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Después de ocho años de sucesivos rescates, la mejora económica de Grecia no se siente en la calle

  • Este jueves, el Eurogrupo aprueba el final del tercer rescate del país, que seguirá bajo controles de la UE
  • La sensación de la población es que todo sigue igual y, en algunos casos, peor que antes

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Un hombre pasa delante de varios comercios cerrados en el centro de Salónica
El paro en Grecia ha bajado, pero aún sigue en el entorno del 20%, y la actividad comercial se mantiene en mínimos. AFP PHOTO / Sakis Mitrolidis

Después de ocho años de recesión y rescates sucesivos por parte de la UE y el FMI, la economía griega crece y lo celebran Gobierno y acreedores. Sin embargo, en la calle, la sensación es que todo sigue igual o, en algunos casos, peor y la salida del tercer y último rescate que ha recibido el país -que este jueves firma el Eurogrupo- no despierta especial emoción entre la población.

El desempleo y la precariedad son la norma. A pesar de que las cifras del paro han mejorado siete puntos en los últimos tres años, la tasa de desempleo se mantiene en un 20%, un 55% en el caso de los más jóvenes.

Muchos de los que trabajan se tienen que conformar con el salario mínimo que, después de los recortes, se ha quedado en 586 euros al mes. Esa cantidad parece un privilegio a todos los que trabajan a tiempo parcial. Grecia es el país de la Unión Europea con más empleo a tiempo parcial involuntario -un 70,2% del total-, por delante de Chipre (67,4%), Italia (62,5%) y España (61,1%).

Ventas en caída libre

Anna Dimitríu trabaja desde hace 22 años en una tienda de maletas y accesorios de viaje en el centro de la capital helena. Ahora se lamenta de que "no hay ningún indicador claro de que las cosas vayan a mejorar después de que terminen los programas de rescate".

"No he visto una mejora ni en mi vida personal ni en el comercio. Estamos en pleno período turístico y la situación es peor que en años anteriores. En general, en los tres últimos años, las ventas han ido bajando", comenta a Efe. Según Dimitríu, en esta época del año, lo normal es que en la media hora que ha durado la entrevista hubieran entrado en la tienda unos tres o cuatro clientes. Sin embargo, no lo ha hecho nadie.

Muy cerca de su negocio se encuentra el Mercado Central de Atenas, una amalgama de puestos de verdura, pescado y carne que tiene su extensión en las calles de alrededor, donde se multiplican tiendas que ofrecen todo tipo de productos típicos o para el hogar.

Aunque es uno de los lugares más populares de compras de la capital, su decadencia es palpable. La familia Damigu regenta desde hace cinco generaciones un puesto de venta de distintos tipos de pan y cereales, pero es improbable que los más jóvenes puedan continuar así.

María Damigu cuenta indignada que las ventas están en el nivel más bajo que ella recuerde. "Cada vez que vengo y veo la situación del mercado, me dan ganas de llorar. Todo el mundo cree que los griegos tienen dinero, pero el único que hay es el de las pensiones. A ver qué ocurrirá cuando hasta éste se acabe", explica con voz entrecortada por sollozos.

"La salida del rescate no significa nada"

Para Damigu, la salida del rescate no significa nada, sólo ve desesperanza y no se cree las afirmaciones del Gobierno de Syriza -al que apoyó- sobre la mejora de la economía, porque se siente "traicionada".

"No hay ninguna esperanza, la única opción que tienen los jóvenes es emigrar. Me entristece muchísimo no poder ofrecer a mis hijos ninguna perspectiva de futuro, cuando mi familia lleva trabajando aquí desde hace cinco generaciones. Me siento traicionada porque se han burlado de la gente", dice esta ateniense.

Makis Agorakis, un obrero que pasa la mañana sentado junto al puesto de María, tiene un punto de vista diferente. Espera que el fin de la asistencia financiera europea traiga por fin nuevos empleos, si bien no parece del todo convencido: "En Grecia la pobreza ha existido y seguirá existiendo".

"Mi nivel de vida empezó a bajar ya con el Gobierno de Samarás, pero en los últimos años he visto una cierta mejora", cuenta Agorakis, que cree que el Gobierno de Alexis Tsipras no podía haber hecho otra cosa porque "los programas de rescate ya estaban firmados".

A un par de calles de allí, el paisaje es aún más desolador. Lejos del revuelo del mercado y de los turistas, se multiplican los edificios abandonados y los locales que han echado la persiana.

Algún 'brote verde' en medio de la decadencia

A pesar del ambiente degradado y los años de dificultades, Grigorios Iconomidis decidió invertir su pensión y ahorros en un pequeño negocio de licores, vinos y otros productos locales.

"Decidí abrir la tienda porque era mi forma de enfrentarme a la crisis", explica este hombre que, tras cinco años de esfuerzo, ha sacado su negocio adelante.

Iconomidis cuenta con una sonrisa que, aunque muchas veces le dijeron que estaba loco por enfrentarse así a la crisis, el tiempo le ha dado la razón.

A pesar de que, en su caso, ha tenido suerte, no cree que los jóvenes que emigraron -más de medio millón desde 2008- vayan a volver de repente. "Regresarán poco a poco, cuando el crecimiento de la economía se reanude de verdad", prevé este pequeño emprendedor, que pide "políticas serias y responsabilidad" para que la vida de los griegos pueda mejorar.

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