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Los congoleños se levantan

  • Las comunidades se organizan para cambiar una situación muy complicada
  • Médicos, abogados o actores quieren un nuevo país que mire al futuro

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Innocent Kunyuwana: así vive un doctor en R.D. Congo | Vídeo: Marta Soszynska / MSF

En el Congo todo es difícil. Muchos creen que es un país maldito que nunca podrá salir adelante; que si es demasiado grande, que si es un Estado fallido, que si no hacen más que pedirte dinero... Algunos hablan del problemas crónicos cuando a lo mejor es que ha interesado durante demasiado tiempo que el país viva sumido en la inestabilidad.

Las razones son muchas y los efectos, devastadores. Este es un país que afronta una realidad terca y por mucho que uno lo intente, a veces es difícil hablar en positivo de un país como la República Democrática del Congo.

Es uno de los países con mayores cifras de pobreza, con una crisis de desplazados gigante que a finales de año rondaba ya las 4,5 millones de personas que habían tenido que marcharse de sus casas o por la violencia de la guerra sin fin que viven, o la miseria. Otras 735.000 personas directamente han huído a otros países.

Hoy, 13 millones de los 80 millones de congoleños que viven en el país necesitan ayuda para sobrevivir en regiones que viven auténticos conflictos abiertos como Kasaï, Tanganyka, Ituri o Maniema, con decenas de grupos armados que campan a sus anchas y cada dos por tres arrasan pueblos y se enfrentan a unas Fuerzas Armadas ni suficientes ni preparadas y con muchas denuncias de vulneración de derechos humanos a sus espaldas.

Pero hay muchos casos en los que la alegría de este pueblo empuja a ser optimista. Hay miles de personas que se unen y trabajan para estar al lado de sus vecinos, que se juegan la vida por su gente. Hace tiempo que los congoleños se pusieron de pie para que su vida cambie.

El doctor Innocent Kunyuwana, a cargo del equipo de emergencias de MSF Kivu del Sur.

El doctor Innocent Kunyuwana, a cargo del equipo de emergencias de MSF en Kivu del Sur. MSF MARTA SOSZYNSKA

Son personas como Innocent Kunyuwana, que decidió estudiar Medicina para ayudar a los suyos. Hoy es el coordinador del RUSK, el equipo de emergencias de Médicos sin Fronteras en la provincia de Kivu del Sur. Su trabajo es estar siempre listo para salir corriendo en momentos de crisis y en lugares donde no llega nadie.

"Hay muchos sitios a los que vamos en los que es probable que sea el primer médico que han visto en su vida. Son lugares a los que sólo se llega a pie durante horas y donde tienen condiciones de vida durísimas", confiesa.

La última operación del equipo ha sido en la provincia de Maniema, donde el grupo armado rebelde Maï-Maï ha tomado fuerza. Creados inicialmente como autodefensas locales para combatir a los responsables del genocidio en Ruanda en 1994 y que aquí se convirtieron en milicias, ahora luchan por el control del territorio y sus riquezas.

El aislamiento y la falta de carreteras lo complican todo y suponen una gran condena. Cuando llueve, hasta lugares como Numbi sólo se puede llegar a pie o en moto, lo que supone todo un reto para transporte mercancías o personas.

Un motorista se desplaza por un camino embarrado hacia Numbi (R.D. Congo)

Un motorista se desplaza por un camino embarrado hacia Numbi (R.D. Congo) MARTA SOSZYNSKA / MSF

Médicos sin Fronteras tiene un equipo de moteros que tardan diez horas en regresar cada vez que salen. Trasladan pacientes que necesitan atención médica, o incluso llevan los medicamentos que se repartirán en el hospital.

Baachi Kalomo hace todos los días un esfuerzo físico tremendo a través de caminos embarrados e imposibles pero asume que es más que un empleo. "Los que salvan su vida por llegar a tiempo al médico son mis hermanos, mis amigos y vecinos. Uno se olvida del agotamiento al pensar en todas las vidas que hemos salvado", reconoce.

La defensa del Derecho

En esta zona del país, la violencia se ha convertido en habitual y muchos congoleños salen en defensa de su gente. No es nada sencillo ponerse delante de las armas y negociar con quien ha demostrado no tener ni el más mínimo respeto por la vida. Con dosis de humildad, mucho trabajo y entrega, se puede.

La abogada Mathilde Mihigo

La abogada Mathilde Mihigo. MARTA SOSZYNSKA / MSF

Mathilde Mihigo siempre está pendiente de las llamadas de las comunidades a través de Cáritas Bukavu. Son muchos años ya recorriendo la provincia para escuchar quejas y lamentos. Ella se dedica a hablar con unos y con otros, a evitar que de la noche a la mañana se impongan barreras de pago en las carreteras, a recordar a los soldados que hay leyes que protegen a los ciudadanos o incluso a explicar los derechos que tienen reconocidos todos sin excepción.

Tienes miedo porque eres muy consciente de que un tipo con un arma te puede matar, pero es parte del cambio de mentalidad que tenemos que hacer todos

"Esto es como construir una casa en la que los niños puedan crecer sin miedo, que se sientan libres y respetados, con derechos", nos cuenta.

