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Ricardo Rubio (izq), Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío (dcha), en El Pardo, en 1892.

Giner de los Ríos, el maestro universal

  • Una exposición repasa el legado de la Institución Libre de Enseñanza

  • El maestro Giner de los Ríos fue su fundador e impulsor de su pedagogía

  • La muestra exhibe documentos inéditos procedentes de sus archivos

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Una escuela sin deberes ni libros de texto y en la que el juego es obligatorio. Profesores muy cualificados que acompañan a los alumnos como guías en un aprendizaje sin fin.

Estudiantes educados en el amor a la naturaleza, la ciencia, los deportes, las artes, formados en idiomas y a los que se invita a ser autónomos y pensar por sí mismos.

Estos principios pedagógicos, que resuenan rompedores y pegados a nuestros días, fueron ideados y trasladados a la práctica por el docente, filósofo y ensayista Francisco Giner de los Ríos (Ronda, Málaga, 1839, Madrid, 1915), a principios del siglo XX a través de la fundación de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y de sus colegios e institutos satélites.

Mucho le debe la escuela actual a la labor del profesor malagueño: la educación mixta en las aulas, la evaluación continua o el laicismo son directos herederos de su ideario, según valora Jose García-Velasco, investigador del CSIC y comisario de la exposición “Giner de los Ríos, el maestro de la España moderna” (Hasta el 10 de abril de 2016. Sede de la Institución Libre de Enseñanza. Paseo del General Martínez Campos, 14, Madrid.)

Esta muestra, cuya entrada es gratuita, repasa la biografía del pedagogo y las múltiples ramificaciones de su proyecto reformista para España, en el que descollaron centros como el Instituto de Reformas Sociales (1883), embrión de la actual Seguridad Social o la Junta de Ampliación de Estudios (1907), precedente del moderno CSIC.

La Junta fue presidida por Santiago Ramón y Cajal, que creó una red científica capitaneada por expertos españoles y promovió decenas de becas de investigación en el extranjero.

El profesor y sus discípulos

La exposición de Madrid, que es fruto de un trabajo de rescate documental ingente que se ha alargado años, engloba más de 400 interesantes piezas, muchas de ellas inéditas o de gran rareza.

Se exhiben fotografías, correspondencia, expedientes, cuadros (se exponen varios Sorollas y un lienzo de Maruja Mallo), libros, mobiliario y varias películas excepcionales que dan vida en imágenes a la efervescencia innovadora de aquellos años.

En los videos se observa a unos concentrados alumnos sentados en grupo y con el maestro entre ellos o practicando deporte al aire libre: en un partido de críquet en una clara influencia british a la que profesaban devoción, aunque también se ven juegos más castizos como el de “la cuerda”.

Las imágenes también nos sitúan frente a la realidad de los nuevos equipos educativos, que contaban con numerosa presencia de mujeres. Así se refleja en esta grabación avanzada por RTVE.es, que se encuentra en la muestra, y en la que también aparece el profesor Manuel Bartolomé Cossío, discípulo principal, hijo adoptivo, alumno, amigo, confidente y espejo de Giner.

De hecho, Cossío encabezó años después de la muerte de su maestro las Misiones Pedagógicas(1932-1936) encargadas de la difusión el arte y la cultura por todo el país. [Mira el video con las imágenes de los profesores y alumnos de la ILE]

Profesores y alumnos en la Institución Libre de Enseñanza

“Giner creía en la educación como medio para la emancipación femenina. En las instituciones siempre hubo profesoras y alumnas. La coeducación fue algo completamente normal y lo llevaban en los estatutos de la Institución Libre de Enseñanza", explica el comisario sobre el impulso a la incorporación de la mujer a la vida social, política y cultural.

Giner de los Ríos también tuvo contacto con mujeres muy brillantes como Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal o Victoria Kent, y con todas ellas mantuvo un trato igualitario, añade.

La vida es un viaje

Entre los objetos más peculiares de la selección también se hallan varias cartas nunca antes publicadas de puño y letra de la escritora Pardo Bazán, gran amiga del pedagogo; un mueble que contenía placas de los experimentos de Ramón y Cajal o decenas de documentos que datan las actividades de los estudiantes de la ILE como excursiones, en las que también visitaban cárceles o fábricas, las colonias o campamentos de verano en el norte de España, o los viajes, puestos en valor como fuente de sabiduría y experiencia.

