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Carolina Herrera cuelga las tijeras

  • La venezolana deja su cargo como directora creativa 

  • Su puesto en el taller lo ocupará su ayudante Wes Gordon

  • Herrera ejercerá de embajadora global de la firma

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Un adiós discreto. Como ella. Carolina Herrera deja el cargo de directora creativa y cede el testigo a su ayudante Wes Gordon. La venezolana tiene 79 años y a partir de ahora ejercerá como embajadora global de la firma que creó en 1981.  “No me retiro, solo es un paso adelante. La decisión la he tomado yo sola”, ha dicho en un comunicado.

Su desfile de despedida, celebrado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, marca el traspaso de poderes. Se aprecia un cambio, un estilo un poco más moderno con guiños a la estética disco, pero no faltan los iconos de la casa, como las camisas blancas trasladadas a la noche con faldas de gran volumen y colores fantasía.

 Sofisticado abrigo de plumas de Carolina Herrera. EFE

A ritmo de jazz, las modelos presentaron prendas sencillas de fondo de armario pero también sofisticadas piezas que parecen llevar el sello de Gordon. Vemos atrevidas mezclas de colores vibrantes, sofisticados diseños de plumas, prendas decoradas con estampados salvajes, un esmoquin rosa y diseños en tul de claro acento romántico. 

Una colección más en la discreta carrera de la venezolana. Una mujer que curiosamente no tiene peso en la moda, aunque sí en la industria. Resulta casi imposible encontrar un libro de moda que hable sobre ella pero cuesta todavía más escoger una prenda o una colección que haya dejado huella y permita que Carolina Herrera pase a la historia del trapo. No ha inventado nada y puede que no haya aportado nada pero hablamos de una de las ‘diseñadoras’ más conocidas del mundo. Una paradoja de las muchas que forman parte de la vida de la venezolana.

 Diseño de Carolina Herrera. EFE

Herrera es sinónimo de elegancia clásica y sus colecciones son a veces tan pulcras que rayan lo aséptico. Sus propuestas son fáciles de llevar y fáciles de guardar, y sus vestidos de noche, apreciados por distintos estilos de mujer, heredan el estilo de estrellas tan comedidas como Grace Kelly. Su éxito ha sido mantenerse, mantenerse fiel a su estilo y mantenerse durante décadas en el negocio. 

Su trabajo es impecable, ha tenido colecciones buenas y regulares, pero casi siempre ha sido fiel a su filosofía de trabajo y a su forma de entender la moda. Presume Herrera de haber sido educada para estar en casa, que no estudió diseño y que llegó a la moda en 1981 casi por casualidad, animada por la editora Diana Vreeland. Herrera, que tenía 42 años, era habitual de la mítica Studio 54 de Nueva York en el que se daban cita diseñadores estrella como Calvin, Yves Saint Laurent o Halston pero también mujeres como Norma Kamali, Donna Karan o Diane von Furstenberg que sí se han ganado su hueco en la historia de la moda.

“Siempre tuve ojo e instinto y en este negocio eso es más importante que saber cortar o pegar un botón”, dijo en una entrevista, dejando claro que su trabajo se limita a dirigir el taller señalando a cada oficio cómo quiere o desea una manga, un largo de un vestido o una mezcla de colores.

 El color destaca en la última colección de Carolina Herrera. Reuters

Carolina, la mujer, es más famosa que Carolina, la diseñadora. Ella ha hecho de sí misma un logo, una marca, una forma de vestir, un estilo. Su eterna camisa blanca con los cuellos alzados es todo un símbolo de estilo sureño, un código atemporal que ha hecho suyo. Igual que sus colecciones que parecen hechas para ella, todas con un aire muy femenino. “A veces creo que no trabajo en la industria de la moda, más bien trabajo en la industria de la belleza”, decía para describir su estilo que tiene como objetivo “embellecer a la mujer”.

Quizá por eso recurren a ella estrellas de la alfombra roja y mujeres importantes, como el ejército de primeras damas de EE. UU. De los armarios de la Casa Blanca siempre han colgado sus prendas ya que Herrera ha vestido a Jacqueline Kennedy, Nancy Reagan, Hillary Clinton, Laura Bush y Michelle Obama.

 La camisa blanca trasladada a la noche es un símbolo de Herrera. Reuters

Es la reina del fondo de armario, de los básicos sin edad pero también de las fragancias. La casa española Puig, una de las más poderosas del mundo, compró su división de belleza en 1988 y en 1995 se hizo con el control de la línea Carolina Herrera New York. En 2001, de la mano de la Lonia (propiedad de la familia Domínguez), lanzó la línea CH que se fabrica en España y que tiene entre sus clientas a la reina Letizia.

Carolina Herrera, que ha recibido varios e importantes premios, estampa su firma en ropa para hombre y mujer, accesorios, perfumes e incluso objetos para la casa, como carritos de la compra o mantas, o para las mascotas. Su etiqueta gusta en el sector nupcial, llegando a hacer sombra a la gran Vera Wang, la reina de las novias de EE.UU. Herrera hizo el vestido con el que se casó Caroline Kennedy en 1986 pero también el que llevó Bella, la protagonista de Crepúsculo, para casarse en la gran pantalla con Edward.

 La venezolana junto a su maridol Reinaldo Arenas. EFE

Puede que Carolina Herrera no aparezca en los libros de moda, más centrados en creadores y diseñadores, pero tiene su propio libro que presentó en 2016: “No quería hacer un libro de mi vida, sino de mi vida con la moda”, dijo. Quizá porque siempre ha sido reservada con lo que ocurre en la intimidad del hogar y con su familia, una parte de su vida sobre la que sí se ha escrito, y mucho, aunque en otro tipo de publicaciones.

Ahora tendrá más tiempo para estar con su familia, con su marido Reinaldo Arenas, con sus cuatro hijas, sus 12 nietos y 6 biznietos. Atrás quedan 72 desfiles, 37 años de profesión que se concentran en una de sus camisas blancas de cuellos levantados.

 Carolina Herrera cede el testigo a Wes Gordon. AFP

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