, yo lo que quiero es vivir".

Vivir, vivir, vivir.

Por favor, llevadme a vuestra vida.

Despierta, quiero ver,

lo que siempre he soñado dormida.

-Venid, venid, venid,

con nosotros vivir vuestra suerte.

-Siendo así, siendo así,

lo que importa tan solo es...

-Vivir, vivir, vivir, vivir, vivir.

Imprescindibles - Concha Velasco, memoria viva

Ya en 1985 se incorporó a 'La comedia musical española', programa que recuperaba el género de la revista amadrinado por Celia Gámez. Continuó su carrera en la pequeña pantalla, presentando y participando en programas musicales como 'Viva el espectáculo' en el que además de actuar, servía de altavoz para los autores de su época.

"Para mí, el teatro es mi pasión y también el espectador. Subirme al escenario me permite abstenerme de cuánto me rodea y entregarme al personaje que estoy haciendo en ese momento. Estoy muy agradecida al espectador por su cariño. 'Le debo tanto!", ha confesado.

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