 Grupo de la colonia de agosto de 1930 en la playa de San Vicente dela Barquera, Cantabria |ILE

“La vida es un viaje y formar gente que sea capaz de convertir ese viaje en conocimiento era el objetivo. De ahí, la importancia de las excursiones y los viajes para la Institución Libre de Enseñanza. Giner decía que copiar de los mejores era fundamental y para eso es imprescindible viajar y conocer otras cosas”, señala García-Velasco, experto en la historia de la Institución.

El ideal de aprendizaje de Francisco Giner de los Ríos, situado en las antípodas de la competitividad o la mera acumulación de datos, y el impulso a la ciencia, fueron las patas más visibles de su plataforma modernizadora, en la que aspiraba a implicar a todos los estratos sociales como motor de cambio, y “levantar el alma del pueblo entero”, según afirmaba.

Un avance gestado a semejanza del funcionamiento de un laboratorio científico basado en el método ensayo-error y con vocación de permanencia a largo plazo, según reflexionaba el propio ensayista: “Las obras lentas son las duraderas, ojala está nación lo comprenda algún día”.

La Edad de Plata de la cultura española

Este magma de iniciativas eclosionaría en la llamada Edad de Plata de la cultura española, de la que formarían parte artistas, literatos, pensadores y científicos como Blas Cabrera, Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y María Moliner, entre otros.

Muchos de ellos fueron profesores de la ILE o colaboraron con el proyecto, que supo atraer a las mentes más brillantes y recabar prestigio internacional.

Entre los valores emergentes florecidos en el semillero de la Residencia de Estudiantes despuntaron unos jóvenes Lorca, Dalí y Buñuel, de este último se puede disfrutar en la exposición de una fotografía en la que aparece boxeando en sus jardines, junto a una misiva inédita en la que anuncia su intención firme de dedicarse “a la cinematografía”.

La Residencia de Estudiantes fue la hija mimada del director y uno de los principales focos de modernización entre 1910 y 1936, en una búsqueda constante de la creatividad y la excelencia.

La institución abrió de par en par una ventana de vanguardia a los avances mundiales: en sus salas relató Howard Carter el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon o expuso Einstein su Teoría de la Relatividad.

Esta trayectoria ascendente fue truncada de raíz por la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. En 1940, la ILE y sus instituciones son declaradas ilegales y todos sus bienes incautados “por sus notorias actuaciones contrarias al Nuevo Estado”, tal y como recogió una escueta nota de la Falange, que también se ha rescatado y se exhibe como recordatorio de las horas más bajas de la Institución.

“Un día de campo vale más que un día de clase”

El legado del profesor malagueño sigue activo y algunas de sus premisas tienen un carácter visionario trasladado al primer plano de la actualidad.

Ejemplo de ello es la defensa del medioambiente, la clasificación y protección del patrimonio histórico o el impulso a la cooperación entre países que promulgó, como detalla el investigador José García-Velasco.

“Un día de campo vale más que un día de clase”, señaló Giner de los Ríos, que en su inabarcable actividad también sentó las bases del excursionismo contemporáneo con recorridos por la sierra de Guadarrama, y que convirtió la protección de la naturaleza para asegurar el futuro del planeta en una de las señas de identidad de sus plataformas.

 Rafael Altamira, Giner de los Ríos y Germán Flórez en el antiguo camino de Cercedilla al Ventorrillo (1912)| Foto:ILE

“La vida entera es un continuo aprendizaje”, es otra de las múltiples frases que invitan a la reflexión regalada por el maestro a sus alumnos.

Muchos de ellos se convertirían a través del tiempo en firmes continuadores y herederos de sus ideas, tras su muerte en 1915. En su último escrito, este docente universal instó al entendimiento entre los pueblos para evitar la guerra.

“Unamuno le llamó el Sócrates español, ya que consideraba que era fundamental la tolerancia, ponerse en el lugar del otro y saber dialogar. A Giner le mató el estallido de la Primera Guerra Mundial, el disgusto agravó mucho su enfermedad. Él pensaba que solo se podía llegar a un cambio en la sociedad si se inculcaba el respeto por el otro, y también entre los pueblos. Ayudaba a parir las ideas a través del diálogo”, recuerda el comisario sobre su inmenso legado.

 Jardín de la sede rehabilitada de la ILE en Madrid | Foto: Fundación Francisco Giner de los Ríos

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