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La guerra de los Seis Días, el conflicto que aplastó el nacionalismo árabe egipcio y marcó el orden mundial

  • El 5 de junio de 1967 Israel atacó Egipto, Jordania y Siria y ocupó varios territorios
  • Israel impuso en la zona una nueva identidad judía que sigue a debate
  • El conflicto sentó las bases para la mediación de EE.UU. en Oriente Próximo

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 Un avión de guerra sobrevuela las tropas israelíes que avanzan en tanques por la península del Sinaí en la frontera entre Israel y Egipto, el 25 de mayo de 1967.
Un avión de guerra sobrevuela las tropas israelíes que avanzan en tanques por la península del Sinaí en la frontera entre Israel y Egipto, el 25 de mayo de 1967. AFP noticias

Los casi seis días que duró la Guerra de 1967 fueron suficientes para enterrar en la arena del Sinaí el proyecto del nacionalismo árabe auspiciado por el entonces presidente egipcio Gamal Abdel Naser, con un reequilibrio de fuerzas en la región que se decantó hacia las monarquías del Golfo.

Este lunes se cumple medio siglo desde que Israel lanzó una serie de concisos ataques contra Egipto, Jordania y Siria, que desencadenaron la Guerra de los Seis Días y la ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y el Sinaí egipcio, un escenario que ha marcado hasta día de hoy la región.

La aplastante victoria de Israel contra sus vecinos árabes, o la "emboscada" israelí a Egipto, como la califica el experto del Centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos, Mohamed Gomaa, mostró "los cálculos erróneos de los dirigentes egipcios y de Abdel Naser".

El sueño desinflado de una gran nación árabe

Los acuerdos tras la Segunda Guerra Mundial para ubicar el estado de Israel en 1948 seguían generando animadversión en la zona dos décadas después y, en mayo de 1967 el presidente egipcio, Gamal Abdel Naser, solicitó a la ONU que se retirase de la península del Sinaí, fronteriza con Israel y donde tropas internacionales estaban desplegadas desde la Guerra de Suez de 1956, y cerró el paso por el estrecho de Tirán.

El entonces presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, durante un discurso en el Cairo el 26 de julio de 1966. AFP noticias

En una creciente tensión, Naser apostó a miles de sus soldados en la zona limítrofe, lo que despertó la alarma de Israel, que el 5 de junio lanzó un rápido ataque que tomó por sorpresa al Ejército egipcio, incapaz de reaccionar y que perdió en cuestión de horas parte del Sinaí y Gaza, bajo su control.

Tras el revés militar, Naser involucró a Siria y Jordania asegurando que vencerían al Estado judío, algo que no ocurrió y dio lugar a una derrota a la que siguió la ocupación de territorio sirio, palestino -entonces controlado por Egipto y Jordania- y parte del Sinaí, devuelto con un acuerdo de 1979 que convirtió a Egipto en el primer país árabe en firmar la paz con Israel.

Fue Informe - Historia de seis días

Una nueva identidad judía

"Dos semanas después de la guerra me enviaron a los territorios. Allí empezaba a germinar todo un nuevo movimiento de la derecha israelí, creando una identidad judía nueva, centrada en la biblia, en los mandamientos, en establecerse en la tierra", cuenta a Efe Itzhak Schnell, profesor de geografía política en la Universidad de Tel Aviv y joven soldado en la contienda.

Esta nueva identidad, señala, "era antagonista no sólo a los árabes sino al resto del mundo, porque cuando Occidente hablaba sobre los derechos humanos, no podías formar parte de eso siendo un ocupante".

Desde entonces, Israel ha mantenido esta política de expansión sobre los territorios ocupados, en los que desplegó sus fuerzas militares e incentivó la construcción de asentamientos para desplazar a sus civiles a estas nuevas colonias, contrarias al derecho internacional.

En el Golán sirio residen 23.000 israelíes, a los que se suman otros 385.000 en 228 colonias en Cisjordania y los 200.000 colonos de Jerusalén Este, territorio que los palestinos reclaman como la capital de su estado, según datos de la ONG israelí Shalom Ajshav (Paz Ahora).

Un nuevo orden mundial

La arrolladora conquista de territorio por Israel en apenas seis días sentó las bases de la difícil tarea de mediación a la que se sentirían llamados casi todos los presidentes estadounidenses desde entonces, en base a un concepto de "tierra a cambio de paz" que apenas ha dado frutos hasta ahora.

En plena escalada de la guerra de Vietnam y confiado en la capacidad militar de Israel, Estados Unidos no intervino en la Guerra de los Seis Días, pero siguió todos los detalles de un fugaz conflicto que confrontó sus intereses en Oriente Próximo con los de Moscú.

Para el entonces presidente estadounidense, Lyndon B. Johnson (1963-1969), la contienda que enfrentó a Israel con Egipto, Siria y Jordania "era una gran prioridad, porque tenía consecuencias para la Guerra Fría", ha explicado a Efe el historiador Mark K. Updegrove, expresidente de la Biblioteca Presidencial de Johnson.

"Indirectamente, los estadounidenses (que respaldaban a Israel) se estaban enfrentando contra los soviéticos, que se habían alineado con Egipto y Siria", recordó Updegrove.

La CIA se lo puso fácil al garantizarle que el músculo militar israelí le permitiría superar una nueva guerra rápidamente y sin ayuda, y varios asesores de Johnson concluyeron que "lo mejor para los intereses estadounidenses era que Israel actuara solo", según la oficina del historiador del Departamento de Estado.

Pero hubo un suceso que desequilibró la alianza entre EEUU e Israel: el 8 de junio, aviones israelíes atacaron el buque espía estadounidense Liberty, matando a 34 tripulantes e hiriendo a 171.

"Tierra a cambio de paz"

Pasarían cinco meses hasta que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara la resolución 242, de la que surgió el concepto de "tierra a cambio de paz", llamando a Israel a retirarse de los territorios ocupados para conseguir estabilidad con sus vecinos.

Días después del alto el fuego, Johnson opinó en un discurso que la ONU u "otras partes" debían mediar entre Israel, Egipto y Siria. Su Gobierno no llegó a asumir esa labor, pero sí lo hizo su sucesor, Richard Nixon (1969-1974), y poco a poco, Estados Unidos se fue convirtiendo en intermediario entre israelíes y palestinos.

"Estados Unidos hará su parte por la paz en cada foro, en cada nivel, a cada hora", afirmó Johnson en su discurso. El Gobierno estadounidense comenzó a ver al israelí como una potencia regional y eso reforzó su relación, que llegó a su punto álgido en la guerra de 1973, cuando Nixon se involucró militarmente con el envío aéreo a Israel de armas y munición.

"La Guerra de los Seis Días comenzó a forjar la relación especial entre Estados Unidos e Israel, pero el avance fundamental no llegó hasta 1973", asegura Aaron David Miller, un experto en Oriente Próximo que asesoró al Gobierno de Bill Clinton (1993-2001) en sus intentos de mediación entre israelíes y palestinos.

La idea de "tierra a cambio de paz" ha sido una constante en las negociaciones desde entonces, "pero solo se ha implementado con éxito en una ocasión": en los acuerdos de Camp David en 1978, cuando Israel devolvió a Egipto la península del Sinaí, recordó el experto.

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