"Decidí dedicarme a esto al conocer a mujeres periodistas que no tenían miedo de ir a lugares peligrosos para contar cómo decenas eran violadas cada día. Allí no llegaba nadie. Así que, desde que estudiaba Derecho, tenía claro que quería trabajar para defender los derechos humanos aunque esto, por supuesto, preocupe a mi entorno".

En este país, defender a tus vecinos puede salir caro. "Claro que tienes miedo porque eres muy consciente de que un tipo con un arma te puede matar o hacerte atrocidades pero es una parte del cambio de mentalidad que tenemos que hacer todos. Si no te gusta el sistema, tienes que cambiar tú primero. Y yo he decidido tomar este camino para cambiar mi país".

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La risa como terapia

A pesar de las cosas malas que nos encontramos en este país, la gente es increíblemente sonriente. Son pocos los que no te reciben bien. Esta es una población estresada que necesita médicos en lo físico pero también en lo anímico. Y nada mejor que la risa para curar muchas heridas.

A pesar de la guerra, las enfermedades y la pobreza, no hay como reírnos para vivir mejor. Somos algo así como médicos del estrés

Mze Mandjondjo es actor y hace tiempo que entendió que el ánimo de Bukavu se podía cambiar a través de sus programas en radio y televisión.

"Aquí, nos gusta mucho reírnos y a pesar de la guerra, las enfermedades, la pobreza, no hay nada como eso para vivir algo mejor. Somos algo así como médicos del estrés".

Por las calles de la ciudad le cuesta andar sin que nadie se fije en él. Todos imitan sus chistes. Ha conseguido ganarse el respeto y eso le permite realizar campañas de sensibilización con su compañía teatral por Bukavu y también por los pueblos de la provincia.

Por las calles de Bukavu, el buen humor de Mze Mandjondjo no pasa inadvertido

Por las calles de Bukavu, el buen humor de Mze Mandjondjo no pasa inadvertido. M. SOSZYNSKA / MSF

Junto al Comité Internacional de la Cruz Roja se preocupan de contar muchas cosas y de recuperar personas que han quedado al margen.

"Cuando violan a una mujer, ésta se queda fuera de la comunidad. El estigma es enorme y nosotros intentamos que, a pesar de todo, rían durante un rato. Creemos que compartir chistes es la manera más fácil de ayudar a que vuelvan a sentirse parte de la sociedad. Y lo logramos", afirma un joven que reconoce lo complicado que es ganarse la vida así. "No ganamos mucho, es verdad. Pero nos reímos un montón".

Referentes para el cambio

Este Congo busca hoy liderazgos para tener esperanzas en un momento muy difícil políticamente. El presidente, Joseph Kabila, ha prometido celebrar elecciones el 23 de diciembre pero son muchos los que dudan de que finalmente vaya a soltar el poder al que llegó tras el asesinato de su padre en 2001.

Desde el entorno del Gobierno, se han lanzado mensajes sobre una posible candidatura del mandatario para optar a un tercer mandato hoy prohibido por la Constitución, lo que no deja de incrementar la tensión mientras la oposición intenta posicionarse en una amalgama indescifrable de decenas de partidos.

Algunos empiezan a pensar en aquellos que traen buenas noticias para el país. Miran al doctor Denis Mukwege, director del hospital de Panzi de Bukavu, que se ha convertido en un referente mundial por la atención a las víctimas de violencia sexual por la esperanza que devuelve a cientos de mujeres cada día.

El doctor Denis Mukwege

El doctor Denis Mukwege. MARTA SOSZYNSKA / MSF

Contra la 'congo-fatiga'

Y él, que de momento no se lanza a la política, insiste en pedir una reflexión interna y externa acerca del futuro del país. Porque es normal escuchar en el ámbito internacional eso de la "congo-fatiga", un concepto cruel que intenta justificar el cansancio de las organizaciones internacionales ante una crisis tan larga y que se usa como excusa a la hora de destinar fondos a otros países.

Los países del mundo deberían pensar en la responsabilidad que tienen sobre nuestra situación. El coche eléctrico en tu país necesita cobalto y el 80% de las reservas está aquí

A estas alturas de 2018, sólo ha llegado el 16% de los 1.425 millones de euros que la ONU considera necesarios para la respuesta humanitaria.

"En lugar de hablar de fatiga, los países del mundo deberían primero pensar en la responsabilidad que tienen en nuestra situación", contesta a RTVE Mukwege.

"Yo estoy muy preocupado con la implantación del coche eléctrico en tu país ya que su producción necesita cobalto y el 80% de las reservas mundiales están aquí”, asegura a la vez que se pregunta si es posible hacer que la población se beneficie. No ha ocurrido con otros minerales como el coltán o la casiterita.

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"Es muy difícil cambiar este país si las empresas internacionales siguen alimentando a la mafia que nos gobierna. No sólo es cambiar la cabeza sino todo el sistema. Es hora de que hablemos de una nueva estrategia para la República Democrática del Congo", añade.

Mukwege es quizá el más famoso de todos los congoleños que hoy quieren un cambio. De los que sueñan con ese país que podría ser y que no es. Al pasar por varias localidades de Kivu del Sur, uno encuentra muchas veces una gran resignación pero también se notan ganas de de cambiar las cosas. Lamentablemente, hoy esto no está en sus manos pero sí es cierto que poco a poco el tejido comunitario crece con la esperanza de que más pronto que tarde el pueblo congoleño lleve de verdad las riendas de su futuro.

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