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De Barry a Barack, la década prodigiosa de Obama

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El álbum de la infancia y adolescencia de Barack Obama

Barack Obama nació con muy pocas papeletas para llegar a ser presidente de Estados Unidos. Y no solo por el color de su piel o por su segundo nombre, Hussein: apenas camina cuando sus padres, pareja fruto de un amor fugaz, deciden separarse. Mejor dicho, cuando su padre -terminados sus estudios becados de economía en la Universidad de Hawai- decide volver a África y perseguir su objetivo de trabajar por el futuro de una Kenia independiente.

El pequeño Barack, o Barry como le llaman amigos y algún familiar, nace en Honolulú, Hawai, en 1961. Eso le marca para siempre. Hace unos meses, un grupo de becarios de la Casa Blanca le preguntó por el elixir de su templanza. Obama respondió que todo se debe a su origen hawaiano. Allí, la vida se sigue a otra velocidad; todo se relativiza, se gana perspectiva. Observar durante horas las olas inmuniza contra las prisas y el estrés.

Barry pasa la mayor parte de su infancia con sus abuelos maternos en Hawai. Allí, tiene su primer golpe de suerte. Su abuelo conoce al responsable del colegio más elitista del archipiélago, el Panahou School, y su entrada en esas aulas da inicio a un largo periplo por algunas de las instituciones educativas más elitistas del país.

Crisis de identidad

Pero la gran transformación de Obama llegó tras su primer año en la californiana Occidental College. Sus últimos años en Hawai y ese breve paso por Los Ángeles muestran a un chaval desorientado. Sus notas no son brillantes. Pasa largos ratos haciendo el vago, bebiendo cerveza y fumando porros. Echa de menos unas raíces y se muestra confuso con su raza. En realidad es mulato, pero no tiene claro si su sangre es se parece más a la del Medio Oeste de su madre y abuelos o a la africana de su padre. Seguramente quien se hubiera cruzado con aquel Obama nunca habría llegado a pensar que en ese jovencito se estaba forjando un presidente de Estados Unidos.

Obama se cansa -seguramente, también de sí mismo- y se marca dos retos. El primero, concienciarse de su negritud, reconocerse como un ciudadano negro y para ello busca referencias desde Martin Luther King al propio Malcolm X. Y el segundo reto: dejar la placidez del buen clima californiano y buscar un lugar en el que el frío le obligue a pasar largos horas en bibliotecas o salas de lectura. En definitiva, comprometerse con su propia formación. Primer destino: Nueva York, Universidad de Columbia.

Obama, el presidente de las redes sociales

Madera de presidente

Es a partir de ese momento, de esa ruptura con la molicie, cuando arranca la verdadera década prodigiosa de Barack Obama. El chaval desconcertado se va trasformando poco a poco en un joven interesante, comprometido con su raza, estudioso... Y con un don de gentes que él mismo desconocía. Empieza a liderar grupos, a dar charlas y discursos contra el Apartheid sudafricano.

Terminados sus estudios de Políticas, comienza a trabajar en un despacho de abogados, pero enseguida renuncia a un empleo cómodo para apuntar a Chicago, una ciudad menos cosmopolita y arrolladora que Nueva York.

En Chicago, en el pobre South Side, patea casas, parroquias y centros de atención de desfavorecidos como trabajador social. Lo hace por puro proselitismo, aunque con el paso de los meses descubre que está tejiendo la red de contactos necesarios para lanzarse a la vida pública. En ese momento sí, algunos de los que coinciden con él intuyen su madera de presidente.

Michelle, el ancla a sus raíces

Barack (Barry ya quedó aparcado en las terrazas californianas) llega a la conclusión de que necesita rematar su formación y opta a uno de los centros más prestigiosos del planeta, la Universidad de Harvard, de la que llega a ser director de su prestigiosa revista de Derecho.

La década prodigiosa de Obama se cierra una tarde de verano cuando conoce en un bufete de abogados a Michelle LaVaughn Robinson, con el tiempo Michelle Obama. En ella encuentra las raíces que llevaba buscando desde el día en que su padre Barack Hussein Obama senior decidió volver a África y abandonar a un chaval regordete que ha sabido aprovechar como pocos las oportunidades que le ha ofrecido la vida.

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