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La misión europea LISA está centrada en la detección de ondas gravitacionales desde el espacio.
La misión europea LISA está centrada en la detección de ondas gravitacionales desde el espacio. ESA

La Agencia Espacial Europea quiere adelantar varios años su misión sobre ondas gravitacionales

  • Bajo el nombre de LISA, está programada para 2034

  • Con el avance tecnológico necesario, se podría adelantar a 2029 ó 2030

  • Se trata del proyecto más ambicioso y costoso de la ESA

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La Agencia Espacial Europea (ESA) aspira a adelantar varios años el lanzamiento de la misión LISA, centrada en la detección de ondas gravitacionales desde el espacio y que ahora está programada para 2034, ha informado su director general, Jan Wörner.

En su presentación del balance de 2017 y de las previsiones de 2018, ha apuntado que no es tanto una cuestión de dinero como de tecnología. La misión prevé desplegar tres naves, en formación triangular y separadas por 2,5 millones de kilómetros, que seguirán a la Tierra en su órbita alrededor del Sol, y llegará precedida del lanzamiento en diciembre de 2015 del satélite LISA Pathfinder, que sirvió para probar parte de la tecnología necesaria.

La ESA recuerda que las ondas gravitacionales fueron predichas por la teoría general de la relatividad de Albert Einstein hace un siglo y detectadas en septiembre de 2015 por el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO). "Son importantes porque nos abren una ventana nueva al universo", ha explicado a Efe el director del Programa Científico de la agencia, el español Álvaro Giménez, que calcula que, con el avance tecnológico necesario, la misión se podría adelantar a 2029 o 2030.

Hasta ahora, según el experto, "hemos visto el universo simplemente con la radiación electromagnética, que es la luz que proviene con distintas longitudes de ondas y energías, y esto es un cambio radical", porque permitirá medir "cómo el espacio se perturba por la presencia y el efecto de masas".

Modulaciones en el tejido del espacio y el tiempo

Las ondas gravitacionales, definidas como modulaciones en el tejido del espacio y el tiempo, transportan esa información "completamente nueva y distinta" y pueden facilitar muchos datos sobre fenómenos como los agujeros negros. Esas ondas son extremadamente débiles y la tecnología de los dispositivos para capturarlas debe ser muy avanzada, dada la distancia que separará a cada uno de los tres satélites.

"Es una tecnología de láser óptico de la que se conoce la teoría, pero en la práctica no controlamos bien un láser que funcione a esa distancia", añade Giménez sobre un proyecto cuyo presupuesto superará los 1.000 millones de euros (unos 1.220 millones de dólares). El experto ha avanzado que el aumento del presupuesto dedicado al programa científico que se prevé solicitar en el consejo ministerial que España acogerá en 2019 puede ayudar a invertir en más recursos, con los que superar las actuales limitaciones.

En ese encuentro se revisarán los fondos acordados en la reunión anterior, celebrada en Lucerna (Suiza) en 2016, y se quiere conseguir un incremento de entre un 1 o un 2 % anual para los siguientes cinco años.

Casi un 10% del presupuesto total

En 2018, según ha destacado la ESA, el programa científico recibirá 518,2 millones de euros (634 millones de dólares), un 9,2 % del presupuesto total de la ESA, y Wörner apuntó su deseo de aumentarlo porque la ciencia debe ser, en su opinión, la "columna vertebral" de la agencia.

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